Tierras Altas de Sri Lanka

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Los siguientes días de viaje tocaba conocer una de las regiones más impresionantes del país en cuanto a paisajes. Montañosa y de un verde perpetuo, nos ofrece la posibilidad de conocer un sinfín de sitios pintorescos y de tradiciones. Dominada por valles, donde se cultiva el arroz, pero fundamentalmente el té, en principio, nos prometía ofrecer unos días inolvidables.

Las Tierras Altas de Sri Lanka son Patrimonio de la Humanidad, que reconoció los valores naturales de esta región. Comprende el área protegida Peak Wilderness , el Parque Nacional Horton Plains y el Bosque de Conservación Knuckles. Estos son bosques tropicales, donde la elevación alcanza los 2.500 metros sobre el nivel del mar. Aparte de la belleza natural, esta área alberga a mucha vida animal y muchas de las especies son endémicas de la zona.

Si por algo es mundialmente conocida Sri Lanka, es por el excelente té que se cultiva en las Tierras Altas. Debido a la necesidad de transportarlo hasta Colombo, los británicos iniciaron la construcción de varias rutas ferroviarias, que persisten hoy en día, y cuyos tramos son considerados como de los más bonitos del mundo. Este reclamo atrae año tras año a miles de personas hasta este lugar del mundo, deseosos de conocer tanta belleza y de vivir la experiencia en primera persona.

Veníamos desde Kandy en tuk tuk, y decidimos que nuestra primera parada en la zona, fuera en Nuwara Eliya. De nuevo, el trayecto era maravilloso, de una belleza espectacular.

Las montañas y valles se sucedian, lo mismo que los pequeños pueblos perdidos en medio de la nada.

Se notaba que el camino era en ascenso, y al tuk tuk, algún que otro tramo se le resistía e íbamos muy lentos, pero al final, se comportó como un jabato y llegamos a destino sin ningún problema.

Nuwara Eliya es la ciudad más importante de la zona y recuerda mucho su pasado colonial. Los edificios tienen un aire británico que la hace tener un encanto especial. Es la zona productora de té más importante del país y se encuentra dominada por el pico más alto de Sri Lanka, el Pidurutalagala, con 2534 msnm.

Nos alojamos en el Havelock Cottage, un lugar sencillo, pero acogedor.

Apenas estuvimos unas horas en la ciudad en las que nos dedicamos a caminar. Ya sabéis que las ciudades no nos gustan mucho. Seguro que hay sitios muy interesantes para visitar, pero hemos de reconocer que estábamos un poco perezosos y solo paseamos.

Nuestro siguiente destino era Ella, así que bien temprano, a la mañana siguiente, nos pusimos en marcha. Por el camino recogimos a un monje y le acercamos unos kilómetros a su destino.

Una vez en Ella, nos alojamos en el Hilltop Guest House, situado en una zona muy tranquila y con unas vistas preciosas de Ella Gap. El restaurante exterior con vistas, inolvidable.

Nosotros decidimos hacer en tren, el tramo de Ella a Haputale y volver en el mismo día. Sabemos que existe la posibilidad de que la empresa de alquiler del tuk tuk, previo pago, recoja el vehículo donde se le diga y os lo entregue en el lugar pactado, pero decidimos que no nos merecía la pena y que volveríamos a Ella, desde donde continuaríamos camino.

Pero no todo sale siempre a la perfección y, uno de los días más esperados del viaje, no salió como habíamos planeado. Nada más subir al tren, una intensa niebla cubrió la mayor parte del trayecto y apenas se veía nada. Cuando no había niebla, llovía…todo un chasco. Aun así, disfrutamos del paisaje lo que pudimos en las pocas ocasiones en las que se podía ver algo.

En Haputale, uno de los mayores atractivos es Lipton´s Seat, un mirador sobre la finca de té de Dambatenne, desde donde el Sir Thomas Lipton oteaba sus plantaciones. Esta plantación es la primera del país, fundada por Lipton en 1890. Hay unas panorámicas increíbles de toda la zona, pero como seguía haciendo un tiempo horrible, no pudimos ver nada. Por lo que nos dijeron, debe ser un lugar precioso para ver amanecer. Eso sí, visitamos la fábrica (250 rupias), donde nos enseñaron todo el mecanismo de producción. Una verdadera pena la mala suerte que teníamos con la niebla y la lluvia.

Fuimos hasta un bosque cercano, bastante bonito, que con la neblina se veía precioso. Algo bueno tenía que tener ese tiempo horrible que hacía.

Como tampoco era plan de estar mojados y ya que no se podía hacer mucho más, decidimos ir a comer algo.

Ya con el estómago lleno, nos fuimos de nuevo a la estación, a la espera del tren de vuelta.

El viaje de regreso fue bastante tranquilo y aprovechamos para hacer alguna que otra foto cuando se podía. Hay que decir que, a medida que nos acercábamos a Ella, el tiempo fue mejorando.

En la estación estaban estos carteles con los horarios de los trenes.

Para consultar los horarios y precios, aparte de hacerlo en las propias estaciones, es posible en la web de Sri Lanka Railways o en 12 Go.Asia.

Por la tarde, quisimos aprovechar para ir a ver el Puente de los Nueve Arcos, pero nos equivocamos y fuimos en dirección contraria. Estaba claro que no era nuestro día. Aun así, disfrutamos mucho del paseo.

Aprovechamos para cenar algo en uno de los bares del pueblo y regresamos al alojamiento.

Si se dispone de más tiempo, otras actividades interesantes para hacer en Ella es subir a Little Adams Peak, a Ella Rock o ir a ver Rawana Falls

Al día siguiente partiríamos rumbo a Udawalawe. Los días en esta región no habían sido según habíamos planeado, pero a lo mejor es que hay que volver…