Petra, la legendaria ciudad nabatea escondida entre las montañas del sur de Jordania, es uno de esos destinos que todo viajero sueña con conocer alguna vez en su vida.
Tallada en piedra rosada hace más de dos mil años y redescubierta en el siglo XIX, Petra es un lugar que deja sin aliento.
Aunque lo ideal sería explorarla con calma durante al menos dos días, no todos lo viajeros tenemos el lujo de contar con ese tiempo. Ese fue nuestro caso, Petra no estaba ni de lejos en nuestra mente, pero a la vuelta de un viaje de buceo a Koh Tao (Tailandia), Royal Jordanian tuvo a bien de anularnos el vuelo de Ammán-Barcelona. Después de “pelear” un rato en el aeropuerto, muy de madrugada, conseguimos que nos reprogramaran ese vuelo para un día después, y no en una semana como teníamos al principio.

Nos dieron alojamiento en un hotel cercano al aeropuerto y las comidas para ese día. Nos podíamos haber quedado descansando tranquilamente en la piscina, pero decidimos aprovechar el tiempo e ir a conocer una de las maravillas del mundo, nada más y nada menos que Petra. Tuvimos que tramitar el visado de Jordania y, una vez en el hotel y después de una buena ducha y desayuno, conseguimos un taxi para recorrer, en casi tres horas, los casi 250 kilómetros que separan las dos ciudades. Aprovechamos el camino para ir dormitando, ya que en el vuelo de Bangkok a Amán al menos yo, no había dormido nada.
Obviamente ya sabíamos que no podríamos ver toda Petra en condiciones, pero al menos conoceríamos lo más importante, el tesoro y pasearíamos por este “museo” al aire libre. En unas 6-8 horas se pueden admirar sus principales maravillas y sentir la magia del lugar.
He de decir, que a mi, me defraudó un poco Petra, me lo esperaba más impresionante. Seguramente es porque hemos visto demasiadas “maravillas” a lo largo de nuestros viajes, y ésta no me impactó en exceso. Y también puede ser, que con el palizón que llevábamos encima, sin apenas haber descansado, no valoré en condiciones el sitio en el que estábamos.
Requisitos de entrada a Jordania
-Pasaporte / DNI
Es necesario presentar un pasaporte con validez mínima de seis meses en el momento de la entrada a Jordania. La existencia de sellos israelíes en el pasaporte normalmente no es un obstáculo para la entrada en Jordania, aunque ello es competencia exclusiva de las autoridades fronterizas.
Jordania no reconoce los pasaportes provisionales españoles, por lo que en caso de pérdida del pasaporte la Embajada de España en Amán solamente puede emitir un salvoconducto para la vuelta directa a España.
-Visados
Para entrar en Jordania es necesaria la obtención de un visado previo, aunque puede conseguirse un visado turístico en el Aeropuerto de Amán “Reina Alia” y en la mayoría de los pasos fronterizos del país, sean terrestres, marítimos o aéreos. Dicho visado es de una sola entrada y con duración habitual de 30 días, teniendo un coste de 40 dinares jordanos. Existe una tasa de salida del país de 10 dinares jordanos (no se tiene que abonar si se abandona el país por vía aérea). También se puede obtener un visado de múltiple entrada durante cinco años por 114 dinares jordanos.
Las autoridades jordanas ofrecen la posibilidad de obtener un “JORDAN PASS” (www.jordanpass.jo) que exime de las tasas de visado, además de ofrecer acceso gratuito a 43 lugares de interés turístico (incluidos Petra y Wadi Rum), con la condición de permanecer 3 noches como mínimo en Jordania. El coste es de entre 70 y 80 dinares jordanos dependiendo del número de noches consecutivas que se desee pernoctar en Petra. Es necesario aportar los documentos en el momento de entrada en Jordania.
Alternativamente, se puede solicitar un visado electrónico a través de la página web del Ministerio del Interior de Jordania. Hay diferentes tipos de visados.

Información y consejos para un viaje a Jordania
- Idioma: Árabe, aunque el inglés se habla mucho en los lugares turísticos.
- Moneda: Dinar jordano (JOD). Aconsejable llevar algo en efectivo, aunque en las ciudades grandes aceptan tarjetas. Hay cajeros automáticos en todas las ciudades importantes.
- Religión predominante: Islam. Jordania es un país musulmán moderado. Hay que respetar sus costumbres locales:
- Vestir con modestia, sobre todo en zonas rurales o religiosas.
- Las muestras públicas de afecto no son bienvenidas.
- Antes de entrar a mezquitas o casas, hay que descalzarse.
- Durante el Ramadán, aconsejable evitar comer en público.
- Mejor época para viajar: Primavera (marzo a mayo) y otoño (septiembre a noviembre).
- Qué llevar:
- Ropa ligera y fresca (el verano es abrasador).
- Calzado cómodo para caminar.
- Protección solar: gafas, sombrero, crema solar.
- Adaptador de enchufe tipo C, D,F o G (220 V).
- Traje de baño (para el Mar Muerto o Aqaba).
- Pañuelo o foulard (tanto para protegerse del sol o para visitar sitios religiosos).
- Agua: Siempre embotellada, no beber del grifo.
- Propinas: Se aconseja dejar entre el 5 y el 10%.
- Internet:
- Wifi: Disponible en hoteles y restaurantes.
- Tarjetas SIM: Económicas y fáciles de adquirir en el aeropuerto o tienda locales (Zain, Vodafone, Umniah).
- Seguridad: Jordania es un país seguro y estable. La policía turística es amable y activa. Evita zonas fronterizas con Siria e Irak.
- Regatea: En mercados y zocos, es parte de sus cultura.
- Lleva siempre papel higiénico o pañuelos, ya que no siempre hay en los baños públicos.
- Alojamiento: Reserva con antelación sobre todo en Petra y Wadi Rum.
- Jordan Pass: Es un “paquete turístico” para visitar Jordania. Incluye la entrada a mas de 40 atracciones del país (incluye Petra, Wadi Rum, Jerash..), folletos digitales descargables de todas los lugares turísticos de Jordania y el visado gratuito si se está un mínimo de tres días. Es válido por tres meses desde la compra. Los precios son de 70/75/80 JOD dependiendo de los días consecutivos que se visiten Petra.
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Información sobre Petra
- Entrada a Petra (si no se tiene el Jordan Pass):
- Visitante alojados: Un día: 50 JOD/ 2 días: 55 JOD/ 3 días: 60 JOD.
- Visitantes no alojados: 90 JOD.
- Entrada general: Jordanos: 1 USD/Árabes: 30 JOD/Residentes:10 JOD/Pasaportes temporales: 10 JOD.
- Entrada gratuita en el horario diurno, para los menores de 12 años.
- Si se tiene el Jordan Pass, está incluida la entrada.
- Horario de Petra y centro de visitantes.
- Horario de invierno (2 de octubre de 2024 – 1 de marzo de 2025): de 06:00 a 18:00 horas.
- Horario de verano (2 marzo de 2015 – 1octubre 2025): de 06:30 a 17:00 horas.
- Petra by Night: Los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves, Petra está abierta por la noche con iluminación de velas para el espectáculo Petra by Night, que comienza a las 20:30 y termina a las 22:30. Precio de 30 dinares jordanos. Menores de 10 años, gratis.
- El Museo de Petra está abierto todos los días de la semana, desde las 8:30 hasta las 19:30.

Breve historia de Petra
Petra, también conocida como la Ciudad Rosa, es uno de los tesoros arqueológicos más impresionantes del mundo (aunque a mi no me lo pareció tanto…). Situada en el corazón del desierto jordano, esta antigua ciudad fue capital del reino nabateo alrededor del siglo IV a.C.

Los nabateos, un pueblo árabe nómada, supieron aprovechar su ubicación estratégica en las rutas comerciales entre Arabia, Egipto y Siria. Con el tiempo, Petra se convirtió en un próspero centro de comercio de incienso, especias y seda. Lo más asombroso es cómo tallaron los templos, tumbas y monumentos: directamente en la roca rosada de las montañas, como el famoso Tesoro ( Al- Khazneh) y el Monasterio (Ad- Deir).
La ciudad fue anexada por el Imperio Romano en el año 106 d.C, pero un devastador terremoto en el siglo IV, sumado al cambio de rutas comerciales, marcó su declive. Petra cayó en el olvido y permaneció oculta al mundo occidental hasta su redescubrimiento en 1812 por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt.
Hoy, Petra es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y una de los Nuevas Siete Maravillas del Mundo.
Qué ver en una visita exprés a Petra

Lo que hicimos ese día en Petra fue lo siguiente:
Recorrido hacia el Siq
El principio del camino de tierra discurre entre pequeñas colinas de piedra anaranjada donde podemos comenzar a ver algunos restos de la civilización nabatea, como grutas, cuevas sepulcrales o los bloques de Djinn. Estos enormes bloques de piedra tallados datan del s. I d.C y se desconoce su función, podrían ser tumbas o lugares de culto. Un poco más adelante se encuentra la primera tumba, La Tumba de los Obeliscos. Está tallada en piedra y es un buen preludio de lo que vamos a ver más adelante.


Este camino tiene alrededor de unos 800 metros hasta que, de repente, la montaña se eleva, dejando solo estrecho camino entre sus paredes que, conforme avanzas, van ganando altura y se van haciendo cada vez más verticales. Este camino se llama el Siq.
El Siq
Antes de llegar al corazón de la ciudad nabatea, hay que atravesar uno de sus mayores encantos: el Siq. Este desfiladero angosto, de más de 1,2 kilómetros de longitud, no es solo un camino de entrada, sino un verdadero ritual de aproximación, una especie de túnel natural que prepara al visitante para la magia que está por revelarse.


El siq es el resultado de una falla geológica, esculpida durante siglos por el agua y el viento. Sus paredes, que se elevan hasta 80 metros de altura, parecen cerrarse sobre el visitante, creando un ambiente íntimo y majestuoso a la vez. A medida que uno avanza, la roca arenisca revela una paleta de colores que va desde el rojo intenso hasta el dorado, pasando por tonos rosados y ocres. La luz entra a ráfagas, proyectando sombras que cambian constantemente.

Pero no solo es un precioso camino. Los antiguos nabateos, brillantes ingenieros, canalizaron el agua de las montañas cercanas por medio de acueductos tallados a lo largo del siq, que aún puede verse si se presta atención. También dejaron pequeños santuarios, relieves y esculturas votivas, como una figura de un camello y su conductor esculpidos a medio metro del suelo, casi borrados por el tiempo.


La caminata no dura mucho tiempo, entre 20-40 minutos, dependiendo de las veces que uno vaya parando para observar los detalles. Es fácil, en ligera bajada y con cada paso que damos, nos vamos acercando a la joya. Pero llega un momento en que aparece una franja de luz al frente, a través de la cual, vemos por primera vez una silueta inconfundible: el Tesoro de Petra (Al Khazneh). Ese si que fue un momento emocionante, ver por primera vez esa fallada directamente en la piedra rosada y enmarcada entre los muros del desfiladero.

El Tesoro de Petra: la joya tallada en roca
Si de algo no cabe la mínima duda es de que, el Tesoro de Petra o Al-Khazneh, como se le conoce en árabe, es a joya de toda la zona. Es el monumento más icónico de esta antigua ciudad nabatea, una fachada majestuosa tallada directamente en la roca rosada del desierto. Es uno de esos sitios que todos hemos visto cientos de veces en fotos y en la televisión pero, aún así, a pesar de “conocerlo”, es incomparable verlo en directo.


Una vez que hemos terminado de recorrer el desfiladero del siq, ya hemos dicho que de repente, entre las altas paredes de roca, se vislumbra una rendija de luz y color. Una silueta comienza a dibujarse tímidamente. Y entonces, se revela por completo: una monumental fachada de casi 40 metros de altura, perfectamente esculpida en la roca. Es un monumento inolvidable, una imagen que se graba para siempre en la memoria de todos los que hemos podido estar allí.
A pesar del nombre, El Tesoro no fue un. lugar donde se guardaban riquezas. En realidad se cree que fue una tumba real o un mausoleo ceremonial, construida probablemente en el siglo I a.C. durante el reinado del rey nabateo Aretas IV. Su fachada, influenciada por la arquitectura grecorromana, combina columnas corintias, frisos, esculturas mitológicas y un nivel de detalle asombroso. Todo ello tallado, no construido, en la roca viva.

El nombre de “Tesoro” proviene de una antigua leyenda beduina: se creía que la urna central en lo alto de la fachada contenía un tesoro escondido, supuestamente de un faraón.
Una vez que observamos la fachada un buen rato, nos dirigimos hacia el interior. Bueno, eso creíamos nosotros, que se podía entrar. Pero actualmente, el acceso al interior está restringido al público. De todas formas, el interior es mucho más sencillo que el exterior. La estructura está excavada en la roca y consiste en una cámara principal rectangular, con techos altos y paredes lisas, además de dos pequeñas cámaras laterales. Todo tallado directamente en la roca. No hay columnas ni ornamentación interior. No hay frescos, ni relieves, ni esculturas. Solo la roca desnuda y el silencio, lo que añade aún más misterio al espacio.

El Tesoro ha trascendido Petra y Jordania. Es un símbolo de todo el país, apareciendo en monedas, billetes, sellos y campañas turística. También ha salido en películas como Indiana Jones y la Última Cruzada, donde sirve de entrada al Santo Grial. Sin ninguna duda, es uno de los lugares más reconocibles y fotografiados del mundo.
La vista desde la explanada que hay frente a El Tesoro es preciosa, pero si no te conformas solo con esa, hay varios miradores naturales cercanos para obtener vistas panorámicas desde lo alto.


La calle de las fachadas
Después de estar un rato contemplando El Tesoro, debíamos continuar la visita. El desfiladero se ensancha y da paso a una especie de cañón abierto donde las rocas se convierten en auténticas galerías de arquitectura. Esta zona es conocida como la Calle de las Fachadas y es de las más impresionantes de Petra.

Aquí encontramos más de 40 tumbas monumentales, todas esculpidas directamente en las paredes de la roca, una tras otra. Algunas son sencillas, con entradas rectangulares; otras son elaboradas, con frontones escalonados, cornisas y motivos geométricos. Se cree que pertenecían a familias importantes o miembros de la élite nabatea.

Una cosa que llama la atención es su integración con el paisaje. Las tumbas parecen brotar de la montaña, en plena armonía con el entorno. Dependiendo de la hora del día, los colores de la arenisca cambian, pasando del rosa al rosado, del ocre al púrpura, lo que convierte a esta calle en un espectáculo visual en constante transformación.

Hay algunas tumbas más accesibles y se puede subir unos metros y admirar la vista del cañón desde lo alto
El Teatro
A pocos minutos caminado desde la Calle de las Fachadas, encontramos una de las obras más espectaculares de Petra, el Teatro, una estructura semicircular tallada casi en su totalidad en la ladera de la montaña.
El Teatro fue construido en el siglo I d.C., durante el apogeo del reino nabateo, y ampliado más tarde por los romanos tras su conquista. Su diseño se inspira claramente en los teatros grecorromanos, pero con un toque único: la mayor parte del graderío y la orquesta están excavados directamente en la roca, no construidos con bloques.

Tenía capacidad para entre 6000 y 8000 espectadores, lo que demuestra que Petra no era solo un centro comercial de paso, sino una ciudad viva y vibrante, con espacio para el entretenimiento, la política y la religión. Desde las gradas aún se pueden ver las tumbas de la Calle de las Fachadas y parte del valle.
Las Tumbas Reales
Petra no fue solo una ciudad tallada en roca, fue un reino. Y como todo reino, tenía una élite poderosa, posiblemente incluso reyes, cuya huella aún permanece en una de las zonas más majestuosas del yacimiento: las Tumbas Reales. Situadas sobre una colina rocosa, estas monumentales fachas dominan el valle como si velaran por la ciudad.

Están talladas en la ladera oriental de Petra, frente al centro ceremonial y la Calle Columnada. No hay pruebas concluyentes de que todas pertenecieran a reyes, pero su tamaño, decoración y ubicación, sugieren que aquí descansaron personajes de altísimo rango en la sociedad nabatea.
Desde el centro de Petra (cerca de la Calle Columnada), se puede subir a las Tumbas Reales por un sendero escalonado en la ladera. El ascenso es moderado y se tardan unos 15-20 minutos, pero vale la pena por las vistas y la atmósfera más tranquila que se respira en la parte alta. Si se visitan al final de la tarde, el sol ilumina las fachadas y hace brillar los colores de la piedra.
Hay cuatro tumbas principales:
LA TUMBA DE LA URNA
Es la más reconocible y una de las mejores conservadas. Recibe su nombre por la gran urna decorativa que corona su fachada. Tiene una impresionante terraza frontal con columnas, a la que se accede por una escalinata, Fue utilizada en época bizantina como iglesia cristiana, por lo que también se la conoce como “la iglesia de Petra”.

En su interior hay una gran cámara funeraria con varios nichos excavados para sepulturas. Desde la terraza hay una vista panorámica espectacular de Petra.
LA TUMBA DE LA SEDA
Debe su nombre al asombroso veteado de la piedra arenisca, que crea efectos de color como si la fachada estuviera hecha de seda pintada. Rojos, naranjas, rosas, blancos y morados se mezclan en la superficie, ofreciendo uno de los espectáculos visuales más bellos de Petra, sobre todo al atardecer.
LA TUMBA CORINTIA
Justo al lado de la Tumba de la Seda, esta tumba combina elementos arquitectónicos grecorromanos con detalles orientales. Su fachada está algo deteriorada, pero aún puede verse su frontón triangular y columnas decorativas. Se cree que pudo haber sido inspirada en el Tesoro, aunque con un nivel de ejecución menos refinado.

LA TUMBA DEL PALACIO
La más grande del grupo. Su nombre viene del diseño de la fachada, que imita un palacio de varios niveles, con columnas y vanos distribuidos en una simetría monumental. Algunas partes están talladas directamente en la roca; otras, como los pisos superiores, fueron construidos con bloques (de los que solo quedan ruinas parciales).

Aunque está algo erosionada, su escala impresiona y transmite la ambición arquitectónica de los nabateos.

El Gran Templo y el Qsar al-Bint
Tras haber visto las tumbas reales, continuamos. El camino principal de Petra – la antigua calle columnada – nos lleva hacia la zona más sagrada y monumental del yacimiento: el corazón ceremonial de Petra.
Aquí se alzan dos construcciones clave que nos hablan del poder político y religioso de los nabateos: el Gran Templo y Qsar al-Bint. Ambos impresionan por su tamaño, pero también por su historia, su simbolismo y su imponente presencia entre la piedra y el silencio del desierto.
Los dos forman parte de un conjunto monumental perfectamente planificado. Entre ambos hay una enorme plaza pública, vestigios de un altar y un templo romano más tardío. Todo el sector era un lugar de encuentro, procesiones, culto y administración. Aquí se concentraba el alma espiritual y política de Petra.
El Gran Templo
A la izquierda de la calle columnada, sobre una terraza elevada, se encuentra el Gran Templo, uno de los mayores complejos arquitectónicos de Petra.

A pesar del nombre no se sabe con total seguridad si fue un templo religioso, una sede administrativa o un espacio multifuncional. Construido en el siglo I a.C., ha sido renovado varias veces. El conjunto incluye un propileo (puerta monumental), una escalinata majestuosa, patios, salas columnadas y un enorme pódium central donde probablemente se realizaban ceremonias o discursos públicos.
Durante una de sus restauraciones, se descubrieron capiteles nabateos decorados con elefantes, columnas estriadas y restos de estucos pintados, lo que da idea del esplendor decorativo que había.

Desde lo alto del complejo hay una preciosa vista de la calle columnada y del Qasr al- Bint.
Qasr al-Bintq
Qasr al- Bint o “el Palacio de la hija del Faraón”, es un templo rectangular construido en piedra. Permanece parcialmente en pie y es uno de los pocos edificios de Petra que no está excavado en la roca, sino construido con bloques.

Se cree que fue el templo principal de Petra, dedicado probablemente a Dushara, el dios supremo de los nabateos, o a una triada divina. Construido entre los siglos I a.C y I d.C., debió de ser el centro espiritual más importante de la ciudad.
Impresiona por su altura (casi 25 metros) y su diseño monumental. En su interior había un santuario (cella) al que solo accedían los sacerdotes, y en el exterior, una amplia plaza ceremonial, donde se realizaban rituales públicos. Aún se conservan parte de sus columnas, cornisas y muros laterales, lo que permite imaginar su antiguo esplendor.

El nombre actual proviene de una leyenda local que decía que el edificio fue construido por un faraón para su hija, y que quién quisiera casarse con ella debía subir hasta lo alto lanzando piedras, algo imposible. Así, la princesa permaneció soltera y, el templo se quedó con su nombre.
¿Subir al Monasterio?
Después de explorar el corazón de Petra, llega el reto final: subir más de 800 escalones tallados en roca pura para alcanzar uno de los monumentos más impresionantes del lugar: el Monasterio (Ad Deir). Nosotros no lo hicimos porque estábamos ya agotados de todo el viaje y hacia demasiado calor. Se suele tardar entre 45 minutos y una hora, dependiendo del ritmo. El camino comienza después de la calle columnada y una vez pasado Qsar al- Bint. Es empinado, pero panorámico, ofreciendo vistas espectaculares, puestos de beduinos y alguna que otra sombra. Es posible subirlo en burro, pero eso ya depende de cada uno (el trato hacia estos animales no es muy bueno).
Es posible desviarse para ver el Triclinio de León, situado en un pequeño barranco muy cercano.

El Monasterio, construido en el siglo I d.C., es un enorme santuario tallado en la montaña que mide casi 50 metros de alto, superando incluso al Tesoro en tamaño. Su fachada es más sobria, con grandes columnas, un frontón semicircular y una urna central en lo alto. Pero su entorno solitario y rodeado de montañas y silencio, lo convierten en un lugar mágico.

El interior es una sencilla sala vacía tallada en la roca y posiblemente utilizada ceremonias religiosas. El contraste entre el interior y el exterior, contribuye a su misterio. Rodeado de montañas, con el cielo como techo y el silencio como compañía, el Monasterio dicen que transmite tal sensación de paz, que muchos viajeros consideran que es lo más memorable de su visita a Petra.
Desde aquí se puede caminar unos minutos hasta miradores naturales que ofrecen preciosas vistas del desierto de Wadi Araba.

Lo mejor es subir temprano o al final de la tarde, para evitar el calor excesivo y poder disfrutar de la luz dorada sobre la piedra. Imprescindible un buen calzado que sea cómodo, así como abundante agua y protección solar.
Como hemos dicho al principio, visitar Petra no estaba en nuestra mente, fue un “regalo” de la aerolínea. No tuvimos tiempo suficiente y además estábamos agotados, así que bueno, vimos lo que vimos y contentos nos quedamos. Desde luego no es la visita ideal ni le dedicamos el tiempo suficiente, pero es lo que había. Quién sabe si algún día volveremos para disfrutar tranquilamente del lugar y poder ver todo lo que nos faltó..
El que desee profundizar más o tenga la suerte de estar varios días, puede consultar todo lo que Petra ofrece en esta página.


