Fiordos del oeste

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Aunque no suelen estar incluidos en la mayoría de los planes de viaje, seguramente por la lejanía, las malas carreteras y las pocas infraestructuras existentes, para nosotros fue una de las zonas que más nos gustó y que no podemos dejar de recomendar.

Sus fiordos, montañas, acantilados y playas salvajes dan a esta zona una belleza increíble, lo que unido a la paz y tranquilidad que transmite al estar prácticamente deshabitada, la convierten en una de las zonas imprescindibles para visitar en Islandia.

La carretera 60 a los fiordos

Tras salir de la Península de Snaefllsnes, tomamos la carretera 60 para dirigirnos a los Fiordos del Oeste, varias horas de camino con contínuas paradas, ya cada curva del camino nos sorprendía con un paisaje todavía más bonito y espectacular que el anterior.

Y así, entre curvas, fiordos y paisajes increibles llegamos a nuestro hotel en Flokalundur, donde después de un ligero almuerzo, emprendimos la marcha para conocer los alrededores.

Muy a nuestro pesar, ya habíamos descartado llegar hasta los acantilados de Látrabjarg, donde, entre mayo y agosto, anidan frailecillos, pero al estar fuera de temporada y pillarnos tan a desmano, lo dejamos para otra ocasión.

Playa de arena amarilla de Raudisandir

Así que, sin perder más tiempo, nos acercamos hasta la playa de arena amarilla de Raudisandir, aunque mucha playa no se veía.

Playa de Raudisandir.
Playa de Raudisandir.

Barco ballenero GARDAR BA 64

A pesar de que había empezado a llover de nuevo, demasiada suerte habíamos tenido el resto del día, estuvimos un buen rato fotografiando el barco ballenero GARDAR BA 64, que es el barco de acero más antiguo del país y que ahora se encuentra varado en una playa disfrutando de una tranquila jubilación y haciendo las delicias de los fotógrafos.

El viejo GARDAR BA 64, descanse en paz.
El viejo GARDAR BA 64, descanse en paz.

En el camino, nos fuimos haciendo una idea de cómo serían algunas de las carreteras que tendríamos que tomar al día siguiente, llenas de curvas y ripio, y que transcurrirían a través de montañas, valles y fiordos.

A pesar del mal tiempo, el paisaje era precioso, así que, volviendo a nuestro alojamiento, paramos en varias ocasiones para seguir fotografiando.

Niebla y mas niebla.
Fiordos del oeste..
Fiordos del oeste.

Antes de cenar, nos dimos un baño en unas pequeñas pozas de aguas termales que había muy cerca del hotel. Una fantástica manera de terminar el día.Nos fuimos a dormir pronto, cosa que se convirtió en una rutina a lo largo de todo el viaje, ya que el día siguiente también iba a ser bastante intenso. ¡Y tanto que lo fue!

No habían pasado ni 5 minutos desde que emprendimos camino, cuando ya nos habíamos parado a fotografiar una mini cascada que estaba al lado de la carretera.

Mini cascada cerca del hotel.
Mini cascada cerca del hotel.

La cascada de Dynjandi

¡No tenemos remedio cuando hay una cascada por medio!. Nos pareció preciosa, y eso que sabíamos lo que enseguida nos íbamos a encontrar.

La cascada de Dynjandi, con sus mas de 100 metros de altura y formada por un total de 7 saltos, es una de la más bonitas y fotogénicas de Islandia, todo un espectáculo de la naturaleza.

Cascada de Dynjandi desde el parking.
Cascada de Dynjandi desde el parking.

Se la conoce también como el Velo de la Novia, por el manto de agua sobre las rocas que hace el primero de sus saltos, que es el más impresionante, con 30 metros en la parte superior y 60 en la inferior.

La base de la cascada de Dynjandi.
La base de la cascada de Dynjandi.

Durante todo el camino desde el parking hasta la parte superior no puedes parar de mirar la cascada, escuchar el tronar de sus aguas y agradecer lo afortunado que eres de poder disfrutar prácticamente en soledad de una cascada tan especial.

Subiendo a la cima de Dynjandi.
Subiendo a la cima de Dynjandi.

Se puede llegar hasta bastante cerca del salto y contemplar desde pocos metros la majestuosa caída del agua, eso si, ten por seguro que vas a terminar empapado, ya que el aire y el agua de la cascada, ! se te meterán hasta los huesos!!

Chipiado hasta los huesos.
Chipiado hasta los huesos.

Las vistas desde aquí arriba, con el fiordo al fondo, las montañas a los lados, y la cascada a nuestra espalda, son difíciles de olvidar. Como imposible de olvidar debe ser también despertarse y contemplar la cascada al frente, ya que existe la posibilidad de acampar en la parte baja, en un parking bastante amplio y asfaltado.

Vistas del fiordo desde Dynjandi.
Vistas del fiordo desde Dynjandi.

El faro de Svalvogar

Con mucha pena, teníamos que seguir la marcha y nos despedimos de esta maravillosa cascada para adentrarnos en la península de Pingeyri, visitando el faro de Svalvogar.

Faro de Svalvogar.
Faro de Svalvogar.

Los paisajes norteños

Pasamos por la pequeña población que da nombre a esta zona y continuamos rumbo a Flateryri, antigua base ballenera, pero cuyo principal atractivo es el paisaje.

Hay que decir que, en estos fiordos, atravesamos varios túneles que acortaron bastante el tiempo de conducción respecto a lo que debía de haber sido antaño.

Zona norte de los fiordos del oeste.
Zona norte de los fiordos del oeste.

Así, pasando uno de ellos, llegamos a Sudureyri, antes aislado entre montañas y al que hoy en día se puede acceder gracias a él.

La ruta continuaba rodeando fiordo tras fiordo y cada poco parábamos a hacer fotos, ya que todo lo que nos rodeaba era precioso y la sensación de aislamiento era total, apenas nos cruzamos con otros coches en todo el día, estábamos solos y esa sensación en mitad paisajes espectaculares, no tiene precio.

Disfrutando el silencio.
Disfrutando del silencio.
Fiordo a lo lejos.
Fiordo a lo lejos.
Entre fiordo y fiordo.
Entre fiordo y fiordo.

Decidimos hacer un pequeño descanso para comer, cerca de Bolungarvik, ubicado al extremo de un fiordo, y es una de las vistas más espectaculares que hemos podido disfrutar mientras almorzábamos.

Cerca de Bolungarvik.
Cerca de Bolungarvik.

La visión del pueblo al fondo, la carretera sinuosa que llegaba hasta él y las montañas a los bordes, te deja sin palabras, increíble.

Después de atravesar otro túnel, llegamos a Isafjordur, que es lo más parecido a una ciudad que te puedes encontrar por esta zona, a pesar de tener poco mas de 2500 habitantes. Aquí aprovechamos para ir de nuevo al supermercado y rellenar «la nevera».

Continuamos la carretera, que serpenteaba por pequeños fiordos, hasta llegar a Heydalur, que es donde dormiríamos esta noche (HOTEL HEYDALUR).

Al día siguiente, siguiendo la carretera 61, llegamos a Holmavik donde, entre otras cosas, se puede visitar su Iglesia y el Museo de la hechicería y la Brujería de Islandia.

Aquí nos dimos cuenta de que teníamos un pequeño problema con las ruedas del coche y estuvimos un par de horas esperando respuesta para la reparación que, al final, tuvo que ser en Akureyri. Acordaros de revisar bien las ruedas cuando alquiléis un coche.

Rueda totalmente lisa, mal negocio.
Rueda totalmente lisa, mal negocio.

Así pues, continuamos camino y abandonamos esta región con la sensación de que dejábamos atrás una de las zonas más auténticas e inexploradas de Islandia. Su aislamiento y belleza, nos había cautivado.

Para ayudar a la preparación de la ruta por los fiordos, es posible consultar https://www.westfjords.is/en