Salar de Uyuni: tour desde San Pedro de Atacama

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Pocos viajes en Sudamérica se comparan con la aventura que conecta San Pedro de Atacama (Chile), en el corazón del desierto más árido del mundo, con el Salar de Uyuni, el desierto de sal más grande del planeta.

Es una travesía mística, casi surreal, donde el tiempo parece disolverse entre paisajes marcianos, lagunas multicolores, géiseres humeantes y noches estrelladas que desafían la lógica. Este tour, que suele durar entre 3 y 4 días, no es solo un trayecto físico, sino una experiencia transformadora en lo más profundo del altiplano andino.

Fue un tour increíble que hice en el 2007, durante un viaje en solitario a Chile/Bolivia. Y aunque ya han pasado veinte años, digo que ha sido una de las experiencias viajeras más bonitas que he tenido. Se mezcla la dureza del altiplano con la belleza más sublime de la naturaleza. Alguno de los paisajes más bonitos que he visto en mi vida, han sido en este recorrido. Es uno de esos viajes que, una vez vividos, se quedan siempre en la memoria.

Altura: Este tour transcurre a altitudes entre 3500 y 5000 metros. Es recomendable aclimatarse en San Pedro durante al menos un par de días antes de iniciar el tour.

Clima: Frío, extremo, especialmente por la noche. Se recomienda llevar ropa térmica, gorro, guantes y un buen saco de dormir (algunas agencias lo incluyen, otras lo alquilan).

Comida: Las agencias suelen ofrecer comidas básicas pero abundantes (vegetarianas si se solicita). Se pueden llevar snacks para picar entre horas.

Alojamiento: Muy rústico. La ducha caliente, si la hay, se paga aparte. Pero la experiencia lo compensa todo.

Documentos: Pasaporte en regla. Algunos países deben pagar un visado para entrar a Bolivia, por lo que hay que informarse antes. Si se proviene de un país donde endémico de fiebre amarilla, se deberá estar vacunado.

Dinero: Lleva efectivo en bolivianos, ya que no hay cajeros automáticos en el camino.

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El tour desde San Pedro de Atacama al Salar de Uyuni se puede hacer durante todo el año, pero la experiencia cambia notablemente según la temporada. Aquí os explicamos las diferencias para ayudar a elegir el mejor momento según vuestros intereses:

Durante esos meses se produce el famoso efecto reflejo: cuando el salar se cubre de una delgada capa de agua, el cielo se refleja en el suelo creando un paisaje completamente surrealista. Las fotos parecen sacadas de un universo paralelo. Cielo y tierra se funden en un solo infinito. Esta época es perfecta para los que buscan una experiencia única y mágica.

Por contra, algunas zonas del salar pueden estar inundadas e inaccesibles. Por eso, el recorrido puede cambiar dependiendo del clima. A veces no se puede visitar la isla Incahuasi, ya que queda rodeada de agua. Las rutas pueden ser más lentas o estar cortadas, sobre todo si ha llovido mucho. Es temporada alta de turismo fotográfico, así que puede haber más visitantes.

El salar está completamente seco, lo que revela sus formaciones geométricas hexagonales en la sal. Es más fácil acceder a todos los puntos turísticos del tour: lagunas, geiseres, formaciones rocosas, la Isla Incahuasi, etc. El cielo sigue siendo intensamente azul, por lo que el contraste con el blanco del salar es impresionante. El clima es más estable, ideal para recorrer sin contratiempos.

Por contra, las temperaturas pueden ser muy frías por las noches, especialmente entre junio y agosto. No hay “espejo”, así que, si este es tu sueño fotográfico, esta no es la época ideal.

Depende de lo que se busque:

  • Efecto espejo: Enero-marzo.
  • Acceso completo y vistas secas: Abril-diciembre.
  • Menos frío y clima templado: Octubre-noviembre.
  • Evitar lluvias y caminos cortados: Mayo-noviembre.

Yo fui en abril y recuerdo que nos hizo muy buen tiempo.

El punto de partida es San Pedro de Atacama, un oasis bohemio en el norte de Chile. He estado en varias ocasiones y cada vez se va notando más el impacto del turismo. El pueblo es ya en sí mismo un atractivo turístico, rodeado de volcanes, salares, valles lunares y cielos tan limpios que se convierten en un paraíso para la astronomía.

La mayoría de las agencias locales, y hay muchas, ofrecen el tour al Salar de Uyuni, siendo posible contratarlo con uno o dos días de antelación. También se puede reservar con antelación por internet, si se quiera hacer con una agencia determinada. Los precios pueden cambiar dependiendo de la temporada.

Muy temprano por la mañana, alrededor de las 07:00, una furgoneta recoge a los viajeros en su alojamiento en San Pedro. Tras unos 45 minutos de viaje, se llega al Paso Hito Cajón, el cruce fronterizo entre Chile y Bolivia. Aquí comienza oficialmente la expedición, y también el cambio de vehículo: se pasa a un robusto 4×4, usualmente un Toyota Land Cruiser, que será el medio de transporte durante el resto del viaje.

Una vez sellados los pasaportes, el primer impacto visual ocurre al llegar a la Laguna Blanca, situada a los pies del volcán Licáncabur. Los paisajes son brutales.

Laguna Blanca. Camino al Salar de Uyuni.
Laguna Blanca. Camino al Salar de Uyuni.
Laguna Blanca. Camino al Salar de Uyuni.
Laguna Blanca. Camino al Salar de Uyuni.

Durante el trayecto, se hacen varias paradas, tanto para comer, como para admirar el paisaje.

Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.

Una de las paradas es en el Valle de las Rocas, lugar perfecto para sacar preciosas fotografías. Tiene gigantescas formaciones rocosas esculpidas por el viento y el tiempo, que contrastan con el cielo azul y el terreno desértico. Algunas de las rocas recuerdan animales o esculturas abstractas, lo que lo convierte en el escenario perfecto para explorar con la cámara.

Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.

Nuestro primer día terminaba. Había que descansar, ya que en unas horas venía el “plato fuerte” del tour.

Después se visitan los Géiseres Sol de Mañana, a más de 4800 metros de altitud. El vapor sulfuroso que brota del suelo se mezcla con el frío del altiplano creando un espectáculo irreal.

El segundo día, tras madrugar un poco, llegamos al pueblo de Uyuni. Paseamos un poco por sus calles y vimos cómo es la vida cotidiana de sus habitantes. En aquel entonces, era un pueblo muy tranquilo. No sé cómo será ahora, tantos años después.

Colegio de Uyuni.
Colegio de Uyuni.
Iglesia de Uyuni.
Iglesia de Uyuni.

La siguiente parada fue el cementerio de trenes, que como su nombre ya indica, es un lugar con trenes abandonados.

Casi llegando al Salar de Uyuni.
Casi llegando al Salar de Uyuni.

Y después, ya nos fuimos hacia el Salar de Uyuni. Empezamos a hacer “amigos” enseguida.

Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.

Una cosa es verlo en documentales o en fotografías y otra muy distinta es estar allí y contemplar en directo esta maravilla.

Este mar infinito, formado por más de 10 mil kilómetros cuadrados de sal, es como estar en otro planeta. Durante la temporada de lluvias (de enero a marzo), el salar se convierte en un espejo perfecto que refleja el cielo, creando un efecto de infinito visual. Durante la temporada seca (abril a diciembre), el suelo se agrieta formando hexágonos que parecen dibujados.

Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Con el grupo. Salar de Uyuni.

Uno de los integrantes de mi tour era Alfredo, un simpático brasileño con el que hice amistad. De hecho, hemos mantenido el contacto y nos hemos visto en varias ocasiones después de este viaje. Él ha viajado a España en varias ocasiones y yo a Brasil, y siempre nos hemos visto. Incluso nos fuimos de viaje a la India junto a otra amiga mía. Así que es posible que le veáis en los post de ese país.

Tour del Salar de Uyuni.
Tour del Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.

Se visita la Isla Incahuasi, un oasis de cactus gigantes en medio del salar. Desde su cima, la vista panorámica del salar en 360 º es indescriptible.

Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.

El día fue precioso, conocer este lugar único en el mundo es todo un privilegio. Esa noche dormimos en el pequeño pueblo de Chuvica, en el Hotel Cactus. Sencillo pero correcto.

Salar de Uyuni.
Salar de Uyuni.

Allí conocimos a Nahuel y Ariel, que estaban ayudando a su mamá.

El tercer día comenzaba con un bonito amanecer sobre el salar. Tocaba regresar a San Pedro de Atacama, puesto que el grupo habíamos contratado volver a Chile, en vez de quedarnos en Uyuni. Aún no lo sabía, pero ese día nos tocaría ver alguno de los paisajes más impresionantes que he visto jamás. Pena que las fotos sean de hace 18 años y no tengan demasiada calidad.

El volcán Ollagüe me pareció precioso. Está en la frontera entre Bolivia y Chile (región chilena de Antofagasta).

Pero nosotros continuábamos en Bolivia todo el día y tocaba hacer la ruta de las Joyas Alto Andinas. Las joyas andinas, o altiplánicas, son cinco lagunas (Ramaditas, Honda, Charcota, Hedionda y Cañapaque reflejan en sus tranquilas aguas distintos volcanes o montañas y en las que habitan flamencos. En el camino hay vistas a volcanes dormidos, valles de lava petrificada y manadas de vicuñas silvestres. En este punto el aislamiento es total. No hay señal telefónica (cuando yo fui aún no tenía teléfono móvil, así que no me preocupaba en absoluto) ni electricidad.

La primera que vimos fue la laguna Hedionda.

Laguna Ramaditas fue la siguiente. Como íbamos viendo, cada laguna tenía una tonalidad única y contaba con sus respectivas colonias de flamencos.

De camino al lugar donde pasaríamos la noche, cruzamos paisajes bellísimos.

La Laguna Cañapa no se quedó atrás en cuanto a belleza.

Pasamos por paisajes tan extremos como el Desierto de Siloli, famoso por el “Árbol de Piedra”, una formación rocosa esculpida por el viento que parece desafiar la gravedad.

El día finaliza en la Laguna Colorada, hogar de cientos de flamencos andinos. Aquí dormimos en un alojamiento muy básico, en habitaciones compartidas y sin agua caliente. Pero merece la pena estar rodeados de tanta paz y silencio.

Todo lo bueno se acaba y este sería nuestro último día del tour. Comenzamos muy pronto, ya que lo primero que se visita son los Géiseres Sol de Mañana, a nada más y nada menos que a 4800 metros de altitud. El vapor sulfuroso que brota del suelo se mezcla con el frio del altiplano.

Nuestra siguiente parada fue a las aguas termales de Polques, donde nos metimos en las pozas calientes mientras a nuestro alrededor la temperatura todavía era muy fría.

Proseguimos camino, hasta la laguna Verde.

Con una foto de grupo, dimos por concluido el tour, antes de pasar de nuevo la frontera y llegar hasta San Pedro de Atacama.

Este tour es de los mejores que he hecho en mi vida. No por las comodidades, porque los alojamientos eran básicos, sino porque los paisajes que había visto habían sido impresionantes y porque, además, había conocido a un amigo para toda la vida.

Iglesia de San Pedro de Atacama.
Iglesia de San Pedro de Atacama.