A pesar de vivir a una hora escasa del Cerco de Artajona, y de yo llevar muchos años trabajando en Navarra, nunca nos habíamos acercado hasta este pueblo para ver el Cerco.
Al suroeste de Pamplona se alza imponente esta joya medieval, que parece detenida en el tiempo. Esta fortificación amurallada, con sus torres almenadas y su aire de leyenda, es uno de los conjuntos defensivos mejor conservados del norte de España. Pasear por sus empedradas calles es como retroceder varios siglos, hasta los días de los caballeros, clérigos y conflictos feudales.

Si lo que se busca es conocer un lugar con historia viva, vistas panorámicas, arquitectura imponente y ese encanto rural tan característico de Navarra, Artajona es una apuesta segura. El acceso al cerco el libre, aunque hay posibilidad de hacer visitas guiadas.
Breve historia del Cerco de Artajona
Visitamos el Cerco un domingo de julio, y dio la casualidad de que unos minutos después de llegar al pueblo, en la oficina de turismo, nos dijeron que enseguida empezaba una visita guiada. Así que ni cortos ni perezosos, pagamos el ticket y esperamos a la guía.
Ella nos hizo una visita muy amena y entretenida. Lo primero que hizo fue contarnos un poco de la historia del Cerco de Artajona.

El Cerco tiene sus raíces en los siglos XI y Xii, cuando Navarra era un reino independiente y las luchas por el control del territorio entre cristianos y musulmanes marcaban la política peninsular. En este contexto, los canónigos de Saint Sernín de Toulose, con la ayuda del rey navarro Sancho Ramírez, comenzaron la construcción de esta fortaleza defensiva en torno a la iglesia de San Saturnino.
El objetivo era doble: proteger a la comunidad eclesiástica y controlar el paso estratégico hacia el valle del Ebro. A lo largo del siglo XIII, el recinto se fue consolidando como núcleo religioso, militar y administrativo. Más adelante, en el siglo XIV, el Cerco adquirió su forma definitiva, con un total de 14 torres (de las cuales se conservan nueve) y una muralla que abrazaba el conjunto. Incluso había un pequeño castillo, del que apenas quedan restos.

Durante siglos, Artajona fue testigo de batallas, invasiones, guerras civiles e incluso luchas carlistas. Hoy, sin embargo, reina la calma, y el Cerco nos recibe como un silencioso guardián del pasado.
¿Qué es exactamente “el Cerco”?
El término “Cerco” hace referencia al conjunto amurallado que rodea al casco antiguo de Artajona. Es una fortificación de carácter urbano que incluye casa, calles, pasajes y la imponente iglesia-fortaleza de San Saturnino en su punto más alto.

A diferencia de los castillos aislados en la cima de una montaña, el Cerco de Artajona es un ejemplo de urbanismo defensivo, en el que la vida cotidiana y la protección militar iban de la mano.
Qué ver en el Cerco de Artajona
La iglesia-fortaleza de San Saturnino
Construida entre 1260 y 1300, esta iglesia es el corazón del Cerco. Su arquitectura mezcla los estilos románico y gótico, pero lo que más llama la atención es su carácter militar: está coronada por almenas, con torres y un matacán (balcón defensivo con aberturas para arrojar proyectiles).
En su interior, de una sobria belleza, se pueden admirar retablos barrocos, una pila bautismal del siglo XIII y una atmósfera cargada de historia. Desde su terraza se obtienen vistas espectaculares de los campos navarros, sobre todo al atardecer.
FACHADA OCCIDENTAL Y PORTADA PRINCIPAL
De su exterior, lo primero que nos llama la atención en su imponente fachada, con una gran rosetón y dos singulares arquerías ciegas en los laterales, algo novedoso para el siglo XIII en Navarra.

El tímpano, parte central de la portada, es precioso. Está presidido por San Saturnino, al que acompañan varias figuras más y las escenas de su martirio y muerte.

LA NAVE GÓTICA
Esta iglesia tiene una sola nave de gran amplitud. Las bóvedas descansan en pilares adosados de crucería y arcos fajones. En los muros laterales hay arcos y al sur quedan pequeñas ventanas circulares para la iluminación.
San Saturnino tiene contrafuertes y carece de otros elementos góticos al tratarse de una iglesia-fortaleza (torres rematadas por pináculos, elementos decorativos por todas las fachadas..).
Las pinturas interiores fueron restauradas (2003-2008). Tienen un aspecto moderno, pero nada que ver con el original del siglo XIII. La iglesia estuvo en uso durante seis siglos pero se abandonó a finales del siglo XIX, perdiendo la mayoría de las pinturas.


RETABLO MAYOR
El retablo Mayor está detrás de una reja, colocada en 1595. A ambos lados de esta reja, hay dos púlpitos renacentistas.

El retablo mayor del siglo XVI es de estilo tardo gótico y está dedicado a Santa María. Organizado en tres pisos, cada uno de ellos dividido en cinc escenas ordenadas cronológicamente. Combina escultura en la calle central con pintura sobre tablas en el resto de las calles.

La calle central, más ancha, tiene la talla de San Saturnino. En el cuerpo superior, hay escenas sobre Cristo (pasión, última cena, prendimiento, calvarui, llanto..).

El cuerpo intermedio, nos muestra el ciclo de la vida de la Virgen María (Anunciación, Virgen con el Niño, Natividad, Epifanía o Adoración de los Reyes Magos).
En el cuerpo inferior, se ve el ciclo de la vida de San Saturnino, con algunas anomalías ya que faltan varias tallas.
CORO PARTE SUPERIOR
Para acceder a esta parte, debemos subir unas escaleras en un lateral de la nave. La sillería del codo es del año 1618. Sencilla y de asiento abatible, está hecha en madera de roble y nogal. En 1711 se construyeron tribunas laterales en el coro y sobre una de ellas se colocó un órgano.

En esta zona se conservan los únicos capiteles originales de la Iglesia. El resto de capiteles no tiene ornamentación, ya que en el siglos XVIII todos los que estaban a la vista fueron retallados eliminado la decoración. Los capitales originales se salvaron ya que estaban ocultos o por la sillería, el órgano o por los retablos.
Así, podemos ver en una de las esquinas, a dos dragones con los hocicos enfrentados y enseñando los dientes, como en un gesto amenazador o de batalla.

En la esquina sur occidental hay una mujer cuyos pechos son mordidos por dos dragoncillos. En aquella época, está representación se interpretaba como lujuria.

TEJADO INVERTIDO O BERACHICO
Para verlo, tenemos que subir a la parte más alta de la Iglesia por 77 peldaños, a través de una escalera de caracol.

El Berachico, como se le conoce en el pueblo, servía como punto de vigilancia, para controlar los movimientos del ejército musulmán. Como se alzaron los muro laterales de la iglesia, se construyó perimetralmente un paseo de ronda para vigilar al enemigo en todas las direcciones.

Otra función del tejado era la recoger agua, que desembocaba en el aljibe que hay en la iglesia, que servía para abastecer de agua en caso de asedio. Esto era posible debido a la posición invertida del mismo, que hacía posible la recogida del agua, que era conducida a través de una. columna hueca en uno de los muros laterales de la iglesia.


CAMPANARIO
El campanario tiene cuatro campanas y su volteo se hace de manera manual, tradición que mantiene junto a la catedral de Pamplona.

Desde él, hay unas vistas espectaculares de Artajona y sus alrededores.


Las torres almenadas
Aunque originariamente eran 14, hoy en día se conservan nueve en excelente estado.
Son de planta rectangular y rematadas con almenas. Desde algunas de ellas se puede acceder al adarve (camino de ronda) que recorría la muralla.


Las torres ofrecen diferentes perspectivas del pueblo y de los alrededores, y son un punto ideal para los amantes de la fotografía.
Las calles empedradas
Pasear por el interior del Cerco es como caminar dentro de una novela medieval. Las calles siguen el trazado original y muchas de las casa están construidas con piedra local, respetando el estilo tradicional.

Algunas casas conservan aún elementos originales como portones, escudos heráldicos o ventanales góticos.
La plaza del Cerco
Este pequeño espacio central solía ser el corazón de la vida cotidiana. Desde allí se articulan las callejuelas interiores. Hoy es un lugar ideal para detenerse y apreciar la armonía del conjunto.
La muralla y el camino de ronda
El recito cuenta con una muralla de planta irregular ,adaptada a la orografía del terreno, que mide unos 700 metros de perímetro. Está flanqueada por nueve torreones almenadas, de planta rectangular, que refuerzan su imagen de inexpugnabilidad. En su origen, contaba con 14 torres, aunque algunas han desaparecido o están integradas en edificaciones posteriores.

Construida con sillares de piedra caliza, la muralla no solo defendía el núcleo habitado, sino también a sus moradores y bienes en tiempos convulsos. A día de hoy, el conjunto ha sido restaurado en varias fases para preservar su autenticidad y funcionalidad, manteniendo el carácter sobrio y monumental que lo caracteriza.
Uno de los grandes atractivos del Cerco de Artajona es su camino de ronda, una pasarela que recorre parte de la parte superior de la muralla y permite al visitantes pasear literalmente por la historia. Antiguamente usado por los centinelas y soldados para vigilar el horizonte y defender la fortaleza, hoy este paso ofrece un experiencia inmersiva y visualmente impactante.
Qué más cosas ver en Artajona
Aprovechando la visita a Artajona, nos acercamos a conocer otro de sus atractivos: sus dólmenes.
Los dólmenes de Artajona- el Portillo de Enériz y la Mina de Farangortea- se encuentran a unos 3,6- 4 km al norte del pueblo, sobre una pequeña cumbre que albergó un poblado de la Edad del Bronce. Desde allí hay bonitas vistas de Artajona y su cerco.

Se llega en coche por una pista de tierra que parte detrás del cementerio, hasta un aparcamiento donde dejamos el coche. A escasos metros encontramos el Dolmen de Enériz. La cámara mortuoria consta de 9 losas verticales (ortostatos) y un corredor con 6 losas más pequeñas. Se atribuye a la tipología intermedia entre sepulcros de cámara cubierta y corredor clásicos.

Para ver el dolmen de la Mina de Farangortea, se puede ir en coche por la pista de tierra (unos 850 metros) o a pie. El sendero está muy bien indicado. Dejamos el coche en el sitio indicado y desde allí, ascendimos por otro camino entre una arboleda (unos 240 metros) hasta encontrarlo. Es más pequeño que el anterior dolmen, pero con el mismo diseño básico. Tiene un losa central posterior, perforada, que funcionaba como acceso o “puerta”.


Durante unas excavaciones en los años 50, se encontraron restos humanos y varios objetos con cuentas, puntas de flecha ( sílex, hueso..), punzones de cobre, botones óseos y cerámica. Todo esto se encuentra en el Museo de Navarra. También se han encontrado los restos de un poblado cercano, muy probablemente habitado por las personas que construyeron los dólmenes.
Desde aquí, hay un corto camino, bien indicado, que nos lleva hasta un mirador frente a uno de los molinos eólicos. De nuevo, disfrutamos de bonitas vistas de Artajona.

El acceso a los dólmenes es libre, sin restricciones. Como recomendación, hay que llevar calzado cómodo y agua, ya que no hay fuentes.
En Artajona también está la Basílica de Nuestra Señora de Jerusalén, pero no pudimos visitarla ya que estaban oficiando un funeral.
Después de pasar toda la mañana en Artajona y comer allí, nos fuimos hasta Ujué.


