Después de visitar Artajona y su Cerco, nos fuimos hasta Ujué, una preciosa villa medieval situada a poco más de 800 metros sobre el nivel del mar, en la sierra de Ujué. Desde su situación privilegiada, domina amplias panorámicas que abarcan desde los Pirineos hasta el Moncayo y el valle del Ebro.
La leyenda cuenta que su origen se remonta a un pastor guiado por una paloma hasta una imagen escondida de la Virgen María en una roca. La palabra “Uxue”, paloma en euskera, inspiró tanto al nombre del santuario como el de la villa actual.
Desde el año 2017 forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España, siendo junto a Roncal, los dos únicos representantes navarros.
Calles empedradas, casas de piedra agrupadas, y una clara disposición defensiva convierten la visita en un auténtico viaje al medievo.
La joya de Ujué es la Iglesia- Fortaleza de Santa María la Real.
Iglesia – Fortaleza de Santa María
Si hay un lugar que destaca por encima de todo el pueblo, este es, sin ninguna duda, su iglesia. El santuario fue erigido inicialmente en el siglo XI sobre una construcción prerrománica del siglo IX, probablemente promovida por el rey Iñigo Arista. Más tarde, Sancho Ramírez lo reemplazó con la iglesia románica y estableció la villa como una entidad con fueros propios.

En el siglo XIV, Carlos II el Malo reorganizó el interior. Se conservó no obstante, de la época románica, la cabecera en tres tramos con triple ábside semicircular así como una torre adosada al muro sur.
Se construyó una gran nave gótica, se añadieron torres almenadas, pasos de ronda y los muros defensivos que dan al templo sus carácter de fortaleza sagrada.

En la fachada sur, el paso se transforma en una galería abierta que proporciona una amplia perspectiva sobre la ribera de Navarra.




Si continuamos por el camino de ronda recorriendo el perímetro del templo, alcanzamos los tres ábsides románicos. El central conserva interesantes arcos románicos, en tanto que en los laterales sobresalen columnas con extraños capiteles y ventanas con arcadas ciegas.

Aparte de la cabecera románica con tres ábsides semicirculares, su estructura se completa con una nave central gótica, apoyada en pilares poligonales decorados con capiteles de animales, vegetales y humanos.
Dentro del templo, una reja gótica separa la cabecera de la nave principal.

Fue declarada Monumento nacional en 1936.
En el ábside central, se puede ver la famosa talla románica policromada de la Virgen de Ujué, datada hacia 1190. Carlos II la mandó forrar en plata en el siglo XIV como muestra de su devoción. Muy cerca, reposa embalsamado su corazón, tal y como lo dispuso en su testamente en 1385.


En la cabecera, encontramos otros elementos a destacar.





A pesar de que la mencionamos ahora al final, una de los partes más interesantes de la iglesia es su portada sur, una obra maestra del gótico navarro con relieves que representan escenas cotidianas (vendimia, labranza), escenas bíblicas como la Última Cena acompañadas de la figura del rey Carlos II inclinado ante la Virgen.


La visita tiene un precio de dos euros y se puede hacer con un servicio de audio-guía a través de códigos QR que, en varios idiomas, explica en varios apartados la historia, arquitectura e interior del templo.

Una vez que hicimos la visita, paseamos por las calles de Ujué y nos sentamos en una terraza a tomar un refresco. Desde allí había preciosas vistas de la iglesia.


Después de recoger el coche, nos dirigimos a una ermita abandonada y medio derruida a las afueras del pueblo. De nuevo, hicimos varias fotos con la iglesia de fondo.

Proseguimos camino hacia el último destino del día, San Martín de Unx, a muy poca distancia de Ujué.


