Los Cinco Lagos del Monte Fuji: ruta en 2 días

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Después de estar unos días entre Yokohama y Tokio, tocaba proseguir el viaje por Japón visitando la zona de los Cinco Lagos del Fuji.

Para ello, tomamos el tren en la estación de Shinjuku (SJ Shonan- Shinjuku Line, 1518 JPY a las 6:40 de la mañana, tren al que se subió unas paradas más adelante nuestra sobrina en Yokohama. A las 8:02, tras un trayecto bastante tranquilo y la verdad, sin demasiada gente, nos bajamos en destino.

Decidimos alquilar un coche, ya que nos daría bastante flexibilidad y aprovecharíamos mejor los dos días que había por delante. Había excursiones organizadas, pero aparte de muy caras, no se ajustaban a lo que queríamos. La oficina de alquilar estaba justo al lado de la estación, así que no tardamos nada en llegar. Nissan Rent a Car fue la opción elegida (22600 JYP desde el sábado a las 8:00 hasta el domingo a las 20:00, con impuestos y el seguro más completo).

Como ya sabíamos que el coche era pequeño (no quedaban más grandes cuando reservamos), habíamos enviado las maletas a nuestro alojamiento en Kyoto y sólo trajimos una mochila con algo de ropa y el equipo fotográfico. Tras hacer el papeleo y unas breves instrucciones por parte del trabajador, nos pusimos en marcha y emprendimos camino.

El fin principal de este fin de semana era ver el Monte Fuji. Para nosotros puede ser una montaña más, pero para cualquier japonés, es un símbolo del país. El Monte Fuji es muy importante para los japoneses porque representa identidad, espiritualidad y belleza natural. Es una montaña sagrada desde hace siglos, vinculada al sintoísmo y al budismo, y muchos lo consideran un lugar de purificación espiritual. Además, su forma perfectamente simétrica lo convirtió en un símbolo nacional de Japón, presente en el arte, la literatura y la vida cotidiana. Es posible subir al Fuji, pero nosotros nos conformamos con verlo de lejos desde distintas perspectivas.


Hemos de decir que tuvimos muchísima suerte. El Monte Fuji se ve completamente despejado unos 100 días al año, aproximadamente. Suele estar cubierto por nubes, especialmente en verano. Los mejores meses para verlo con claridad son de noviembre a febrero, cuando el aire es más seco y limpio, aunque el frío es más intenso.

Hay varias aplicaciones que ayudan a predecir cuando el Monte Fuji estará despejado o visible:

  • IsFujiVisible/ isfujivisible.com: No es exactamente una “app”, pero sí un servicio web accesible desde el móvil que te muestra:
    • Visibilidad en tiempo real (si ahora mismo se ve o no).
    • Pronóstico de visibilidad hasta 8–10 días.
    • Cámaras en vivo desde varios puntos de la montaña.
    • Todo con puntuaciones claras de visibilidad.
  • Fujisan.info:
    • Sitio de referencia para ver previsión de visibilidad horaria basada en datos meteorológicos específicos del Monte Fuji.
  • Alternativas: Si prefieres apps meteorológicas generales, sirven para comprobar condiciones ideales para la visibilidad (cielo claro, poca nubosidad), aunque no predicen visibilidad del Fuji específicamente:
    • Weather.com / The Weather Channel.
    • AccuWeather.
    • Japan Meteorological Agency (JMA).

🛡️ Consejo Viajero:

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Nuestra primera parada un poco larga fue en el pueblo de Hakone. Queríamos hacer, si había suerte, una foto muy concreta, la del Torii de la Paz y el Fuji al fondo.

Después de dejar el coche en un aparcamiento de pago (luego vimos que lo podíamos haber dejado en un 7 Eleven que estaba muy cerca) fuimos a buscar el emplazamiento perfecto para la foto. El Torii de la Paz de Hakone está situado a orillas del lago Ashi y es uno de los paisajes más icónicos de Japón. Este gran torii rojo pertenece al santuario Hakone-jinja y simboliza la paz, la protección y la conexión entre el mundo espiritual y el terrenal. Su imagen emergiendo del agua, con el Monte Fuji de fondo en días despejados, lo convierte en un lugar muy fotografiado y para nosotros era una parada imprescindible en ese fin de semana.

Otra imagen muy bonita es la del barco turístico surcando las aguas del lago, que es una de las experiencias más populares de la zona. Estos barcos tienen un diseño de barco pirata y recorren el lago ofreciendo vistas espectaculares del Torii de la Paz, los bosques que rodean el lago y, en días despejados, del Monte Fuji. Es un medio de transporte panorámico que conecta varios puntos clave de Hakone y permite disfrutar del paisaje de forma relajada y muy fotogénica. No nos subimos al barco, pero sí que hicimos unas cuantas fotos.


Después de comprar algunas cosas en el 7 Eleven, pusimos rumbo a Oshino Hakkai, un encantador pueblo tradicional situado entre el lago Kawaguchi y el Monte Fuji, a una hora de camino.

Es famoso por sus ocho estanques de aguas cristalinas, alimentados por el deshielo del Fuji filtrado de forma natural durante décadas. Con casas antiguas, puentes de madera y vistas al monte, el lugar ofrece una atmósfera tranquila que combina naturaleza, cultura rural y espiritualidad, convirtiéndolo en una parada perfecta para conocer el Japón más tradicional.

La entrada es gratuita, excepto la del Museo al aire libre Hannoki Bayashi Shiryokan (300 JPY, abierto de 09:00-16:30), un museo etnográfico que transporta a los visitantes al Japón rural de siglos pasados, con varias casas tradicionales con techos de paja (kominka) que se pueden visitar por dentro para ver la vida campesina, así como herramientas de labranza, telares y objetos domésticos que muestran la vida cotidiana.

El museo rodea al estanque más grande de Oshino Hakkai, ofreciendo paisajes hermosos y vistas al Monte Fuji. 

Después fuimos a dar una vuelta para ver el resto de estanques y alguna casa más, pero había demasiada gente así que nos fuimos enseguida.

A continuación, fuimos hasta el pueblo de Fujiyoshida, donde dormiríamos por la noche. Todavía no era la hora de entrar a la casa que habíamos alquilado, así que nos fuimos a comer. Una de las mejores comidas de todo el viaje, exquisito, más cara que la media del país, pero muy bueno todo (Fuji Tempura IDATEN Kawaguchiko).

Una vez comidos nos fuimos hasta nuestro alojamiento, una casa entera en el pueblo, Cocoya. Enorme, varias habitaciones, baños y una cocina enorme. Tuvimos un problema con la calefacción, porque no funcionaba, pero a la media hora de escribir un mensaje a través de booking, apareció la encargada de la casa (creemos que era una vecina) y lo arregló.

No quedaba mucho tiempo antes de que anocheciera, así que fuimos hasta la pagoda Chrureito, que era donde queríamos hacer otra de las “fotos del viaje”. Dejamos el coche en un parking de pago que hay justo a sus pies, creo que el más caro de todos en los que estuvimos, ¡menudo negocio tienen montado!. Pagamos 1500 JYP las dos veces que aparcamos aquí.

La pagoda Chureito es uno de los miradores más famosos de Japón para contemplar el Monte Fuji. Forma parte del santuario Arakura Sengen y ofrece una imagen icónica: la pagoda roja en primer plano y el Fuji al fondo. Es especialmente espectacular en primavera, durante la floración de los cerezos, y en otoño, con el paisaje teñido de colores rojizos. Es una de las estampas más reconocibles de Japón y era una de nuestras metas del viaje, poder hacer esa fotografía.

No tuvimos suerte esta vez, ya que el monte Fuji estaba cubierto, pero aún así, hicimos muchas fotos. No hay ninguna duda de que el santuario en esta época del año está precioso.

Visto que el Fuji estaba cubierto y que quedaba poco tiempo para el anochecer, decidimos regresar a la casa. Dimos un corto paseo por la zona en la que estábamos alojados y compramos en un 7 Eleven el desayuno del día siguiente. Ya de nuevo en la casa, decidimos pedir un par de pizzas para cenar, ya que no había ningún restaurante o local para cenar cerca. El pobre repartidor no encontraba la casa, pero bueno, al final todo se resolvió y cenamos tranquilos y bien.Nos fuimos pronto a dormir, deseando tener suerte al día siguiente. ¡Y tanto que la tuvimos !.

Nada más despertarnos, nos asomamos por la ventana y ¡vualá!, se veía la cima del monte Fuji.

Tras la pertinente ducha y un rico desayuno, recogimos nuestras cosas y montamos de nuevo en el coche. Aparcamos en el mismo sitio que la tarde anterior (otros 1500 JYP). Yo me dirigí a la “entrada” principal, mientras que Jesús e Irene subieron por unas escaleras que salen casi frente al parking. El día anterior nos perdimos este Torii, que marca el inicio del ascenso al santuario.

Había una pareja de novios haciéndose un reportaje de fotos. Aproveché a hacerles algunas, con el Fuji de fondo. Seguro que ahora disfrutan de unas fotos preciosas, porque la luz estaba perfecta y los colores eran ideales.

Comencé a ascender las escaleras, donde me reuní a medio camino con Jesús e Irene, que a estas alturas ya tenía un book entero…

Nos parábamos cada pocas escaleras, tratando de fotografiar el Monte Fuji desde otro punto de vista diferente o tras otros árboles…

Y una vez arriba, esta vez si, pudimos hacer la foto que tantas veces habíamos visto. Era poco después del amanecer y aún no había demasiada gente, así que pudimos disfrutar un buen rato sin aglomeraciones.

Tras un buen rato, comenzamos a bajar las escaleras de nuevo y, como no, aprovechamos a hacer más fotos.

Y como todo joven, Irene quería una foto “instagramer”, así que nos fuimos hasta uno de los Lawson de Fujiyoshida. En días despejados como el que tuvimos, se ve el Fuji detrás.

Nuestro siguiente destino era uno también muy fotogénico, Tenku no Torii. El “torii del cielo” es un mirador espiritual situado en las montañas de Kawaguchiko, cerca del santuario Kawaguchi Asama. Son dos toriis en lo alto de una colina y enmarcan una de las vistas más espectaculares del Monte Fuji, dando la sensación de estar flotando entre el cielo y la tierra. Hay que pagar una pequeña entrada de 200 JPY por persona.

Localización: https://goo.gl/maps/BaX77Y5dMiiefgEK8

Como teníamos un poco de hambre, regresamos al coche y avanzamos por la carretera unos minutos, hasta que llegamos a una cafetería que estaba anunciada en carteles, Tsunagaru café, una cafetería panorámica que está en el Camp Resort del mismo nombre.

Con vistas a Fujiyoshida, el lago Kawaguchi y el monte Fuji de fondo, es el lugar ideal para hacer una parada.

Desde el café, a unos cinco minutos andando hay una cascada, Haha-no-Shirataki. Es un rincón natural poco conocido cuyo nombre significa “la cascada de la madre” y forma parte de un conjunto de saltos de agua rodeados de bosque. Es una caída suave, un lugar ideal para quienes buscamos tranquilidad, naturaleza y una experiencia menos turística, perfecta para conectar con el lado más espiritual y relajado de la región. No sabíamos de su existencia, la encontramos por casualidad buscando cosas para ver cerca de donde estábamos (cafeteria) y la verdad es que más cerca, imposible.

La zona es muy tranquila, tan sólo nos encontramos con una pareja, que ascendió por unas escaleras que había al lado de la cascada, en busca de varios saltos cercanos.

Tras volver de nuevo al coche, pusimos rumbo al lago Kawaguchi, para ir a varios emplazamientos que teníamos apuntados con bonitas vistas.

Parque Oishi

El primero de ellos era el parque Oishi, cuyo acceso es bastante fácil y que cuenta con un parking justo al lado. Eso si, tardamos bastante en poder dejar el coche porque había mucha gente y además era fin de semana.

El Parque Oishi, situado a orillas del lago Kawaguchi, es uno de los espacios más agradables y fotogénicos de la región del Monte Fuji. Desde aquí se obtienen vistas despejadas y directas del Fuji, lo que lo convierte en un lugar ideal tanto para pasear como para hacer fotografías en cualquier época del año.

Nosotros, aunque conseguimos ver desde aquí el monte Fuji despejado, solo fue a ratos, ya que fue de los pocos momentos del día en que las nubes cubrían a veces la cima. Aún así, el sitio es muy bonito. Mucha gente, eso si, pero al ser un entorno natural con senderos, la sensación de aglomeración se difumina un poco.

El parque es conocido por sus jardines florales estacionales, que transforman totalmente el paisaje: la lavanda en verano es la más famosa, pero en primavera y otoño se pueden ver otras flores y colores que contrastan con el lago y la montaña. Cuenta además con senderos bien cuidados, zonas verdes, miradores y pequeñas tiendas y cafés, lo que lo hace perfecto para una visita relajada. Había colas para conseguir helados de macha en una de las tiendas.

Continuamos ruta en el coche, parando de vez en cuando.

Hay varios lagos más, como el Saiko, el Shojī ,el Motosu o el Tanuki. Paramos a hacer alguna que otra foto.

Continuamos camino, con más paradas de por medio.

Por último, llegamos a otro de los lugares a los que teníamos más ganas en la zona, las cascadas Shiraito, cuya visita es gratuita. Hay parking de pago pero nosotros dejamos el coche en un Family Mart, a escasos cinco minutos andando.

Estas cascadas son una de las maravillas naturales más bellas de la región del Monte Fuji. Su nombre significa “hilos blancos”, y describe perfectamente el paisaje: cientos de finos chorros de agua caen suavemente desde un acantilado cubierto de vegetación, creando una escena delicada y casi mágica.

Hay un sendero que conduce por las distintas caídas y miradores, así que es muy fácil la visita.

El agua proviene del deshielo del Monte Fuji, lo que le da una pureza especial y un flujo constante durante todo el año. Rodeadas de bosque y senderos tranquilos, las cascadas ofrecen un ambiente sereno y refrescante, ideal para una pausa en plena naturaleza. Como en la mayoria de los sitios que visitamos en Japón, había mucha gente.

Dirección: 273-1 Kamiide, Fujinomiya, Shizuoka 418-0103, Japón.

Tras acabar la visita, comimos en uno de los establecimientos que hay alrededor de las cascadas, volvimos al coche y emprendimos rumbo a Odawara. Hay muchas actividades y más lugares para visitar en esta zona de los lagos del Fuji, pero en apenas dos días no daba tiempo a hacer todo y priorizamos según nuestros intereses.

Ya en Odawara, devolvimos el coche de alquiler y con mucha pena, nos despedimos de nuestra sobrina Irene, que debía volver a Yokohama, ya que al día siguiente tenía clases. Nosotros, nos fuimos al hotel reservado para esa noche, el Odawara Terminal Hotel, a unos dos minutos andando de la estación.

Después de descansar un rato en la habitación, de la que no tenemos fotos, nos fuimos a pasear un poco por los alrededores. Entramos en una tienda para curiosear…a frikis no los gana nadie, no hay duda.

Había locales muy fotogénicos.

Se hacia tarde y comenzamos a tener hambre. Vimos un restaurante nepalí y allí que nos metimos. Personal muy amable que nos aconsejó que pedir. Todo un acierto y a un precio excelente.

La zona de los Cinco Lagos del Fuji es uno de esos lugares donde la naturaleza marca el ritmo. Dos días se quedan cortos, pero suficientes para entender por qué el Fuji no es solo una montaña. Lo que seguro se quedó corto fueron los días que disfrutamos con la maravillosa compañía de mi sobrina!!