Siria, tierra de civilizaciones milenarias, es uno de los destinos más enigmáticos y fascinantes de Medio Oriente. A pesar de los desafíos a los que se ha enfrentado en las últimas décadas, y de nuevo, en los últimos años, este país tiene un patrimonio histórico y cultural que pocos lugares en el mundo pueden igualar. Desde las ruinas romanas de Palmira hasta los zocos llenos de vida de Damasco, considerada una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, Siria ofrece un viaje al corazón de la historia humana.
Viajar por Siria es adentrarse en un universo donde se entrelazan la herencia de imperios antiguos, la espiritualidad de las grandes religiones, la calidez de una hospitalidad ancestral y los paisajes áridos y montañosos que han sido testigos de incontables relatos épicos. Cada rincón del país guarda una historia, una leyenda o una tradición que espera ser contada.
En esta entrada os invitamos a conocer la riqueza cultural, la impresionante arquitectura, una gastronomía llena de sabores exóticos y una resiliencia de un pueblo que, a pesar de las adversidades, sigue mostrando el mundo la belleza de su tierra.
Este viaje que hice a Siria (junto al Líbano) lo hice con amigos hace mucho tiempo, en 2005. Demasiadas cosas han cambiado desde entones y seguramente muchas fotos que ponga serán de sitios que hoy en día no existan o estén muy dañados.
También hay que tener en cuenta, que las fotos son de hace 20 años, así que muchas de ellas no tienen muy buena calidad.
Ruta por Siria
Este viaje lo hice en un tour organizado. El típico en el que te llevan durante 10 días a visitar las ciudades y lugares más famosos e importantes de los países. En esos años, estaba empezando a viajar e hice varios tours organizados por países árabes (Egipto-Siria/Líbano-Marruecos), siempre con amigos.
Damasco
Después del vuelo desde Madrid hasta Damasco, dejamos las cosas en el alojamiento y fuimos a dar una vuelta por la ciudad.

La mezquita de los Omeyas estaba iluminada y lucia preciosa.


En este primer paseo, Damasco pintaba bastante bien. Como estábamos cansados del viaje, nos fuimos al hotel a descansar.
Al día siguiente, lo primero que fuimos a visitar fue en Museo Nacional de Arqueología. Este museo, fundado en 1919, es el más importante de Siria y una joya cultural del mundo árabe. Su entrada está enmarcada por la impresionante puerta del palacio omeya de Qsar al-Hayr al-Gharbi, traída desde el desierto sirio. En su interior, el museo recorre más de once milenios a través de cinco secciones: desde herramientas prehistóricas y tablillas cuneiformes hasta mosaicos romanos, arte islámico y frescos de la sinagoga de Dura-Europos. Destacan piezas únicas como el León de al-Lat, rescatado de Palmira, y manuscritos medievales.
Cerrado durante la guerra civil (2011) para resguardar piezas frente al avance del conflicto, el museo reabrió sus puertas parcialmente en 2018, tras años de protección y restauración de más de 9000 artefactos. En enero de 2025 volvió a abrir después de protegerse de saqueos durante los recientes cambios políticos en Damasco.
En el jardín exterior hay esculturas, mosaicos, puertas antiguas y una réplica de una noria de Hama, junto a la mencionada puerta omeya.




A continuación, pasamos por uno de los zocos de la ciudad, para ir al Mausoleo de Saladino, que se encuentra en el costado noroeste de la Mezquita de los Omeyas. De nuevo, pasamos por la puerta de entrada a la mezquita.

Inscripción en la fachada de la Mezquita de los Omeyas de Damasco.

Para visitar estos dos sitios, hay que vestirse de una manera “correcta”, así que nos tuvimos que cubrir.



Tras visitar la tumba, pasamos a visitar el interior de la Mezquita Omeya. Es la más importante de Damasco y una de las más antiguas y grandes del mundo. Fue construida en el año 715 sobre la catedral bizantina dedicada a San Juan Bautista ( Yahya ibn Zakariya para los musulmanes). Según la tradición cristiana y musulmana, su cabeza se encuentra enterrada aquí. Es el cuarto lugar más sagrado del Islam, tras las mezquitas de La Meca, Medina y Jerusalén.
Hay dos santuarios para conmemorar a nieto de Mahoma, Husáin Ib Alí, así como el ya mencionado mausoleo de Saladino.




El siguiente sitio que visitamos fue el Palacio Al-Azm. Construido en el siglo XVIII d. C., está ubicado en el extremo norte del mercado de Al-Buzuriya y al norte se encuentra la Gran Mezquita de los Omeyas que acabábamos de ver. Es un hermoso ejemplo de la arquitectura otomana del siglo XVIII. Fue la residencia privada del gobernador de Damasco. En la actualidad es un museo de las artes y tradiciones populares y exhibe, en sus habitaciones, representaciones de escenas de la vida cotidiana.




Visitamos el interior de otra mezquita.

Nuestra siguiente parada fue la Capilla de San Ananías, que se encuentra en la Ciudad Vieja de Damasco. La capilla se encuentra en una cripta de dos habitaciones, situada a unos cuatro metros por debajo del nivel de la calle. A la capilla se accede por una escalera de veintitrés escalones, desde el patio de una casa que la tradición atribuye a Ananías de Damasco, el discípulo cristiano que hizo recuperar la vista a Saulo Pablo, más tarde conocido como el apóstol san Pablo.
Ananías lo bautizó, y posteriormente lo ayudó a ocultarse y a abandonar la ciudad de Damasco, tras despertar Pablo el odio en los judíos hasta el punto de tramar su asesinato debido a sus sermones y predicación. De hecho, la capilla está formada por un ábside de una iglesia bizantina del siglo V o VI, mencionado en varias ocasiones por las fuentes históricas como «al-Arab Mussalabeh» (Santa Cruz). La conquista árabe de Damasco en el año 636, la iglesia fue confiscada y parcialmente demolida. A principios del siglo VIII, el califa omeya al-Walid ibn ‘Abd al-Malik I la devolvió a la comunidad cristiana en compensación por la expropiación de la catedral de San Juan Bautista, sobre el terreno de la cual se construyó la Gran Mezquita de Damasco (mezquita de los Omeyas).

En esta zona es donde escuchamos hablar por primera vez del alfabeto de Ugarit, el más antiguo del mundo. Recuerdo que compré unas camisetas para mis sobrinos gemelos, que en aquel entonces cumplían un año, con ese alfabeto.

La capilla de San Pablo fue nuestro siguiente destino. Es una capilla de piedra moderna, que según la tradición incorpora materiales de la Bab Kisan, la puerta de la ciudad antigua a través de la cual Pablo fue bajado por una ventana según describe la Biblia en Hechos 9:25. En los tiempos de San Pablo, la ciudad de Damasco estaba rodeada por un muro perforado por siete puertas. Bab Kisan es la puerta en el lado sureste de Damasco y estaba dedicado a Saturno. La capilla fue construida entre 1922 y 1923, en tiempo del mandato francés en el país. Se encuentra en el interior del arco de una de las dos puertas supervivientes de la antigua muralla de Damasco.




Por la tarde, nos fuimos hasta Palmira, uno de los lugares más fascinantes que he visto.
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Palmira
Palmira fue la capital del Imperio de Palmira entre los años 268-272. En la actualidad solo persisten sus amplias ruinas que son, o eran, foco de una abundante actividad turística.
Palmira fue declarada como Patrimonio de la Humanidad en 1980. El 20 de junio de 2013, la Unesco incluyó a todos los sitios sirios en la lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro, para alertar sobre los riesgos a los que están expuestos debido a la Guerra Civil Siria.

Situada en medio del árido desierto sirio, se alza esta ciudad que fue en tiempos antiguos una de las ciudades más deslumbrantes del mundo romano: Palmira. Fue un crisol de culturas, una encrucijada de civilizaciones y un testimonio del genio arquitectónico de la antigüedad.
Breve historia
Palmira, cuyo nombre en arameo fue Tadmor (ciudad de los dátiles), aparece por primera vez en los registros históricos alrededor del segundo milenio antes de Cristo. Sin embargo, su auge comenzó en la época grecorromana, sobre todo a partir del siglo I d. C.
Gracias a su posición estratégica, entre el mar Mediterráneo y el Golfo Pérsico, Palmira se convirtió en una parada obligatoria de la Ruta de la Seda. Las aravanas se detenían en esta ciudad para comerciar con sedas chinas, especias indias, perlas árabes, marfil africano y productos romanos.

Los habitantes de Palmira supieron aprovechar esta posición privilegiada y la ciudad acumuló riquezas colosales, lo que se reflejó en su fastuosa arquitectura: columnas corintias, templos dedicados a dioses sincréticos (como Baal, Bel, Yarhibol), avenidas monumentales y un teatro que dejaba sin aliento a quién lo contemplaba.
Si hay una figura que destaca por encima de todas en la historia de Palmira, es la de la reina Zenobia, que desafió al imperio romano, conquistando Egipto y pastes de Asia Menos y Siria, proclamando un Imperio de Palmira independiente al de Roma. Duró tan solo cuatro años, cuando el emperador romano Aureliano derrotó a Zenobia y la llevó cautiva a Roma. Incorporada de nuevo a Roma, Palmira nunca volvió a alcanzar su antiguo esplendor. Saqueada, reconstruida parcialmente por los bizantinos y más tarde, ocupada por los árabes. Poco a poco, la arena del desierto fue cubriendo sus ruinas y la ciudad cayó en el olvido durante siglos.
No fue hasta el siglo XVII que viajeros europeos redescubrieron Palmira, llevándose grabados e inscripciones que fascinaron a Occidente. E n el siglo XX, arqueólogo sirios y franceses desenterraron sus monumentos más emblemáticos, convirtiéndola en Patrimonio de la Humanidad en 1980.
Lamentablemente, Palmira volvió a los titulares en tiempos recientes por razones dolorosas. Durante la guerra civil en Siria, el sitio arqueológico fue ocupado en 2015, liberado a finales de marzo del 2016 y nuevamente conquistado en diciembre de ese mismo año. Tres meses después, se consiguió liberar de nuevo gracias a la ayuda de Rusia. Durante todos los meses de conquista, el estado islámico realizó múltiples ejecuciones y destrozos en las ruinas, incluidos el Templo de Bel, el Arco del Triunfo, el Templo de Baalshamin o el Teatro Romano. El 7 de diciembre de 2024 el yacimiento de Palmira y sus alrededores fueron conquistados por una facción rebelde apoyada por EEUU.






Qué ver
La principal atracción de Palmira eran sus bien conservadas ruinas, entre las que se destacaba estaba el templo de Bel, que fue dinamitado en 2015. Edificado en el año 32, fue consagrado al culto de Bel, el dios supremo fenicio-cananeo, cuyo nombre significa amo. Era el dios supremo para los habitantes de la ciudad, el dios de los dioses. Este templo fue convertido en iglesia cristiana en el siglo IV. Hemos puesto demasiadas fotos, pero nunca están de más cuando se sabe que esta maravilla ha desaparecido para siempre por culpa de la guerra.








A pocos metros del templo comienza una Gran Columnata de 1200 metros, eje principal de la ciudad, que llegó a tener cerca de 200.000 habitantes. Entre las columnas, por la amplia calle, transitaban los carros y cabalgaduras, y por debajo de los largos pórticos columnados laterales, caminaban los peatones.


A los lados de la extensa columnata hay una serie de ruinas en mayor o menor grado de conservación: el templo de Nebo (antigua deidad babilónica), el templo funerario, el campamento de Diocleciano (antes había sido el palacio de la reina Zenobia), el teatro o entre el ágora o gran plaza pública donde se realizaban operaciones comerciales y se discutía.



Saliendo de la ciudad, adentrándose un kilómetro en las montañas, hay un sitio de paisaje inquietante y desolador, con construcciones como torres cuadradas y macizas. Es el valle de las tumbas que alberga la necrópolis de la ciudad. Hay tres tipos de tumbas y fueron construidas en los tres primeros siglos de esta era. Algunas de estas construcciones podían llegar a albergar hasta 500 cuerpos.


Es posible entrar a algunas de las tumbas, así que así lo hicimos.


De entre todas las torres-tumbas, destaca la Torre de Elahbel, también demolida por el estado islámico en 2015. Era una tumba de torre de piedra arenisca de cuatro pisos.

La torre fue importante en la historia de los textiles: en las tumbas de la torre se descubrieron fragmentos de hilos de seda chinos muy antiguos, que datan del siglo I d. C.
A unos dos kilómetros al norte y en lo alto de una colina, se encuentra el castillo Qal’at Ibn Ma’n, dominando la antigua ciudad de Palmira. El castillo fue construido, probablemente, por los mamelucos en el siglo XIII. Se encontraba rodeado por un foso y el acceso era posible únicamente mediante un puente levadizo. También se le conoce como Fajir al-Din al-Ma’ani, en referencia al gobernador druso del siglo XVII que lo utilizó como bastión durante sus campañas en la región. Su situación, a unos 150 metros por encima del nivel de las ruinas de Palmira, le daba un dominio visual impresionante sobre a llanura circundante, lo que de otorgaba una gran importancia defensiva. Como otros restos de Palmira, en 2015 el castillo fue parcialmente destruido con explosivos colocados por el estado islámico (ISIS).

Antes de la guerra, el castillo era un lugar muy popular para los turistas que visitaban Palmira. Su imagen al atardecer, con vistas a las ruinas, era un de los paisajes más icónicos y buscados de Siria.
Tras la recuperación de Palmira por el ejército sirio, han comenzado los trabajos de evaluación de los daños causados. Se han hecho planes para restaurar tanto el castillo como las cercanas ruinas de Palmira.

Apamea
Situada a unos 55 km de Hama, ciudad que conoceríamos más adelante, está Apamea. No solo es un yacimiento arqueológico, sino que también es un recuerdo majestuoso de la grandeza helenística, romana y bizantina, y una oportunidad única para los amantes de las historia.


Fundada a finales del siglo IV a.C por Seleuco I Nicátor, uno de los generales de Alejandro Magno, Apamea recibió su nombre en honor a Apama, esposa del rey. En poco tiempo, la ciudad se convirtió en una de las capitales culturales y militares del imperio seleúcida.
Durante el Imperio Romano, Apamea prosperó como un centro clave de comercio y pensamiento. Se dice que albergaba una de la academias filosóficas más importantes de Oriente, junto con una escuela de medicina y un arsenal capaz de equipar a 30000 soldados. Más tarde, bajo dominio bizantino, continuó siendo un núcleo vital hasta que fue devastada por un terremoto en el año 1152.
La mayor atracción de Apamea, y sin duda, una de las más impactantes de todo Oriente Próximo, es su Cardo Maximus, la calle principal romana. Esta calzada , de más de 1800 metros de longitud, está flanqueada por unas 1000 columnas corintias, muchas de ellas, aún en pie.




A ambos lados de esta avenida se alzan el resto de templos, termas, basílicas, tiendas y viviendas.



Como muchas ciudades antiguas, Apamea fue saqueada a los largo del siglo XX. Mosaicos, esculturas y frescos se encuentra hoy dispersos en museos de Europa y América. Entre los mosaicos más conocidos está el del León y el Gacela. El Templo de Baco y los restos del gran teatro, que podía albergar hasta 2000 espectadores, dan una idea del pasado glorioso de la ciudad.

Aunque muchos yacimientos se encuentran todavía sin excavar, la esencia de Apamea sigue viva entre las piedras caídas y columnas que desafían el tiempo.

Durante la guerra civil siria, especialmente entre 2011 y 2017, Apamea fue fuertemente saqueado. Se cavaron miles de hoyos ilegales para extraer antigüedades, lo que dañó gravemente la estructura del sitio. Además, el ejército utilizó partes como posición miliar, lo que provocó enfrentamientos en las inmediaciones. Algunas estructuras fueron dañadas por bombardeos o fuego cruzado.
Algunas estructuras siguen en pie, como la gran columnata romana, pero su contexto arqueológico ha sido muy dañado.
Serjilla
Nuestro siguiente destino fue Serjilla, uno de los sitios arqueológicos más notables del llamado conjunto de las “Ciudades Muertas” de Siria, una serie de asentamientos bizantinos y paleocristianos ubicados entre Alepo e Idlib. Son testimonio de una vida rural próspera en los siglos IV al VII d.C, antes de su abandono progresivo tras la conquista islámica. En 2011, la UNESCO incluyó a Serjilla, junto con otras ciudades muertas (como al-Bara, Deir Sunbul, Jeradeh y Ruweiha), en la lista de Patrimonio Mundial bajo el título de “Pueblos antiguos del norte de Siria”.
Concretamente Serjilla, se fundó aproximadamente en el siglo II-III d.C y se abandonó hacia el siglo VII d.C., tras el declive económico y la expansión islámica. Es de las ciudades muertas mejor conservadas, aunque ha quedado afectada tras la guerra civil siria.
Destacaba por su extraordinario estado de conservación y por ser un ejemplo claro del urbanismo y la arquitectura rural bizantina. Algunos elementos claves son:
Casas de piedra: Muy bien conservadas, tienen varios pisos, con habitaciones, patios y escaleras intactas. Algunas tienen columnas decorativas o arcos, símbolo de riqueza.


Baños públicos: Uno de los elementos más raros en aldeas rurales de ese periodo. Indican cierto nivel de vida urbana o romanización.

Iglesias: Se han identificado al menos dos estructuras religiosas. Poseen basílicas de tres naves con ábsides orientales

Tumbas y mausoleos: Sarcófagos de piedra y tumbas talladas con inscripciones griegas. Algunas con arcos monumentales, lo que indica status social elevado.

Durante la guerra civil siria, la región donde se ubica Serjilla fue escenario de intensos combates entre diferentes facciones: el sitio no ha sido destruido completamente, pero sí se ha visto afectado por saqueos, vandalismo y falta de mantenimiento. Algunas edificaciones fueron usadas por los combatientes como refugios o posiciones militares. La zona ha sido de difícil acceso para arqueólogos y organismos internacionales.
Alepo
Alepo es otra de las ciudades más importantes de siria, con un importante pasado y legado histórico.
Iglesia de San Simeón el Estilista
También conocida como el Complejo de Qalaat Semaan, es uno de los monumentos cristianos más antiguos y notables de Siri. En realidad no está en Alepo exactamente, sino a unos 30 km al noroeste.




La iglesia fue construida para conmemorar la vida y santidad de San Simeón el Estilista (390-459 d.C.), un monje asceta cristiano que vivió durante 37 años en una columna de más de 15 metros de altura, como forma de penitencia y devoción a Dios. Su forma de vida atrajo a miles de peregrinos de todo el Imperio Bizantino, incluidos emperadores y clérigos. Tras su muerte, se construyó un gran complejo alrededor del lugar de su columna, convirtiéndose en uno de los principales centros de peregrinación cristiana del siglo V .


La construcción se inició en el 476 d.C, y consta de varios elementos arquitectónicos de valor:
Iglesia cruciforme monumental: Es el corazón del complejo y está formada por cuatro basílicas que convergen en un octágono central, justo donde se encontraba la columna de San Simeón, aún parcialmente visible.


Columnas y capiteles decorativos: Con inscripciones griegas y relieves ornamentales.

Baptisterio: Uno de los ejemplos más antiguos y mejor conservados de arquitectura litúrgica cristiana en Siria.

Monasterio y albergue para peregrinos: Indican la magnitud de la peregrinación que recibió el lugar.

Fortificaciones posteriores: Durante el período cruzado y el dominio musulmán, el sitio fue parcialmente fortificado.

Desafortunadamente durante la guerra civil siria, el complejo sufrió daños estructurales por bombardeos y saqueos y ha estado en peligro debido al conflicto prolongado de la región. La UNESCO lo había incluido dentro de su lista de sitios Patrimonio Mundial en Siria, para más tarde incluirlo en la lista de Patrimonio en Peligro.
Ciudadela de Alepo
Una de las visitas más esperadas del viaje fue esta, visitar la Ciudadela de Alepo. En pleno corazón de la ciudad, se levanta este coloso de piedra, que ha sido testigo de imperios, guerras, glorias y tragedias. Su imponente silueta domina el paisaje urbano desde hace más de mil años y continúa siendo el símbolo más poderoso de la ciudad.

La Ciudadela de Alepo (Qala’at Halab en árabe) es uno de los castillos más antiguos y grandes del mundo. Construida sobre un montículo natural de más de 50 metros de altura, su ocupación se remonta al menos al siglo III a.C, aunque hay evidencia de actividad en el lugar desde el segundo milenio a. C.

A lo largo de los siglos, la ciudadela ha sido testigo del paso de los hititas, griegos, bizantinos, musulmanes, cruzados, mongoles, otomanos y franceses. Su forma actual responde principalmente a las reformas de la época ayyubí (siglo XII-XIII), bajo el dominio de la dinastía fundada por el famoso Saladino.


Durante siglos no fue solo una fortaleza militar, sino también un centro administrativo, palaciego y religioso. Y en tiempos de asedio o guerra, un refugio inexpugnable.

La Ciudadela de Alepo es un ejemplo sobresaliente de arquitectura militar islámica. Rodeada por una muralla de piedra maciza y protegida por un profundo foso seco, su acceso principal está diseñado como un ingenioso laberinto defensivo. El acceso se realiza a través de un puente de piedra que cruza el foso y conduce a una puerta fortificada monumental decorada con relieves, torres semicirculares y pasadizos defensivos en zigzag, diseñados para frenar cualquier intento de invasión.

En el interior, destacan los restos del palacio de los ayyubiés, con grandes salones, patios con fuentes, columnas esculpidas y muros decorados con caligrafía árabe y motivos geométricos.



En la entrada principal, está la Torre Ayubí, donde se encuentra el Salón del Trono, con una decoración propia de la época.


Otro punto emblemático dentro de la ciudadela es la mezquita de Ibrahim, construida sobre las ruinas de un antiguo templo. La tradición dice que allí oró el profeta Abraham, lo que convierte el lugar en un sitio de valor espiritual para musulmanes, cristianos y judíos.
La Guerra Civil Siria, que comenzó en 2011, tuvo un impacto devastador en Alepo. En 2012, la ciudad se convirtió en uno de los principales frentes del conflictos y tanto la ciudad como la ciudadela sufrieron daños significativos. Explosiones, combates callejeros y bombardeos dañaron torres, muros y parte de su estructura interna. Sin embargo, la Ciudadela de Alepo resistió. Aunque herida, no cayó. Y hoy representa un símbolo de esperanza para los sirios.
En 2017, con el fin de los combates en la ciudad, comenzaron trabajos de restauración y consolidación tanto por parte de organismos sirios, como por parte de la UNESCO.
Aunque el turismo en Siria actualmente sigue siendo muy limitado por el tema político y de seguridad, la Ciudadela de Alepo ha vuelto a abrir sus puertas para visitantes tanto nacionales como internaciones, con precauciones.
Mezquita de Alepo
Situada en el corazón del casco antiguo de Alepo, encontramos la Gran Mezquita o Mezquita de los Omeyas, todo un símbolo, no solo religioso, sino también de la rica historia cultural de la ciudad.
La historia de la mezquita se remonta al siglo VIII, durante el Califato Omeya, aunque el edificio ha sufrido múltiples transformaciones y reconstrucciones a lo largo de los siglos. Se construyó entre los años 715 y 717 d.C. por Suleimán ibn Abd al-Malik, se cree, que sobre un antiguo templo romano y posteriormente una iglesia bizantina. Fue restaurada y ampliada por los zengíes y ayubíes (siglos XII y XIII), sobre todo durante los mandatos de Nur ad-Din y Saladino. Durante el período otomano, en el siglo XVI, re realizaron renovaciones que aportaron elementos artísticos característicos, como azulejos y detalles caligráficos. Durante la Edad Media, albergaba una de las madrasas más respetadas de toda Siria.
Esta mezquita es un ejemplo notable de la arquitectura islámica siria, combinando elementos omeyas, mamelucos y otomanos.
Su patio (sahn) es muy amplio, rodeado de pórticos con columnas y arcadas. El pavimento es de piedra caliza pulida.



La sala de oración tiene un techo plano sostenido por columnas y arcos, con un mihrab ricamente decorado que indica la qibla (dirección a la Meca).

En la sala de oración principal, existe un santuario o maqàm, donde la tradición islámica local dice que está la cabeza del profeta Zacarías, padre de Juan el Bautista. No existen pruebas arqueológicas de la autenticidad de la reliquia, pero el hecho es que este lugar se convirtió en un importante centro espiritual. Otra tradición sitúa la tumba de Zacarías en la Mezquita de los omeyas en Damasco.

El minarete es uno de los elementos más distintivos, con sus 45 metros de altura y construido en 1090 durante el período saleucida.
De forma cuadrada, está decorado con grabados en piedra de estilo islámico y motivos caligráficos.

Desgraciadamente y al igual que sucedió con muchos otros edificios, durante la guerra civil siria, la mezquita sufrió grandes daños. En 2013, el minarete fue completamente destruido y las salas de oración, el patio y la decoración, sufrieron incendios, colapsos y saqueos. Se perdieron manuscritos antiguos y se dañaron elementos arquitectónicos únicos.
Sin embargo, tras el cese de los enfrentamientos, se han comenzado los trabajos de restauración, utilizando técnicas de reconstrucción tradicionales.
Zoco al-Medina
Y como no todo iba a ser cultura, el último sitio que conocimos fue este zoco, que se encuentra en el casco antiguo de Alepo. Es un laberinto de callejuelas cubiertas, siendo uno de los mercados más antiguos y grandes del mundo árabe. Durante siglos fue un punto neurálgico del comercio entre Oriente y Occidente.

Pasear por el zoco es toda una delicia: los aromas de las especias, mezclado con el del curo y jabón de laurel, se mezclan y flotan en el aire, mientras los comerciantes ofrecen tejidos, joyas, alfombras y productos artesanales con la típica hospitalidad siria.
Yo aproveché y compré varios jabones, metidos en cajitas de madera. A día de hoy, aún tengo alguno en casa de adorno en el baño.

Sufrió muchos daños durante la guerra, pero muchos tramos han sido restaurados.
Hama
Nuestra siguiente parada fue Hama, a orillas del río Orontes, una de las ciudades más antiguas de Siria y del mundo, con raíces que se hunden en más de 5000 años de historia.

Hama es sobre todo conocida por sus icónicas norias, enormes ruedas hidráulicas de madera que datan de la Edad Media, que hacen que tengamos la impresión de que hemos retrocedido en el tiempo.

Algunas de estas norias tienen hasta 20 metros de diámetro y a día de hoy, aún siguen girando. Son un ejemplo de como era el sistema hidráulico en Siria durante la Edad Media. Su propósito original era elevar el agua del río para irrigar campos y jardines, transportándola a través de acueductos de piedra hasta las zonas más altas de la ciudad. Se piensa que muchas de estas norias fueron construidas en los siglos XII y XIII, aunque los sistemas de riego de esta región tiene raíces aún más antiguas.

No solo son fascinantes por su utilidad y su envergadura, sino también por su construcción. Están hechas completamente de madera, ensambladas sin el uso de clavos, y giran únicamente con la fuerza del agua del río.
Crac de los Caballeros
En lo alto de una colina que domina los valles del oeste sirio, se alza majestuoso el Crac de los Caballeros (Qal’at al-Hisn), una de las fortaleza medievales mejor conservadas del mundo.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este imponente castillo parece sacado directamente de una novela de caballería, con sus gruesos muros de piedra, torres almenadas y pasadizos secretos que aún resuenan con ecos de historia.




Además, para darle más realismo, hay muchas personas vestidos de “época”, por lo que se tiene la impresión de haber retrocedido en el tiempo.

Construido originalmente por emires kurdos en el siglo XI, fue ampliado y fortificado por los Caballeros Hospitalarios tras serle entregado en 1142. Durante más de un siglo, el Crac fue una pieza clave en la defensa cristiana durante las Cruzadas, controlando las rutas entre Homs y la costa mediterránea. No era solo una fortaleza: era una ciudad en sí misma, capaz de albergar a más de 2000 soldados, con capilla, salas de armas, almacenes, aljibes y hasta una sala de banquetes.




Lo que hace único a Crac de los Caballeros no es solo su tamaño o su ubicación estratégica, sino su arquitectura. Posee dos líneas de murallas concéntricas, una avanzada para resistir asedios, y otra interna, más alta y sofisticada. El diseño refleja un conocimientos militar avanzado para su época, con sistemas de defensa en profundidad, torres macizas y estrechos pasajes que dificultan la entrada de invasores.


Pese a los daños sufridos durante la reciente guerra, el castillo ha sido restaurado en parte y sigue siendo uno de los destinos más impactantes para los amantes de la historia, la arquitectura militar y los escenarios legendarios. La verdad es que a todos nosotros nos encantó.
Ma’loula
El último lugar que conocimos en Siria, antes de poner rumbo al Líbano, fue Ma’loula. Esta aldea, enclavada en los escarpados riscos de las montañas Qalamún, a poco menos de 60 km de Damasco, parece detenida en el tiempo.

Lo peculiar de este pueblo, de apenas unos miles de habitantes, es que es de los últimos sitios donde aún se habla el arameo, la lengua de Jesucristo. Aquí, la fe cristiana ha sobrevivido durante siglos.
A medida que nos vamos acercando a Ma´loula, el camino va serpenteando entre colinas áridas y montañas calizas. Empezamos a encontrar casas encaramadas a los acantilados, algunas literalmente excavadas en la roca. Se nota menos calor que en el resto del país, ya que nos encontramos a unos 1500 m.s.n.m.
El nombre de Ma’loula deriva del arameo “ma’la”, que significa “entrada” o “pasadizo”, una referencia a los desfiladeros naturales que cruzan el lugar. La historia del templo se remonta a tiempos precristianos, pero fue durante el siglo IV d.C. cuando el cristianismo se arraigó con fuerza en la zona.
Lo más fascinante es que los habitantes de Ma’loula, tanto cristianos como musulmanes, han preservado el arameo occidental, una de las formas más puras de esta lengua semítica que alguna vez fue hablada en todo el antigua Oriente Medio. Ma’loula es junto a Jabadin y Bakah una de las tres aldeas en las que aún se habla el arameo en Siria, pero es la única que seguía siendo mayoritariamente cristiana.
Conocimos el Monasterio de Santa Tecla (Mar Tacla). Según la tradición, Santa Tecla, discípula de San Pablo, huyó de la persecución y fue protegida por un milagro que abrió una grieta en la montaña. Este paso natural, conocido como desfiladero de Santa Tecla, es uno de los rincones más impresionantes del pueblo. Hoy, el monasterio se alza junto al cañón y alberga las reliquias de la santa.



El camino por el desfiladero es una experiencia inolvidable: estrecho, fresco, con paredes altísimas que parecen elevarse hasta el cielo y rodeado de un silencio abrumador.


Durante los años del conflicto sirio, Ma’loula sufrió un golpe durísimo. Desde septiembre de 2013 a junio de 2014, el pueblo fue escenario de enfrentamientos violentos en el que la mayoría de casas e iglesias fueron destruidas o dañadas, lo que hizo que muchos de sus habitantes abandonaran la zona. Las monjas que estaban en el orfanato de Santa Tecla, fueron secuestradas, siendo liberadas cuatro meses después. Las reliquias del monasterio de San Sergio y San Baco desaparecieron, así como las cruces y el simbolismo cristiano. Cientos de años de convivencia quedaron destruidos en poco tiempo.
Otro lugar que se pudimos visitar, aunque no hacer fotos en su interior, es el Monasterio de San Sergio y San Baco. Ortodoxo greco-católico, fue construido en el siglo IV, sobre las ruinas de un templo pagano. Está dedicado a dos mártires romanos que se convirtieron al cristianismo. Su capilla, sobria y de piedra, tiene uno de los altares cristianos más antiguos del mundo. Durante la guerra, quedo muy dañado.
Durante celebraciones como Pascua o la fiesta de Mar Takla, el pueblo cobraba vida, con procesiones, cantos en arameo, fuegos artificiales y comidas compartidas.
Después de los enfrentamientos, parte de la población ha ido regresando. Continuan viviendo con gran sencillez, cultivando sus jardines en terrazas, elaborando pan tradicional y manteniendo celebraciones religiosas llenas de color. A su vez, se han emprendido esfuerzos importantes para reconstruir los monasterios, restaurar viviendas y revivir el turismo local. El regreso de peregrinos y visitantes ha traído esperanza a una población que anhela vivir en paz.

Tras acabar con esta visita, pusimos rumbo a Damasco. Desde allí, empezaríamos al día siguiente, la ruta por el segundo país que conoceríamos en ese viaje, Líbano.
Estado actual del turismo en Siria
Aunque la Guerra Civil en Siria ha terminado, los años de conflicto han hecho mucha daño y el turismo sigue siendo escaso en comparación a antes del 2010. Poco a poco se va recuperando y, por mostrar unos datos, en la primera mitad del 2024 visitaron Siria 1 millón de personas, algo más que el año anterior, pero todavía lejos de cifras anteriores.
Tras el derrocamiento del presidente Bashar al-Ásad, el 8 diciembre de 2024, tras trece años de guerra civil, varias aerolíneas han reanudaron sus vuelos internacionales a Siria (Qatar, Turkish Airlines, Royal Jordanian…).
Poco a poco y gracias al esfuerzo tanto del gobierno sirio como de organismo internacionales, se están restaurando sitios devastados por la guerra, como Palmira o Crac de los Caballeros. También se están volviendo a celebrar festivales culturales, como la feria internacional de Damasco o los festivales de Palmira.
A día de hoy, la mayoría de visitantes son sirios expatriados y turistas regionales, especialmente de Irak, Líbano, Jordania y Kuwait.
Aunque ya no es un país en guerra, muchos gobiernos aún desaconsejan viajar a Siria. Las zonas aisladas siguen siendo inestables y la infraestructura turística (hoteles, transporte, guías…) están en plena reconstrucción.
Esperemos que la situación de paz persista para siempre y que a no mucho tardar, Siria vuelva a estar en el mapa del turismo internacional.


