En mi caso, fue la puerta de entrada a Vietnam. A pesar de que muchos me habían hablado mal de Saigón, me encantó desde el primer paso que di en la ciudad. Así que decidí intentar ver lo más importante de Saigón en dos días.
Muchos viajeros que pasan por Saigón suelen dedicar uno o dos días a las excursiones más populares, como los túneles de Cu Chi o el delta del Mekong. Y aunque no dudo de que ambos lugares tienen su encanto, esta vez elegí hacer algo distinto. Decidí quedarme en la ciudad, visitarla bien, y dejar que me sorprenda más allá de lo obvio. Sentía que Saigón tenía demasiado que contar como para mirarla solo de paso. A veces no se trata de tachar lugares, sino de quedarse y escuchar lo que una ciudad susurra cuando nadie más le pregunta nada.
Saigón y los días que cambiaron la historia
Durante la Guerra de Vietnam, Saigón fue el epicentro de la acción. Esta ciudad, que hoy vibra con motos y mercados, fue testigo de algunos de los momentos más intensos del conflicto. Con solo cerrar los ojos y respirar profundo, es fácil imaginar helicópteros en las azoteas, periodistas corriendo y un país viviendo sus últimos días dividido. Saigón no solo fue escenario de la historia: fue protagonista absoluta del final de Vietnam del Sur.

La famosa Caída de Saigón, en abril de 1975, no solo puso fin a la Guerra de Vietnam, sino que también marcó el inicio de una nueva etapa bajo el régimen comunista. Como viajero curioso, no podía dejar pasar la oportunidad de recorrer los rincones de la ciudad que aún hoy respiran historia en cada esquina. Desde antiguos edificios del gobierno hasta museos impactantes y calles con cicatrices del pasado, Saigón es un destino imprescindible para quienes buscan entender la historia de Vietnam.
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Saigón en dos días: El corazón histórico de Saigón en 12 horas
El primer día en Saigón viene cargadito, así que prepárate para una jornada intensa, casi de explorador urbano en misión especial. Vamos a patear el centro sin descanso, pasando por los lugares más icónicos de la ciudad: palacios que marcaron la historia, templos que huelen a incienso, arquitectura colonial que parece sacada de otra época y mercados donde el caos tiene su propio ritmo. Es un día para madrugar, llevar calzado cómodo y dejarse llevar por el vértigo emocionante de una ciudad que nunca frena. Saigón se vive a todo pulmón… y hoy no vamos a escatimar. Empecemos a descubrir qué ver en Saigón en dos días.
Ayuntamiento y estatua de Ho Chi Minh
El conjunto que forman el Ayuntamiento de Saigón y la estatua de Ho Chi Minh es uno de esos lugares que marcan el pulso del centro de la ciudad. El ayuntamiento, de estilo colonial francés, es simplemente precioso, con su fachada elegante, su torre reloj y un aire europeo que choca —para bien— con el resto del caos vietnamita.

Justo enfrente, la enorme estatua de Ho Chi Minh, de pie y con una expresión tranquila, domina la escena como figura paternal del país. La plaza que los rodea es amplia, llena de flores y fuentes. Es uno de esos puntos donde puedes parar, respirar y observar cómo pasado y presente se dan la mano en medio del bullicio urbano. Ideal para arrancar nuestra visita a Saigón en dos días .

Oficina central de correos
Entrar en la Oficina Central de Correos de Saigón es como colarte en una película de época. El edificio, diseñado por Gustave Eiffel, es un clásico que no decepciona: techos altos con arcos de hierro forjado, ventanillas de madera que todavía funcionan y un enorme retrato de Ho Chi Minh presidiendo el fondo del salón.

Hay mapas antiguos en las paredes, bancos de madera y un vaivén de viajeros, locales y carteros que le dan una vidilla muy especial al lugar. Aunque no tengas cartas que enviar, vale la pena perderse un rato entre sus detalles. Es uno de esos rincones donde la historia no solo se mira… se respira.

Museo de los Vestigios de la Guerra
Visitar el Museo de los Vestigios de la Guerra no es fácil… pero sí absolutamente necesario. Es uno de esos lugares que te remueven por dentro, que te obligan a parar el ritmo y mirar de frente una historia que muchas veces se cuenta a medias. Este museo no decora la verdad, la muestra cruda, directa y sin filtros, y eso lo convierte en una de las visitas más impactantes de Saigón en dos días.

Zona de armamento y maquinaria de guerra

En el patio exterior y algunas salas interiores, se exhiben tanques, bombas, helicópteros, cañones y todo tipo de maquinaria bélica utilizada durante el conflicto. Ver estos monstruos metálicos de cerca, algunos con impactos visibles, te da otra perspectiva de la magnitud del conflicto. También hay celdas de detención recreadas y objetos de tortura, que muestran el lado más oscuro de la guerra desde todos los ángulos.

Zona de fotografía documental
La primera parte del museo te recibe con una serie de imágenes impactantes tomadas durante la Guerra de Vietnam por fotógrafos de todo el mundo. Son fotos duras, reales, muchas veces difíciles de ver, pero poderosas. Retratan no solo la violencia del conflicto, sino también la humanidad de quienes lo vivieron: soldados, civiles, niños… Todos capturados en momentos que congelan el alma. Es imposible salir de aquí sin reflexionar profundamente.

Sala del Agente Naranja y sus consecuencias
Esta zona es probablemente la más dura de todas. Explica los efectos del uso del Agente Naranja y otros químicos utilizados durante la guerra. Las fotos, objetos y testimonios muestran las secuelas físicas y genéticas que aún afectan a miles de personas en Vietnam. Hay paneles informativos, frascos con muestras reales, e incluso esculturas que representan malformaciones. No es una exposición fácil, pero sí una lección de empatía y conciencia.

Sala de apoyo internacional y resistencia global
Esta parte del museo suele pasar desapercibida, pero es profundamente interesante. Muestra cómo distintas naciones y movimientos civiles alrededor del mundo apoyaron la causa vietnamita durante la guerra. Carteles, periódicos, cartas, y hasta manifestaciones en ciudades como París, Tokio o Nueva York. Un recordatorio de que el conflicto de Vietnam fue mucho más que una guerra local: fue un símbolo global.

Salir del Museo de los Vestigios de la Guerra no es como salir de cualquier otro museo. Uno no se lleva solo fotos o datos históricos, se lleva un nudo en el estómago y una mirada distinta sobre lo que fue —y sigue siendo— el impacto de la guerra en la gente común. Es una visita que incomoda, que te enfrenta a verdades duras, pero también te conecta con lo más humano. Y eso, para los que viajamos con ganas de entender más que solo ver, vale muchísimo la pena.
Pagoda del emperador de Jade
Desde que cruzas la puerta de la Pagoda del Emperador de Jade, te envuelve un ambiente denso de incienso, murmullos y luces suaves que se cuelan entre las figuras de dioses, animales sagrados y escenas talladas en madera que parecen salidas de una leyenda. Este templo taoísta está dedicado al Emperador de Jade, una de las divinidades más importantes del panteón oriental, pero en sus salas también hay espacio para otras deidades, guardianes y espíritus.

Es un lugar con unas vibraciones distintas, cargado de simbolismo, donde los fieles se acercan a rezar, dejar ofrendas o simplemente encender un incienso y pedir por buena fortuna. Caótico, tranquilo, antiguo y vivo. Un imprescindible en nuestra visita a Saigón en dos días.

Iglesia rosa de Tan Dinh
Vas caminando y, de pronto, entre el tráfico y el trajín de Saigón, aparece la iglesia Tan Dinh, y no hay manera de no quedarse mirando. Es rosa. Pero rosa rosa, como sacada de un cuento o de una película de Wes Anderson. Este templo católico, construido en tiempos del dominio francés, es uno de los edificios religiosos más llamativos de la ciudad, tanto por su color como por su estilo neogótico con detalles barrocos. La torre campanario se alza como una joya kitsch entre cables, motos y palmeras, y aunque por dentro es más sobria, el contraste entre su función religiosa y su aspecto tan único la hace fascinante. No importa si eres creyente o no: este lugar tiene una personalidad tan arrolladora que bien vale una parada, unas fotos y unos minutos para admirar lo inesperado.


Palacio de la Reunificación
El Palacio de la Reunificación es uno de esos lugares donde la historia no solo se cuenta: se camina. Este edificio, antes conocido como el Palacio de la Independencia, fue la residencia oficial del presidente de Vietnam del Sur y también el lugar donde se firmó el final de un país. Hoy se conserva casi tal cual estaba en 1975, como una cápsula del tiempo en pleno corazón de Saigón. Sin lugar a dudas, no puedes dejar de visitarlo en tus dos días en Saigón.

Las salas oficiales y salones de recepción
El recorrido comienza por las grandes salas donde se recibía a embajadores, ministros y jefes de Estado. Espacios amplios, con moquetas rojas, muebles de madera noble y una estética muy setentera que te hace sentir en plena Guerra Fría. Cuesta no imaginar los discursos, las tensiones diplomáticas y los brindis que sucedieron en esos salones que parecen suspendidos en el tiempo.

Las estancias privadas del presidente
En el segundo piso están los aposentos más personales del presidente: su despacho, su dormitorio y hasta una sala de cine privada. Todo conserva ese aire retro que resulta casi surrealista. Es como ver el lado humano del poder, donde las decisiones históricas se mezclaban con rutinas cotidianas.

La sala de guerra y los túneles subterráneos
Y aquí es donde todo cambia de tono. Bajando al subsuelo, te adentras en el verdadero centro neurálgico del poder durante la guerra. Salas con mapas enormes, líneas telefónicas antiguas, máquinas de escribir y pasillos angostos que parecen sacados de una película de espías. Es un espacio tenso, casi claustrofóbico, que transmite de forma brutal lo que era tomar decisiones bajo amenaza constante de bombardeo.

La azotea y el helipuerto
Finalmente, se sube a la azotea, donde aún está el helipuerto y la maqueta del helicóptero que representa uno de los momentos más simbólicos del conflicto: la evacuación final antes de la caída de Saigón. Desde ahí, la vista sobre los jardines y la ciudad es increíble… y si cierras los ojos por un segundo, es fácil imaginar el ruido de hélices, las bombas explotando y el caos de ese día histórico.

Galería Réhahn

La Galería Réhahn de Saigón es una parada imprescindible para los amantes de la fotografía y la cultura vietnamita. Ubicada en el Distrito 1, esta galería boutique exhibe las obras del fotógrafo francés Réhahn, conocido por sus retratos íntimos y vibrantes de las 54 etnias de Vietnam. En mi caso, fui para comprar el regalo de Navidad de Yolanda, pero eso es otra historia que será contada en el post sobre Hoi an.

El espacio está cuidadosamente diseñado para resaltar la belleza y la historia detrás de cada imagen. Además de las fotografías, la galería ofrece libros de arte y otros productos relacionados con el trabajo de Réhahn. Es un lugar perfecto para adquirir una pieza única que capture la esencia de Vietnam o simplemente para inspirarse con las historias visuales que se presentan.
La ópera de Saigón
El edificio de la Ópera de Saigón, o Teatro Municipal, es una joya colonial que brilla en pleno centro, rodeada de tráfico, rascacielos modernos y cafés con aire europeo. Su fachada es un espectáculo en sí misma: columnas imponentes, esculturas ornamentales y un aire afrancesado que recuerda que esta ciudad también tuvo su propio capítulo de elegancia europea en pleno Sudeste Asiático.

Por dentro, si tienes la suerte de entrar para ver un espectáculo o simplemente para curiosear, todo es terciopelo rojo, balcones de época y una acústica pensada para que hasta un susurro suene a sinfonía. Aunque solo la mires desde fuera, vale la pena detenerse un rato, sentarse en los escalones y ver cómo la vida saigonesa pasa a toda velocidad frente a un edificio que parece no haberse enterado del paso del tiempo.
Ben Thanh Market
Ideal para regatear y probar algo callejero. Aunque turístico, el mercado tiene su encanto, sobre todo al atardecer.


Hotel Continental Saigón
Un clásico entre los clásicos. Aunque solo vayas a curiosear desde fuera, este hotel fue refugio de corresponsales de guerra y escritores como Graham Greene.

Bui Vien Street, la calle mochilera de Saigón.
Esta calle es puro desenfreno: bares abiertos hasta el amanecer, luces de neón, música a todo volumen y gente de todas partes del mundo. Aquí puedes tomarte una cerveza por menos de un euro, comer un banh mi a las 3 de la mañana o conocer a otros viajeros con historias increíbles. Es el sitio ideal para cerrar el día, reírte un rato y dejarte llevar por el caos divertido del Sudeste Asiático.

Saigón en dos días: Pagoda Buu Long y el barrio de ChoLon
Después del ajetreo del primer día, toca cambiar de ritmo. Empezamos escapando del ruido para descubrir uno de los secretos mejor guardados de Saigón: la pagoda Buu Long, un templo majestuoso y sereno, alejado del bullicio y rodeado de naturaleza. Luego, rumbo al otro extremo: el vibrante y multicultural barrio de Cholon. Aquí, los templos chinos, las calles llenas de farolillos y los mercados con olor a especias nos transportan a otra dimensión. Es un día de contrastes, de calma y caos, de espiritualidad y vida callejera. Saigón tiene muchas caras, y hoy tocaba conocer algunas de las más auténticas.
Pagoda Buu Long
La visita a la Pagoda Buu Long fue una de esas sorpresas que no te esperas en una ciudad tan caótica como Saigón. Alejada del centro, casi en las afueras, este templo parece transportarte directamente a Tailandia con su arquitectura dorada y su estupa imponente rodeada de jardines. Lo mejor: el silencio.
Al llegar, lo primero que te recibe es un estanque semicircular con una fuente en forma de dragón que ya te avisa: aquí se viene a respirar hondo.

Las escaleras, custodiadas por dragones tallados, te conducen hasta el templo principal, donde una gran estatua de Buda Shakyamuni preside el silencio. Todo está pensado para invitar a la calma: los jardines que rodean la pagoda son perfectos para sentarte un rato y meditar. Si subes hasta lo alto de la estupa, te espera una vista brutal del río Đồng Nai y de la vegetación que rodea el templo. Lejos del ruido de Saigón, esta pagoda es un regalo para el alma… y para la cámara.

No hay motos, ni bocinas, ni hordas de turistas, solo el sonido del viento, el canto de los pájaros y una energía que invita a bajar revoluciones. Es un lugar perfecto para desconectar, sentarte a meditar, contemplar el paisaje desde las alturas y dejarse envolver por la espiritualidad que se respira en cada rincón.

Cholon, el barrio chino de Saigón
Explorar Cholon, es como cruzar una puerta secreta a otro mundo dentro de la misma ciudad. Aquí todo cambia: los colores, los aromas, el ritmo. Las calles están llenas de farolillos rojos, templos con dragones en los tejados, mercados abarrotados y puestos de comida que huelen a anís, jengibre y sopa recién hecha. Es un lugar donde conviven siglos de historia con la vida cotidiana más vibrante. Cholon mantiene viva la herencia cultural de la comunidad china en Vietnam, y lo hace con una autenticidad brutal. Perderse entre sus callejones, entrar en templos centenarios y ver cómo la gente reza, comercia o simplemente toma el té, es una forma increíble de vivir otra cara de Saigón, más profunda, más intensa y totalmente inolvidable. Un visita muy recomendable para tus dos días en Saigón.
Mercado de Binh Tay

El Mercado de Binh Tay es el corazón palpitante de Cholon. A diferencia del turístico Ben Thanh, este mercado es puro músculo local: comerciantes madrugadores, pasillos infinitos, olores intensos a especias, frutas exóticas, telas, tés y comida humeante recién hecha. El edificio en sí ya impone, con su arquitectura tradicional de influencia china, tejados curvos y una torre del reloj en el centro del patio interior.

Pasear por aquí es un viaje sensorial: voces regateando, el tintinear de las cucharas metálicas, el vapor que escapa de las ollas… todo forma parte de una coreografía caótica pero fascinante. No hace falta comprar nada para disfrutarlo; solo perderse entre sus pasillos es una experiencia auténtica, de esas que te conectan con el alma cotidiana de Saigón.
Parque del Dragón Dorado
En medio del ajetreo inagotable de Cholon, entre templos, mercados y motos que no paran nunca, aparece un rincón inesperadamente tranquilo: el Parque del Dragón Dorado. Lo preside una fuente con una imponente escultura de dragón dorado que parece sacada de una leyenda, símbolo de fuerza, protección y sabiduría en la tradición china. No es un sitio turístico al uso, pero tiene algo magnético: una mezcla de misticismo y calma que lo convierte en uno de esos hallazgos que te recuerdan por qué vale la pena perderse sin mapa.

Iglesia de San Francisco Javier ( Cha Tam)
Escondida entre pagodas y faroles, aparece una iglesia que descoloca: la Iglesia de Cha Tam. De fachada amarilla con detalles en blanco y una cruz que asoma entre tejados chinos, este templo católico con alma oriental es un cruce perfecto de culturas. Pero lo que realmente le da peso a este lugar es su historia: fue aquí donde se refugiaron el presidente Ngo Dinh Diem y su hermano durante el golpe de Estado de 1963, poco antes de ser capturados.


Hoy, ese pasado convive con la calma de los fieles que acuden a misa, el murmullo de rezos y el olor a incienso mezclado con velas. Es un sitio cargado de simbolismo, donde cada rincón guarda un pedazo de la historia compleja y fascinante de Vietnam.
Pagoda On Lang

La Pagoda On Lang es uno de esos templos que sorprenden sin hacer ruido. Escondida entre las callejuelas del barrio chino, su fachada llena de color y detalles es solo el comienzo. Al cruzar la entrada, encontrarás un espacio lleno de vida y simbolismo. Farolillos rojos cuelgan del techo, columnas con dragones decoran el interior y los altares rebosan ofrendas.

Dedicada a la diosa madre y otras divinidades chinas, esta pagoda es parte del día a día de la comunidad. Gente encendiendo incienso, murmurando plegarias o simplemente haciendo una pausa. Es uno de esos rincones donde la espiritualidad se siente auténtica, sin espectáculo, como una tradición que sigue latiendo en cada rincón.

Pagoda Chua Minh Huong
La pagoda Chua Minh Huong es de esas joyitas escondidas que no salen en todas las guías, pero que te hacen sentir que descubriste algo especial. Mucho más discreta que otras pagodas de Cholon, este templo tiene un aire tranquilo, casi secreto. Su arquitectura es sencilla pero llena de carácter: techos curvos, esculturas discretas y un patio interior donde el incienso flota suave en el aire. No hay multitudes ni flashes de cámaras, solo vecinos que entran a rezar, dejan ofrendas o se sientan en silencio.


Es un lugar perfecto para hacer una pausa en el camino, observar y dejarte llevar por el ritmo pausado de una espiritualidad cotidiana que sigue muy viva, aunque no haga ruido.
Pagoda Chua Ba Thien Hau
La Pagoda Chua Ba Thien Hau es, probablemente, la más conocida de Cholon, y con razón. Dedicada a la diosa del mar que protege a los navegantes, este templo es un espectáculo de arquitectura, tradición y atmósfera. Desde la entrada ya impresiona con sus tejados decorados con figuras de porcelana que cuentan historias mitológicas chinas en miniatura. Pero es al cruzar el umbral cuando realmente te atrapa.

El humo del incienso se enreda con los rayos de luz que entran por el techo, creando una atmósfera mágica. Los espirales colgantes, las ofrendas coloridas y el silencio de los fieles le dan al lugar una energía única. Es uno de esos templos donde el tiempo parece detenerse y cada rincón cuenta una historia. Un imprescindible para entender el alma espiritual de Saigón.

Pagoda Phuoc An Hoi Quan
Phuoc An Hoi Quan es una explosión de color, detalles y energía espiritual que te deja sin palabras desde el primer momento. Aunque no sea tan famosa como Ba Thien Hau, es fácilmente una de las más bellas y fotogénicas de Cholon

.Está dedicada al general Quan Cong, símbolo de lealtad y justicia. Desde las columnas talladas hasta los altares llenos de ofrendas, todo transmite devoción. Dragones custodian el lugar, los techos muestran escenas detalladas y el incienso ardiendo flota en un ambiente sereno.

Esa misma noche, con la mochila ya preparada y el cuerpo cansado pero el corazón lleno, tocaba despedirme de Saigón. Tenía un vuelo interno rumbo a Hué, y mientras esperaba en el aeropuerto, no podía evitar sentir una mezcla rara de emoción y melancolía. Me costaba dejar atrás esa ciudad que, en tan poco tiempo, me había dado tanto. Saigón se me quedó pegada a la piel, con su ruido, su historia, su energía caótica y sus silencios llenos de significado. Me iba sabiendo que volver no es una promesa, pero sí un deseo.
Dónde dormir en Saigón
Saigón ofrece alojamiento para todos los gustos y presupuestos. Si viajás con mochila al hombro, lo más práctico y animado es dormir cerca de Bui Vien, la famosa calle mochilera. Hay hostales económicos, ambiente social y todo queda cerca. Si prefieres algo más tranquilo pero igual de céntrico —como fue mi caso— el Distrito1 es una excelente opción. Estás cerca de todo, pero sin el ruido constante de la vida nocturna.
Buscando en Booking encontré el Ann Home, un alojamiento con muy buena pinta y un precio sorprendentemente bajo. Al hacer la reserva, te informan que la entrada se comparte con un spa, algo curioso y bastante original. El check-in es muy sencillo: te envían un código para abrir la puerta del local cuando está cerrado al público, lo que te da libertad para entrar y salir cuando quieras. Después de mi estancia, lo recomiendo por su limpieza, su excelente ubicación y la amabilidad del personal.
Dónde comer en Saigón
Saigón es un festín con patas. Comer aquí no es solo cuestión de llenar el estómago, es parte fundamental del viaje. Cada esquina huele a algo distinto: carne a la parrilla, fideos humeantes, sopa con hierbas frescas o pan recién horneado. La ciudad vibra también desde sus puestos callejeros, mercados abarrotados y pequeños restaurantes escondidos que te sorprenden cuando menos lo esperás.
No hace falta gastar mucho ni buscar demasiado. Solo hay que dejarse llevar por el aroma, mirar dónde comen los locales y animarse a probar algo nuevo.
Bếp Mẹ Ỉn
Si hay un lugar en Saigón donde comer se convierte en una experiencia casera y especial, ese es Bếp Mẹ Ỉn, en la calle Lê Thánh Tôn, al lado del mercado Ben Thanh. Lo encontré casi por casualidad, escondido en un callejón que ya te hace sentir que vas a descubrir algo bueno. El local está decorado como una casa tradicional vietnamita, con lámparas de mimbre, madera vieja y platos de cerámica que te hacen sentir como en la cocina de una abuela del delta.

La comida es una maravilla. Todo lo que probé tenía ese sabor auténtico y reconfortante que no siempre se encuentra en los lugares turísticos. El banh xeo (pancake vietnamita crujiente) estaba increíble, y el arroz servido en una cáscara de coco fue una sorpresa deliciosa. Además, el servicio fue súper amable, de esos que te hacen sentir bienvenido desde que entras.

Izakaya Unatoto
Justo debajo de mi alojamiento, el Izakaya Unatoto, me llamó la atención por su fachada discreta y el ambiente cálido que se adivinaba desde afuera. Al entrar, el lugar tenía todo lo que uno espera de una buena izakaya: madera oscura, farolillos, barra con cocina a la vista y ese murmullo tranquilo que invita a quedarse un rato largo.
Probé el unadon, un bol de arroz cubierto con anguila glaseada en salsa dulce-salada, y todavía lo recuerdo. Jugoso, bien cocido y con ese sabor que te hace cerrar los ojos de gusto. Sumé un poco de sushi tradicional y una cerveza japonesa, y tuve una cena redonda. El precio, razonable; el servicio, rápido y muy amable.

Si quieres un respiro de la comida vietnamita sin caer en lo genérico, Izakaya Unatoto es una gran opción. Está en el número 8A/11C2 Thái Văn Lung, Bến Nghé, Distrito 1, ideal para cerrar el día con algo distinto y muy bien hecho.


