Qué ver y hacer en Baalbeck, la ciudad de los templos romanos

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Después de pasar varios días visitando Siria, tocaba el turno de conocer un poco el Líbano. Corría el año 2005, y en esa época, era posible viajar a esa zona con seguridad. El viaje lo hice con varios amigos. En aquel entonces, Jesús y yo ni siquiera nos conocíamos.

El lugar que más nos impresionó de todo el país, sin ningún lugar a dudas, fue Baalbeck.

Está en el valle de la Bekaa, en el corazón fértil del Líbano. En una zona rodeada de viñedos, campos de trigo y montañas imponentes, sr alza uno de los tesoros arquitectónicos más impactantes del mundo antiguo: Baalbeck, la ciudad de los templos titánicos, epicentro de una espiritualidad milenaria y una auténtica joya de la arquitectura grecorromana.

Llegamos a Baalbeck desde Beirut, la capital del país, que se encuentra a unos 85 kilómetros. La carretera serpentea entre montañas escapadas, pasando por pueblos y viñedos, y culmina en una ciudad que parece brotar de la tierra misma con su monumentalidad intacta.

  • En coche desde Beitut: unas dos horas, dependiendo del tráfico y de los controles de seguridad.
  • Tours organizados: agencias de Beirut ofrecen excursiones de un día, muchas de ellas incluyen también Anjar y Ksara.
  • Seguridad: Aunque Baalbeck se encuentra en una región con presencia política compleja, es accesible y segura si se visita con precaución y asesoría local actualizada.

Los primeros asentamientos en la zona de Baalbeck se remontan al 3000 a. C, aunque el lugar empezó a ganar importancia religiosa en la época cananea (hacia el 2000 a.c.).

El nombre “Baalbeck” deriva de “Baal” dios cananeo del trueno, el cielo y la fertilidad, y “Bekaa”, el nombre del valle. En aquella época, era un centro de culto solar, relacionado con los ciclos agrícolas y con el poder divino de la naturaleza.

Los fenicios, herederos culturales de los cananeos, continuaron con el de culto es este santuario y, levantaron santuarios dedicados a Baal-Hadad y otras deidades semíticas, como Astarté (diosa del amor y la guerra) y Adonis.

Tras la conquista de Alejandro Magno en el siglo IV a.C., la región quedó bajo influencia griega. Baal fue sincretizado con Helios, el dios del sol y el nombre del lugar pasó a ser Heliópolis (“Ciudad del Sol”). En esta época comenzó un proceso de reinterpretación religiosa: las deidades locales fueron equiparadas a las griegas y luego, más adelante, a las romanas.

Con la llegada de los romanos, Baalbeck se convirtió en uno de los mayores centros religiosos del Imperio Romano. Durante los siglos I al III d.C., se construyeron templos colosales en honor a Júpiter, Baco y Venus. El culto en Heliópolis atraía peregrinos de muchas zonas.

Con la llegada del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV, el culto pagano fue gradualmente suprimido. Muchos templos fueron abandonados, destruidos o reconvertidos en iglesias. Durante el reinado de Teodosio (siglo IV), se construyó una basílica cristiana sobre parte del complejo del templo de Júpiter. Sin embargo, los edificios romanos ya eran tan colosales, que muchos sobrevivieron en pie, aunque cambiaron de funciones.

Tras la conquista árabe (636 d.C.), Baalbeck quedó bajo el dominio de los omeyas, quienes construyeron una mezquita dentro del complejo romano, usando columnas y materiales antiguos. El lugar se convirtió principalmente en una ciudad fortificada. Durante las cruzadas y el periodo mameluco, Baalbeck fue escenario de batallas, reconstrucciones y cambios administrativos. Su importancia religiosa se redujo, pero su naturaleza estratégica de mantuvo.

Durante siglos, las ruinas de Baalbeck quedaron semiocultas bajo tierra y escombros, aunque siempre asombraron a viajeros, peregrinos y mercaderes. Exploradores europeos del siglo XVII y XVIII, comenzaron a documentarlas y a escribir relatos, que asombraron a Occidente. A partir de 1898, los alemanes iniciaron las primeras excavaciones. Más tarde, bajo mandato francés (1920-1943), hubo programas de restauración.

El Líbano independiente ha invertido mucho dinero en la preservación de Baalbeck ya que es todo un símbolo nacional.

Hoy, el lugar es Patrimonio Mundial de la UNESCO (desde 1984) y uno de los mayores orgullos arqueológicos del Líbano.

Muchos arqueólogos consideran que el conjunto de Baalbeck rivaliza (e incluso supera) en escala y conservación, a las ruinas de Roma y Atenas. Yo no diría tanto, al menos respecto a Roma. Lo único que puedo asegurar, es que, para mí, es de los sitios más impresionantes que he visto en mi vida.

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Baalbeck es sencillamente impresionante y dentro del complejo podemos visitar varios lugares.

Dentro del complejo monumental de Baalbeck se alza, bueno, más bien se sugiere uno de los templos más gigantescos de la historia antigua: el Templo de Júpiter Helioplitano. Hoy en día solo quedan seis columnas en pie, pero su escala, historia y simbolismo lo convierten en una de las obras más asombrosas del legado romano.

El Templo de Júpiet fue el edificio más grande jamás construido en honor a un dios en todo el imperio romano. Su tamaño era tan descomunal que sobrepasaba al mismísimo Panteón de Roma.

Dimensiones estimadas del templo:

  • Largo: 88 metros.
  • Ancho: 48 metros.
  • Altura de las columnas: 20 metros.
  • Diámetro de las columnas: 2,2 metros.

Las columnas originales eran 54, de las cuales solo 6 quedan en pie. El material principal era de piedra caliza dorada local, tallada y ensamblada con una precisión asombrosa. Estas columnas corintias, con sus capiteles labrados, siguen desafiando al tiempo y son el ícono visual de Baalbeck.

Este templo estaba dedicado a una versión sincrética del dios romano Júpiter, combinada con las deidades semíticas locales como Baal-Hadad, dios del trueno y la fertilidad y Dios del Sol (de ahí el nombre “Heliópolis”, que significa “Ciudad del Sol”).

Pero el templo no es solo maravilloso por lo que está encima, sino también por lo que hay debajo: la plataforma de la base. Está compuesta por gigantescos bloques de piedra tallada, entre ellos los famosos Trilitones, que pesan más de 800 toneladas cada uno.

Este templo no era un centro de oración común: era un centro ceremonial imperial, donde ser realizaban rituales de Estado, sacrificios, procesiones y celebraciones del poder romano y su conexión con lo divino. Estaba rodeado de un gran patio, escaleras monumentales y altares al aire libre.

Si el Templo de Júpiter debió de ser impresionante, el de Baco no se le queda a la zaga, ya que es una de las estructuras romanas mejor conservadas del mundo antiguo. Deslumbra por su fantástico estado de conservación, su riqueza decorativa y sus enormes dimensiones.

Baco (o Dionisio en la tradición griega) era el dios del vino, la fertilidad, el teatro y el éxtasis ritual. Su culto, muy popular en el mundo grecorromano, celebraba la conexión entre naturaleza, placer y espiritualidad.

Construido en el siglo II d.C., durante el auge del Imperio Romano, el Templo de Baco es una obra maestra de arquitectura clásica, perfectamente proporcionada y finamente decorada.

Dimensiones del templo:

  • Medidas: 66 metros de largo por 35 de ancho.
  • Altura de las columnas: 19 metros.
  • Columnas exteriores: 42, de las cuales, muchas aún se mantienen en pie.
  • Estilo: Corintio, con detalles ornamentales muy elaborados.

A diferencia del Templo de Júpiter, que está parcialmente derruido, el de Baco mantiene su techo, frontón y muros interiores, lo que permite apreciar su estructura casi en su totalidad.

El interior del templo es una maravilla:

  • Relieves florales y astrales decoran techos y cornisas.
  • Esculturas de sátiros, ninfas y uvas decoran la atmósfera festiva del dios del vino.
  • Frisos esculpidos con escenas mitológicas dionisíacas.
  • Una escalinata monumental conduce a un sanctasanctórum elevado, donde se encontraba la estatua del dios.
Con Montse y Marta en el templo de Baco, en Baalbeck.
Con Montse y Marta en el templo de Baco, en Baalbeck.

Este templo, aunque más pequeño que los imponentes Templos de Júpiter y Baco de los que acabamos de hablar, destaca por su belleza delicada y su inusual diseño. Fue construido en el siglo III d.C., durante la época romana tardía, y probablemente estuvo dedicado a una versión local de la diosa Venus, relacionada con el amor, la fertilidad y la protección de la ciudad.

Características principales:

  • Planta semicircular, única en la arquitectura romana de la zona.
  • Decoración elegante con columnas corintias, nichos y relieves florales.
  • Ubicado en un pequeño promontorio, con vistas al resto del complejo.

Más adelante, el templo fue transformado en una iglesia cristiana dedicada a Santa Bárbara, lo que permitió que gran parte de su estructura sobreviviera.

Situado entre la imponente escalinata del Templo de Júpiter y el Propileo de entrada, el Gran Patio (también llamado Plaza del Altar), era el epicentro ceremonial del complejo religioso de Baalbeck. Su función no era solo arquitectónica, sino profundamente simbólica: aquí se reunían fieles, se realizaban rituales públicos y se organizaban grandes procesiones religiosas en honor a Júpiter y otras deidades.

Propileo de entrada. Baalbeck.
Propileo de entrada. Baalbeck.

Características principales:

  • Dimensiones: aproximadamente 100 x 90 metros.
  • Pavimentado con losas de piedra, algunas aún visibles en su ubicación original.
  • Rodeado por columnatas con exedras (espacios semicirculares) donde se encontraban esculturas o se celebraban reuniones.
  • Acceso desde el Propileo (puerta monumental de entrada) y conexión directa con la escalinata del templo principal.

Era un espacio de transición entre el mundo profano y el recinto sagrado, donde se realizaban: rituales públicos y sacrificios en el altar central, así como procesiones religiosas durante las festividades. También se reunían los peregrinos y ciudadanos y servía para la observación astronómica y solar.

En el centro del Gran Patio estaba el Gran Altar, hoy parcialmente destruido, donde se realizaban sacrificios visibles desde todos los puntos del recinto.

Exedras. Baalbeck.
Exedras. Baalbeck.

La piedra de la mujer embarazada (Hadjar el Hibla‎ en áraba) o piedra del sur (Hadjar el Gouble‎) es un monolito situado también en Baalbeck, pero fuera del complejo arqueológico. Nosotros no fuimos a verla, ni siquiera sabía de su existencia hasta ahora que me he puesto a escribir sobre Baalbeck.

Está considerada como una de las rocas más grandes jamás talladas por el hombre, por detrás de otros dos bloques de piedra descubiertos en la misma cantera en 1990 y 2014 respectivamente.

Estos tres monolitos, que permanecen inacabados, estaban probablemente destinados a la construcción del cercano templo de Júpiter. Se desconoce el procedimiento por el cual unas piedras de tales dimensiones iban a ser transportadas y erigidas con la tecnología de la época. El enorme tamaño de los tres monolitos impidió su transporte y fueron abandonados tras resquebrajarse.​

El bloque de piedra permanece todavía en la antigua cantera situada a 900 metros del complejo de los templos de Baalbeck. Se estima que el peso es de unas 1000 toneladas​.

Tras pasar la mañana visitando las ruinas, comimos en un restaurante con estas magníficas vistas. No hay duda de que fue la mejor manera de terminar la visita de este impresionante lugar, uno de lo complejos arqueológicos que más me han gustado de todos los que he visitado a lo largo de mi vida.