Khiva

Qué ver en Khiva: guía completa para visitar la ciudad amurallada

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En el oeste de Uzbekistán, a las puertas del desierto de Kyzylkum, se encuentra Khiva, una de las ciudades mejor conservadas y más evocadoras de Asia Central. Antigua parada clave en la Ruta de la Seda, aún mantiene la esencia de un pasado en el que caravanas de comerciantes, eruditos y viajeros cruzaban sus murallas cargados de historias y mercancías.

Llegar a Khiva es como dar un paso atrás en el tiempo. Su casco antiguo, rodeado por imponentes murallas de barro, conserva una armonía sorprendente donde cada edificio cuenta algo y cada calle invita a perderse sin rumbo. La ciudad cambia con la luz: al amanecer y al atardecer, los tonos dorados resaltan los muros de adobe y los azulejos turquesa de minaretes y cúpulas.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Khiva no es solo un conjunto de monumentos, sino un lugar que se siente. Pasearla es entender su importancia en las rutas comerciales que unían Oriente y Occidente… y dejarse llevar por una atmósfera que sigue intacta siglos después.

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Llegar a Khiva no es complicado, pero sí requiere cierta planificación, ya que no tiene aeropuerto propio. Aun así, el viaje forma parte de la experiencia por Asia Central.

La opción más rápida es volar hasta Urgench, que es la ciudad más cercana a Khiva (a unos 35 km).

  • Desde Tashkent salen vuelos diarios.
  • El trayecto dura aproximadamente 1 hora y 30 minutos.
  • Aerolíneas como Uzbekistan Airways operan esta ruta.

Una vez en Urgench, puedes llegar a Khiva en:

  • Taxi (30–40 minutos, opción más cómoda).
  • Marshrutka (furgonetas compartidas, más barato pero menos cómodo).

También puedes viajar en tren desde Tashkent o Bukhara hasta Urgench o incluso directamente a Khiva (dependiendo de la línea y temporada).

  • Duración desde Tashkent: entre 12 y 16 horas.
  • Hay trenes nocturnos con literas, bastante utilizados por viajeros.
  • Es una opción más económica y pintoresca.

Nosotros llegamos desde Bujará hasta Urgench, en un trayecto que duró 5:15 horas ( 05:42-10:57 a.m.). Cogimos en litera, en principio un compartimento para los cuatro. Cual fue nuestra sorpresa cuando al llegar al tren, vimos que la distribución de los espacios no era la misma que en la página web y uno de “nuestros” espacios ya estaba ocupado. Una vez en Urgench, nos fueron a recoger los dueños del alojamiento de Khiva.

Si te gusta la aventura, puedes llegar por carretera desde otras ciudades importantes:

  • Desde Bukhara: unas 6–8 horas atravesando el desierto. Se suele aprovechar el trayecto para visitar los castillos del desierto.
  • Desde Nukus: unas 3–4 horas

Puedes hacerlo en:

  • Taxi privado.
  • Transporte compartido.
  • Tour organizado.
  • ✈️ Más rápido: vuelo a Urgench + taxi.
  • 🚆 Más económico: tren nocturno.
  • 🚗 Más aventurero: carretera por el desierto.

Llegar a Khiva puede llevar tiempo, pero precisamente ese aislamiento es lo que ha permitido que conserve su autenticidad. Y cuando atraviesas sus murallas por primera vez, entiendes que el viaje ha merecido completamente la pena.

La historia de Khiva se remonta a más de 2.500 años, vinculada al antiguo oasis de Corasmia, una civilización que floreció gracias a su ubicación estratégica entre ríos y desiertos. Según la leyenda, la ciudad nació alrededor de un pozo llamado Kheyvak, descubierto por Sem, hijo de Noé, lo que ya da una idea del profundo carácter mítico que envuelve sus orígenes.

A lo largo de la Antigüedad, Khiva fue un importante enclave en las rutas comerciales que conectaban Persia, India y China. Su posición en la Ruta de la Seda la convirtió en un punto de encuentro entre culturas, religiones y conocimientos, favoreciendo el desarrollo de una rica vida urbana.

Estatua de la “Caravana de Camellos”.

Durante el siglo VII, la llegada del islam transformó profundamente la región, incorporando Khiva al mundo cultural y religioso musulmán. Posteriormente, en el siglo XIII, la invasión de los mongoles liderados por Gengis Kan supuso una gran destrucción, aunque la ciudad logró recuperarse con el tiempo gracias a su valor estratégico.

En los siglos posteriores, Khiva vivió etapas de esplendor y decadencia hasta que, en el siglo XVI, se consolidó como la capital del Kanato de Jiva. Bajo este poder, la ciudad se fortaleció política y económicamente, levantando muchas de las madrasas, mezquitas y palacios que hoy se conservan.

Sin embargo, esta prosperidad tuvo un lado oscuro: Khiva se convirtió en uno de los principales centros de comercio de esclavos de Asia Central. Durante siglos, miles de personas fueron capturadas y vendidas en sus mercados, lo que marcó profundamente su historia.

En 1873, el Imperio Ruso conquistó el kanato, integrándolo en su esfera de influencia y poniendo fin al comercio de esclavos. Más tarde, tras la Revolución Rusa, Khiva pasó a formar parte de la Unión Soviética, lo que trajo cambios políticos y sociales, pero también contribuyó a la conservación de su patrimonio histórico.

Hoy, Khiva es un testimonio excepcional de todas estas etapas. Su ciudad antigua, Ichan Kala, ha llegado hasta nuestros días prácticamente intacta, permitiendo a los visitantes recorrer siglos de historia en un solo lugar.

Lo primero que sorprende: entrar en la ciudad amurallada de Ichan Kala es gratis. Puedes pasear, callejear y disfrutar del ambiente sin pagar nada. Pero si quieres entrar a los monumentos (madrasas, mezquitas, palacios), necesitas comprar un ticket único o “Khiva Pass”.

  • 🎫 Entrada única: No se venden entradas sueltas para cada monumento.
  • Validez: 48 horas desde que lo compras.
  • 📍 Dónde comprarla: En las puertas principales (Oeste y Este).
  • Precio para extranjeros:
    • Adultos: 250.000 soms uzbekos.
    • Niños: 125.000 soms uzbekos.
    • Precios mucho más baratos para nacionales uzbekos.

👉 Es como un pase conjunto que te permite entrar libremente a casi todos los edificios durante esos días.

Aunque el pase cubre la mayoría de monumentos, hay extras que se pagan aparte:

  • Subir al minarete Islam Khodja: 100.000 soms.
  • Pasear por las murallas: 40.000 soms.
  • Mausoleo de Pahlavan Mahmud: 50.000 soms.
  • La mayoría de monumentos: De 09:00 – 18:00 horas.
  • La ciudad (Ichan Kala): Abierta siempre, ya que hay gente viviendo dentro.

En el corazón de Khiva se encuentra Ichan Kala, su ciudad antigua amurallada y uno de los conjuntos arquitectónicos mejor conservados de toda Asia Central. Rodeada por imponentes murallas de adobe de hasta 10 metros de altura, esta ciudadela histórica es mucho más que un simple casco antiguo: es un auténtico museo al aire libre donde cada rincón respira historia.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Ichan Kala alberga más de 50 monumentos históricos y cientos de viviendas tradicionales. Pasear por su interior es como retroceder varios siglos en el tiempo, entre calles estrechas, minaretes decorados con azulejos turquesa, madrasas majestuosas y patios silenciosos.

Pero más allá de sus monumentos, lo que hace especial a Ichan Kala es su atmósfera: al amanecer o al atardecer, cuando la luz baña las murallas y el bullicio desaparece, la ciudad revela su esencia más auténtica.

Visitar Ichan Kala no es solo hacer turismo, es sumergirse en la historia viva de la Ruta de la Seda.

En pleno corazón de Ichan Kala se alza el impresionante Kalta Minor, uno de los monumentos más reconocibles y fotografiados de Uzbekistán. Su silueta robusta y su espectacular revestimiento de azulejos en tonos turquesa lo convierten en una auténtica joya arquitectónica.

Construido en el siglo XIX, el Kalta Minor fue concebido como el minarete más alto del mundo islámico, pero nunca llegó a completarse. Aun así, su diseño inacabado es precisamente lo que le da su carácter único: en lugar de ser esbelto y elevado, presenta una forma ancha y poderosa que lo distingue de cualquier otro minarete de la región.

Su superficie está completamente decorada con cerámica vidriada, creando un efecto visual fascinante que cambia con la luz del día. Al amanecer y al atardecer, sus colores se intensifican, convirtiéndolo en uno de los rincones más mágicos de Khiva.

Más que un simple monumento, Kalta Minor es un símbolo de la ciudad y una parada imprescindible para cualquier viajero que quiera entender la belleza y singularidad de la arquitectura de la Ruta de la Seda.

Justo frente al imponente Kalta Minor se encuentra la Madrasa Muhammad Amin Khan, una de las construcciones más majestuosas de Khiva y la mayor madrasa de toda Asia Central.

Construida a mediados del siglo XIX, durante el mandato del kan Muhammad Amin Khan, este edificio refleja el poder y la ambición del kanato en su época de esplendor. Su imponente fachada, decorada con azulejos en tonos azules y turquesa, da paso a un amplio patio interior rodeado de antiguas celdas donde estudiaban los alumnos.

Con más de 100 habitaciones distribuidas en dos plantas, la madrasa no solo era un centro educativo, sino también un importante núcleo cultural y religioso. Hoy en día, ha sido reconvertida en hotel, ofreciendo a los viajeros la oportunidad única de alojarse en un entorno histórico lleno de encanto. Los precios son bastante altos comparados con los del resto de la ciudad, pero dormir allí debe ser una experiencia única. Nuestro alojamiento, mucho más modesto, estaba justo enfrente.

Esta mezquita es uno de los lugares más sorprendentes y singulares de Uzbekistán. Por fuera, su exterior sobrio no anticipa la maravilla que guarda en su interior.

Al cruzar sus puertas, nos encontramos con un impresionante “bosque” de más de 200 columnas de madera tallada, muchas de ellas con siglos de antigüedad. Cada columna es diferente, con detalles únicos que reflejan distintas épocas, ya que algunas fueron reutilizadas de construcciones anteriores.

A diferencia de otras mezquitas, la Juma no cuenta con grandes cúpulas ni elaborados patios, lo que le da una atmósfera íntima y casi mística.

La luz natural entra suavemente a través de aberturas en el techo, creando juegos de sombras que convierten el espacio en una experiencia visual y sensorial inolvidable.

Para nuestra pena, a fecha de nuestra visita (marzo 2026), la mezquita estaba de obras y sólo se podía ver parte del patio de columnas.

El minarete Juma es uno de esos rincones singulares de Jiva que sorprenden por su sencillez y carácter. A diferencia de los grandes minaretes decorados que dominan el horizonte de Khiva, este destaca por su forma más sobria y su integración con el entorno.

Muy cercano a la mezquita Juma, este minarete formaba parte de la vida religiosa cotidiana, marcando los tiempos de oración y sirviendo como punto de referencia dentro de la ciudad amurallada. Está cerrado temporalmente (a fecha de marzo d 2026).

  • Dirección: 99H6+32Q, Unnamed Rd, Xiva, Xorazm Viloyati, Uzbekistán.

Uno de los lugares que más nos gustaron de Khiva fue este Palacio, una de las residencias más refinadas y fascinantes de Khiva. Construido en el siglo XIX, este palacio fue utilizado como harén por los kanes, ofreciendo un vistazo íntimo a la vida de la élite gobernante.

A diferencia de otros edificios más monumentales, el Toshhovli sorprende por la delicadeza de sus detalles. Sus patios interiores están decorados con exquisitos azulejos en tonos azules, tallas de madera finamente trabajadas y columnas ornamentadas que reflejan el alto nivel artístico de la época.

El complejo está organizado en torno a varios patios, cada uno con funciones específicas, lo que permite imaginar cómo era la vida cotidiana dentro del palacio. La combinación de arquitectura, decoración y distribución crea un ambiente elegante, tranquilo y lleno de historia.

Visitar el Palacio Toshhovli es descubrir el lado más íntimo y sofisticado de Khiva, lejos de las grandes estructuras, pero igual de impresionante.

  • Horario: Abierto de 09:00 a 18:00 horas.
  • Precio: Está dentro dela entrada general de Khiva.

Seguimos conociendo el de la mágica Ichan Kala, donde cada rincón parece sacado de un cuento de la Ruta de la Seda y nos topamos con uno de los conjuntos más elegantes y fotogénicos de la ciudad: el Complejo Islam Khodja.

El complejo fue construido a principios del siglo XX por Islam Khoja, un visir progresista que quiso acercar su ciudad a la modernidad sin perder la esencia tradicional. El resultado es un conjunto armonioso formado por una madrasa y un minarete que, aunque más “recientes” que otros monumentos de Khiva, desprenden una elegancia única.

La joya del complejo es, sin duda, el Minarete Said Islam Khodja, el más alto de la ciudad con sus 45 metros. Es esbelto, decorado con bandas de cerámica azul y turquesa, y destaca en el horizonte como una aguja que conecta la tierra con el cielo del desierto. Este elegante minarete ofrece una perspectiva única de la ciudad amurallada.

Es posible subir hasta la cima es toda una aventura: una estrecha escalera de caracol conduce hasta el mirador, donde la recompensa es simplemente espectacular.

Desde arriba, se puede contemplar un mar de cúpulas turquesa, minaretes y murallas de adobe que parecen sacadas de otra época.

Si hay un lugar para entender la magia de Khiva en su totalidad, es desde lo alto del minarete Islam Khoja.

Junto al minarete se encuentra la Madrasa Islam Khodja, una de las más pequeñas de Khiva, pero también una de las más encantadoras. Sus celdas hoy albergan pequeñas exposiciones, y su patio interior es un oasis de tranquilidad donde puedes sentarte un rato a desconectar.

  • Horario: Abierto de 09:00 a 18:00 horas.
  • Precio:
    • Se puede entrar a la mezquita con la entrada general de Khiva.
    • Subir al minarete: 100.000 soms uzbekos.

Construida a finales del siglo XIX bajo el mandato del propio kan que le da nombre, este edificio fue durante años un importante centro de enseñanza religiosa.

Lo primero que llama la atención al llegar es su equilibrio: líneas sencillas, proporciones armoniosas y un ambiente que invita a bajar el ritmo. Lejos del bullicio, su patio interior ofrece un remanso de paz donde es fácil imaginar la vida cotidiana de los estudiantes que residían aquí.

Con el paso del tiempo, la madrasa ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Hoy, integrada en el casco histórico de Itchan Kala, alberga pequeños espacios dedicados a la artesanía y la cultura local, lo que la convierte en una parada interesante tanto para curiosos como para amantes de la historia.

Visitarla es descubrir una cara más íntima de Jiva. La verdad es que a pesar de su majestuosidad exterior, nos esperábamos “algo más”.

Otra visita fue a esta fortaleza, que durante siglos fue el centro del poder de los kanes de Jiva. Más que un simple palacio, este complejo era una pequeña ciudad dentro de la ciudad, donde se tomaban decisiones políticas, se impartía justicia y se celebraban ceremonias oficiales.

Al cruzar sus muros nos encontramos con. patios amplios, salas de audiencias y rincones que conservan la huella de la vida cortesana. Uno de los lugares más llamativos es el salón del trono, decorado con azulejos y columnas de madera tallada, desde donde el kan gobernaba su territorio.

A pesar de su importancia histórica, el ambiente que se respira hoy es sorprendentemente tranquilo. Pasear por el Kuhna Ark Palace permite imaginar el bullicio de otra época, pero también disfrutar de una visita pausada, casi íntima. Su mayor atractivo es el Ak Shikh – Bobo Tower, donde la gente se agrupa para conseguir la mejor fotografía de Khiva. El momento más recomendable para disfrutar de sus vistas es el atardecer, mientras los tonos anaranjados cubren la ciudad.

Uno de los lugares que más me gustaron de Khiva fue este lugar. El Mausoleo de Pahlavan Mahmoud es uno de los lugares más emblemáticos y evocadores de Jiva, un rincón donde la historia se mezcla con la devoción. Este complejo está dedicado a Pahlavan Mahmoud, una figura legendaria del siglo XIV conocida tanto por su habilidad como luchador como por su faceta de poeta y santo sufí, profundamente respetado en toda la región.

Desde el exterior, lo primero que nos llama la atención es su inconfundible cúpula turquesa, que refleja la luz con una intensidad casi hipnótica. Entré yo sola a ver el mausoleo por dentro, ya que había que pagar una pequeña entrada y mis amigos no quisieron.

Si por fuera ya impresiona, es al cruzar sus puertas cuando el lugar revela su verdadera esencia: un interior impresionantemente decorado con azulejos, inscripciones y detalles que invitan a detenerse y observar con calma. Un lugar mágico, de una belleza increíble.

El conjunto, ampliado en distintas épocas, incluye no solo el mausoleo, sino también un patio y espacios que refuerzan su carácter de lugar sagrado. Sin lugar a dudas, un lugar imperdible.

El ambiente aquí es distinto al de otros monumentos de Jiva. Es más íntimo, más espiritual. En una de sus salas había visitantes locales rezando, lo que añadió una dimensión especial a la visita.

Situada en pleno centro de Ichan Kala, justo a la entrada del mausoleo del que acabamos de hablar, esta madrasa fue construida por orden de Shergazi Khan principios del siglo XVIII. Se llevó a cabo por esclavos capturados en una batalla, que debían ser liberados tras el termino de la obra. Esta no se llegó a terminar ya que Shergazi Khan fue asesinado por los esclavos. Su enterramiento se encuentra aquí mismo.

Esta madrasa es una de las más grandes y antiguas madrasas de Jiva y tiene otro nombre popular-, “Mascagni fazilan” (“Casa de Sabiduría”). Eso se debe a que aquí estudiaban muchos poetas y científicos eminentes no sólo de Khiva sino también de los estados vecinos.

La madrasa Qutlug Murod Inoq es uno de esos rincones de Jiva que, sin ser el más famoso, consigue atrapar al viajero con su autenticidad. Se construyó a comienzos del siglo XIX financiada por un influyente visir del kanato, y durante años funcionó como centro de enseñanza religiosa.

A primera vista, su estructura sigue el esquema clásico de las madrasas de Asia Central: un patio interior rodeado de pequeñas celdas donde vivían los estudiantes. Sin embargo, hay un detalle que la hace única: en su interior se encuentra la tumba de su propio fundador, algo poco habitual en este tipo de edificios y que añade un aire especial al conjunto.

La decoración combina azulejos tradicionales con una arquitectura sobria, creando un equilibrio muy característico de Jiva.

Cuando la visitamos, había una familia que se dedicaba al espectáculo practicando uno de los números de la función que iba a haber esa tarde.

Justo enfrente de la anterior madrasa, encontramos esta, una de las más destacadas de Jiva, tanto por su historia como por su ubicación estratégica dentro de la ciudad amurallada de Itchan Kala. Fue construida en el siglo XIX por orden de Allakuli Khan, uno de los gobernantes más influyentes del kanato, y formaba parte de un ambicioso proyecto para convertir Jiva en un importante centro cultural y comercial.

A diferencia de otras madrasas más discretas, esta llama la atención por su tamaño y por la riqueza de su decoración. Es realmente impresionante. Su fachada está adornada con azulejos de tonos azules y verdes, creando un contraste precioso con los muros de adobe de la ciudad. Al entrar, vemos un amplio patio rodeado de celdas, 99 en total, que en su día alojaron a estudiantes venidos de distintos lugares. A día de hoy, es una de las madrasas más grandes de Khiva y alberga un museo de historia de la medicina.

Además de su función educativa, la madrasa estaba vinculada al cercano bazar y a la vida comercial de la ciudad, lo que le daba un carácter dinámico y muy conectado con el día a día de Jiva.

Lugar, situada en un lateral entre las dos anteriores madrasas, que pasa totalmente desapercibida. Sobre todo, porque no tiene el aspecto habitual de las madrasas de Khiva y porque en la actualidad es una tienda de alfombras.

Subir a las murallas de Khiva es uno de esos planes sencillos que terminan siendo inolvidables. Basta con encontrar una de las escaleras de acceso y, poco a poco, dejar atrás el laberinto de calles para ganar altura y perspectiva. Subimos la segunda y última tarde que estuvimos en Khiva, y accedimos a través de las escaleras que están justo a la Bagcha Darvaza (Puerta Norte). También es posible subir en la zona de la puerta sur.

Arriba, el paseo discurre tranquilo, con vistas que parecen sacadas de una maqueta: minaretes, cúpulas azules y patios interiores asomando entre muros de adobe. A un lado, la ciudad histórica; al otro, al otro la ciudad “moderna”. El contraste es hipnótico.

Lo mejor es hacerlo al atardecer, cuando la luz tiñe Khiva de tonos dorados y todo adquiere un aire aún más mágico. Por desgracia la tarde que subimos nosotros, el cielo estaba cubierto y no había muy buena luz. De todas formas, caminar por estas murallas no es solo un paseo, es sentir la ciudad desde otro tiempo, desde otra calma. Subimos con el tiempo un poco justo, apenas media hora antes de que se terminara la hora de cierre, pero aún así disfrutamos de la experiencia.

Un plan perfecto para dejarse llevar… y para recordar que, a veces, las mejores vistas llegan después de subir unos cuantos escalones.

  • Precio: 40.000 soms uzbekos.

A unos metros andando de los edificios anteriores, está la puerta este de la muralla. En su tiempo, fue uno de los accesos más importantes al mercado, por donde entraban y salían mercancías y viajeros.

Dirección: 99G6+RXJ, Khiva, Xorazm Region, Uzbekistán.

El minarete Juma es uno de esos rincones singulares de Jiva que sorprenden por su sencillez y carácter. A diferencia de los grandes minaretes decorados que dominan el horizonte de Khiva, este destaca por su forma más sobria y su integración con el entorno.

Muy cercano a la mezquita Juma, este minarete formaba parte de la vida religiosa cotidiana, marcando los tiempos de oración y sirviendo como punto de referencia dentro de la ciudad amurallada. Está cerrado temporalmente (a fecha de marzo 2026)

Ata Gate es una de las principales entradas a la ciudad histórica, un punto de paso que marca el inicio de un viaje al pasado. Nada más entrar, parece que cruzamos una frontera invisible entre el mundo moderno y el encanto intacto de Itchan Kala.

A diferencia de otras puertas más ornamentadas, Ata Gate destaca por su funcionalidad y su papel como acceso directo al corazón de la ciudad. Hoy en día, es una de las entradas más utilizadas por los visitantes, lo que la convierte en un lugar siempre lleno de movimiento.

Nada más cruzarla, el ambiente cambia: calles de adobe, monumentos históricos y una atmósfera que invita a explorar sin prisa. Es el comienzo perfecto para dejarse llevar por la magia de Jiva.

Esta es otra de las entradas aunque menos transitada que otras, conserva intacto el encanto de las antiguas entradas a la ciudad amurallada de Itchan Kala. Situada en una zona más tranquila, ofrece una experiencia más tranquilla y auténtica.

En su origen, esta puerta servía como uno de los accesos secundarios, utilizada principalmente por locales y comerciantes. Hoy en día está justo al lado de uno de los puntos de acceso de las murallas.

La última de las puertas de entrada que visitamos fue ésta. Menos conocida que otras entradas principales, este lugar ofrece una perspectiva diferente, muy tranquila.

En su día, Tash Darvaza cumplía una función clave en la defensa y organización de la ciudad, controlando el paso de personas y mercancías. Hoy, aunque el bullicio es menor, sigue siendo un punto interesante para entender cómo funcionaba la vida dentro de las murallas.

La madrasa Amir Tura, en el corazón de Jiva, es un pequeño tesoro de la ciudad amurallada. Construida en el siglo XIX, combina la funcionalidad de un centro de enseñanza con la elegancia discreta de la arquitectura uzbeka.

Su patio interior, rodeado de celdas y galerías, permite imaginar cómo era la vida de los estudiantes: estudio, oración y convivencia diaria. A pesar de su sobriedad, cada detalle refleja el cuidado con el que se diseñaron estos espacios.

Esta madrasa fue uno de nuestros grandes descubrimientos de Khiva. Su entrada es gratuita y además, no forma parte de los monumentos integrados dentro de la entrada general de Khiva. Y por dentro, se puede subir a los pisos superiores, que ofrecen una de las mejores vistas de la ciudad.

Casi enfrente de la anterior madrasa, encontramos esta pequeña mezquita, que solo vimos por fuera.

Madrasa que se concibió a principios del siglo XX como lugar de instrucción islámica, pero bajo el régimen soviético pasó a ser un museo del ateísmo, pasando a ser museo de la religión tras la independencia de Uzbekistán. Ahora alberga ” The Museum of Scholars”.

Situada justo enfrente del majestuoso minarete Kalta Minor, está madrasa, cuya fachada está decorada con coloridos mosaicos donde aparecen aves y formas casi fantásticas, algo poco habitual en la arquitectura islámica tradicional.

Actualmente tiene un restaurante en su interior.

Esta madrasa se encuentra muy cerca de la mezquita Juma. Aunque menos llamativa que otros edificios cercanos, tiene su propio encanto. Su patio interior no es muy grande. Actualmente, el museo “Historia de la Música de Khorezm” se encuentra en esta madrasa.  Entre las piezas expuestas, hay 352 que muestran la historia del desarrollo del arte musical de Khorezm desde la antigüedad hasta nuestros días.

Perderse por las callejuelas de Khiva es como caminar dentro de un museo al aire libre. Entre murallas de adobe y minaretes que parecen sacados de un cuento, cada rincón invita a bajar el ritmo y observar. No hay prisa: los niños juegan al fútbol o cantan delante de mezquitas y los artesanos trabajan a mano en sus casas con las puertas abiertas.

Callejear aquí no es solo moverse, es viajar en el tiempo. Basta con desviarse un poco de las calles más transitadas para descubrir patios escondidos, puertas talladas con siglos de historia y miradores improvisados desde donde la ciudad parece detenida en otra época.

La escultura de ” Los bailadores uzbekos”, al lado de la mezquita Juma captura el movimiento y la alegría en el corazón de Khiva. Las figuras, congeladas en plena danza, transmiten la energía de una tradición que sigue viva, llena de ritmo, color y expresión.

La escultura “Dos viejos amigos” es uno de esos detalles que te arrancan una sonrisa en Khiva. Representa a dos ancianos sentados, conversando y riendo con la calma que solo dan los años, como si el tiempo no tuviera prisa en alcanzarlos. Está a los pies del minarete Kalta Minor..

Para alojarnos en Khiva, elegimos este pequeño establecimiento familiar. Habitación con baño privado, sencilla pero limpia y amplia. Desayuno, abundante, incluido en el precio. La familia se encargó, con un coste extra, de ir a recogernos a la estación de tren y llevarnos dos días después al aeropuerto de Urgench. Amables y atentos.

Muy bien situado, a apenas un par de minutos del minarete Kalta Minor y justo enfrente de la parte trasera de la Madrasa Muhammad Amin Khan.

Para el primer almuerzo elegimos este lugar, uno de los más famosos de Khiva y con unas vistas increíbles de varios de los monumentos más importantes de la ciudad.

Los precios son más caros que la media del país, pero hay que tener en cuenta las vistas que tiene. Comida buena y postres exquisitos.

Sin duda, el restaurante que más nos gustó en Khiva. De hecho, repetimos. A unos metros del complejo Islam Khodja, tiene una terraza con vistas preciosas. Comida buenísima y buen precio, excepto el vino que es caro.

Situado fuera de las murallas, fuimos hasta allí para comer otro de los días. Comida buena, pero raciones más pequeñas que en otros sitios. Postres muy ricos.

Si Samarcanda y Bujará nos habían gustado, Khivanos enamoró. Me fuimos de Khiva con la sensación de haber estado dentro de un decorado, pero de los que son de verdad. De esos en los que todo encaja: las murallas, los minaretes, la luz dorada al atardecer y esa paz que lo envuelve todo.

No seguimos ningún plan concreto. Nos dejábamos llevar, entrando aquí y allá, subiendo donde se podía y parándonos a hacer fotos. Y creo que esa es la mejor forma de vivir Khiva: sin prisas, sin objetivos, simplemente caminando.

Al final, más que los monumentos (que son increíbles), nos quedamos con la sensación. Con esos momentos tontos de sentarnos a mirar, de perdernos sin querer o de ver cómo la ciudad cambiaba de color al caer el sol. El hecho de que la zona amurallada sea tan pequeña y haya tantos monumentos impresionantes para visitar dentro y que el resto de las construcciones haya mantenido su esencia, hace que parezca que se esté en el libro de las Mil y Una Noches en todo momento.

Y es curioso, porque hay sitios que te gustan… y otros, como Khiva, que se te quedan dentro.