Cuando pensamos en un viaje por Francia, lo primero que se nos viene a la cabeza es París, Disney o, como mucho, una ruta por los castillos del Loira. Pero Francia es mucho más, y a continuación hablaremos de una ruta por pueblos encantadores del sur, que visitamos en una escapada de 4 días desde Zaragoza.
Visitaremos la zona del Aveyron, un departamento que forma parte de la región de Occitania. El sur de Francia es super accesible desde España, y más si se parte desde Aragón, como fue nuestro caso. Pasamos noche en Aínsa, un precioso pueblo de Huesca, y a la mañana siguiente pusimos rumbo a Albi, donde pasaríamos la primera noche y adonde se llega en unas cuatro horas.
ALBI
Albi es una encantadora ciudad a orillas del río Tarn. No es demasiado grande, apenas unos 50000 habitantes, pero es famosa por su rico patrimonio medieval, su catedral, sus calles empedradas llenas de historia y por ser la ciudad natal del pintor Henri de Toulouse- Lautrec.

La historia de Albi se remonta a la época romana, pero su esplendor comenzó en la Edad Media, sobre todo durante la época de la herejía cátara en los siglos XII y XIII. La iglesia católica emprendió una cruzada contra los cátaros, conocida como Cruzada albigense, que lleva el nombre de la ciudad. Tras la represión, Albi se convirtió en un importante bastión del poder eclesiástico.
Lo primero que vimos en Albi, fue la Catedral de Santa Cecilia, que es el símbolo de la ciudad. Construida entre los siglos XIII y XVI, es la catedral de ladrillo más grande del mundo.
Por fuera parece casi una fortaleza.



Sin embargo, su interior, sorprende por su delicadeza: frescos renacentistas, un enorme órgano barroco y un impresionante Juicio Final que cubre toda la bóveda del coro.



Justo al lado de la catedral, está el Palacio de la Berbie, palacio episcopal. A día de hoy, alberga el Museo Toulousse- Lautrec, que es una de las principales atracciones de Albi. Como su nombre indica, este museo está dedicado a este artista. Alberga la mayor colección del mundo de las obras de sus obras, famoso por sus carteles y pinturas del París bohemio.

A continuación, nos fuimos a pasear. Nos gustó mucho la zona del río, donde el Puente Viejo (Pont Vieux) destaca por encima de todo. Sigue en uso hoy en día y ofrece vistas panorámicas de la ciudad.

El casco histórico medieval de Albi, también es muy bonito. Calles empedradas, casas con entramados de madera (que nos encantan) y patios escondidos, invitan a un paseo interminable. Por algo, Albi fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2010.





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CORDES-SUR-CIEL
Nuestra siguiente parada fue este encantador pueblo, Cordes-Sur-Ciel, a escasos 25 km de Albi.
Se alza sobre una colina, que a menudo queda envuelta en niebla por las mañanas, dándole un aspecto de “flotar sobre el cielo”. Esta imagen es lo que le dio su nombre, ya que significa “Cordes sobre el cielo”, adoptado en 1993.

Fundada en 1222 por el conde Raimundo VII de Toulousse durante la época de las cruzadas contra los cátaros. Es una bastida, construida con fines defensivos y comerciales. Muchos de sus primeros habitantes fueron refugiados cátaros que huían de la represión de la Iglesia Católica tras la cruzada albigense. Gracias a su ubicación estratégica, prosperó como centro comercial y artesanal, especialmente por su producción textil y su comercio de cuero.
Es considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia, y la verdad es que, a nosotros, nos gustó muchísimo.


Cordes-sur-Ciel es una joya del gótico civil en Francia. Sus calles adoquinadas empinadas están flanqueadas por casas de piedra con detalles góticos, puertas talladas, ventanas arqueadas y escudos heráldicos. Para visitar este pueblo, lo mejor es perderse por sus calles e ir admirando sus rincones. Hay varias lugares interesantes, como la Maison du Grand Fauconnier (alberga el museo de Arte Moderno y Contemporáneo), la Maison Prunet, Maison du Grand Veneur, así como otras mansiones. A nosotros lo que más nos gustó fueron las casas “normales” de piedra.


Además, la ciudad aún conserva varias puertas fortificadas, que datan del siglo XIII. Otro punto de interés en la Iglesia de Saint- Michel, mezcla de estilo románico y gótico, que está en la plaza principal. Sobria en su exterior, su interior es interesante.


La Tour de la Barbacane, también del siglo XIII, forma parte de la tercera muralla defensiva de la ciudad. En un principio servía para defender a Cour-sur-Ciel, pero ahora es monumento histórico y alberga La Galería de Arte de la Barbacane, donde se exponen obras de artistas modernos y contemporáneos.

Otro punto de interés en la Iglesia de Saint- Michel, mezcla de estilo románico y gótico, que está en la plaza principal. Sobria en su exterior, su interior es interesante.
Muy céntrico está el mercado cubierto, construido en 1350.

Cordes ha sido refugio de artistas desde el siglo XX. Hoy en día alberga numerosos talleres de artesanos y galerías de arte: ceramistas, vidrieros, escultores, pintores y joyeros que continúan con la tradición creativa del lugar.


Desde el pueblo, se tienen vistas preciosas de los alrededores.

BELCASTEL
Proseguimos ruta, y nos fuimos a conocer Belcastel, una auténtica preciosidad. Con razón es otro de los pueblos más bonitos de Francia. Si lo que os gustan son los pueblos de aspecto medieval, este os encantará.

Belcastel debe su nombre a su castillo (“bello castillo”) y a su emplazamiento en un promontorio rocoso sobre el río Aveyron. La historia del pueblo está íntimamente ligada a su castillo medieval, cuya construcción comenzó en el siglo IX, aunque adquirió su forma definitiva entre los siglos XIII y XV. Durante siglos, el pueblo vivió alrededor del castillo, que perteneció a una poderosa familia. Después de la Revolución Francesa, tanto el castillo como el pueblo cayeron en desgracia.


Todo cambió en el siglo XX, cuando el arquitecto francés Fernand Pouillon descubrió el castillo en ruinas y lo compró en 1974. Dedicó años a su restauración, lo que revitalizó no solo el castillo, sino todo el pueblo. Hoy en día está abierto al público y alberga exposiciones de arte y de objetos históricos.
Aparte del castillo, el Puente Medieval de piedra, del siglo XV, es el otro elemento destacado del pueblo. Une las dos orillas del lado Aveyron y cruzarlo es como retroceder en el tiempo.

Del otro lado de la orilla, cruzando el río, encontramos la Iglesia de Sainte-Marie-Madeleine (siglo XV), conocida por su belleza austera y sus vitrales modernos. Cerca está el cementerio, con un osario medieval.



El pueblo parece sacado de un cuento. Las casas están hechas de piedra gris y tejados de lajas (piedras planas). Muchas son de le Edad Media y están muy bien conservadas.


En un auténtico placer pasear por este pequeño pueblo, así como por la orilla del río.



CONQUES
Otro lugar que nos dejó maravillados fue Conques, un pintoresco y pequeño pueblo medieval, también ubicado en el departamento de Aveyron, en la región de Occitania, sur de Francia. Ha conservado casi intacta su esencia medieval y es una auténtica preciosidad.

Su origen se remonta al siglo VIII, cuando el abad Dadon fundó un oratorio bajo la protección de Carlomagno. En el siglo IX se convirtió en una abadía benedictina y cuidó la llegada de las reliquias benedictinas de Sainte-Foy (Santa Fe) en 833, transformándose en un célebre destino de peregrinación del Camino de Santiago (vía Podiensis).



Lo que más destaca en todo el pueblo es la Iglesia- abadía de Santa Fe, edificada entre los siglos XI y XII, que es una joya del arte románico meridional, famosa por su tímpano del Juicio Final con 124 figuras y sus vitrales contemporáneos.

La iglesia y el puente de piedra sobre el río Dourdou están incluidos dentro del Patrimonio Mundial de la Unesco como parte de los caminos de Santiago en Francia (desde 1988).
Pasear por sus calles es una delicia, es como un viaje al pasado. Sus calles empedradas, casas escalonadas adaptadas a la ladera, entramados de madera y los tejados de pizarra, consiguen un espectáculo visual de primera clase. Además, el conjunto urbano está completamente fortificado, con sus murallas románicas y tres portones aún conservados.



Como está situado en un saliente rocoso, hay miradores que ofrecen vistas espectaculares sobre el valle del Dourdou.

NAJAC
Najac es uno de esos destinos medievales que parecen resplandecer desde le pasado. Es otro precioso pueblo que visitamos en esta ruta corta por pueblos del sur de Francia.

Como alguno de los pueblos que ya habíamos conocido, Najac está dentro del listado de los “pueblos más bonitos de Francia”.

Situado en un meandro del Aveyron, el pueblo creció sobre una única calle que recorre una cresta, flanqueada por casas con entramados de madera y piedra.


De Najac destaca por encima de todo, el castillo. Construido entre 1253 y 1266 por orden de Alfonso de Poitiers, sobre cimientos del siglo XII.

La torre del homenaje (donjón) es imponente: con sus 40 metros de altura,11 metros de diámetro y paredes de más de dos metros, tiene saeteras para tres arqueros simultáneamente. Nunca fue tomado en batalla. Debajo del castillo se descubrieron pasadizos, mazmorras y una prisión templaria, conectados por corredores secretos. Desde su terraza hay vistas panorámicas preciosas. Hoy en día es Monumento Histórico, abierto al público.



RODEZ
El último lugar que visitamos fue Rodez, en el corazón del Aveyron. Encaramada en un promontorio rocoso entre los ríos Auterne y Aveyron, es otra joya inesperada. Con un casco antiguo con calles empedradas, arquitectura medieval, vida cultural vibrante y una comida regional rica, fue el broche de oro para esta escapada por el sur de Francia.
Lo que más nos llamó la atención fue la Catedral de Notre-Dame de Rodez. Es una espléndida catedral gótica de arenisca rosa, construida entre 1277 y 1531, con un imponente campanario de 87 metros de altura que ofrece unas vistas espectaculares sobre la ciudad y las mesetas de Lévézou y Aubrac. Su interior, con órgano, vidrieras modernas y sillería ricamente decorada, es una maravilla.




Si se desea conocer más en profundidad la ciudad, hay una ruta señalizada desde la Oficina de Turismo (Place de la Cité), atravesando plazas como Place du Bourg o Place d’Armes, descubriendo elegantes mansiones como la Casa de Armagnac y la Casa de la Anunciación. Si da tiempo, hay varios museos, como el Musée Fenaille (arqueología regional), Musée Denys-Puech (escultura) o el Musée Soulages. (dedicado a Pierra Soulages).
Tras comer y pasear por Rodez, emprendimos el regreso a casa. Una pena que no tuviésemos más días para seguir conociendo el resto de pueblos de la zona.


