Nikko en un día desde Tokio: qué ver y consejos

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Nuestro último día en Tokio decidimos hacer una excursión a Nikko. Madrugón (cómo no), tren desde Shinjuku y, en poco más de dos horas, estábamos respirando aire de montaña.
Lo que no sabíamos es que nos esperaba uno de los conjuntos históricos más impresionantes de Japón… y también uno de los más concurridos.

Si estás organizando tu visita, aquí te contamos cómo llegar, cómo moverte y qué ver en Nikko en un día, con precios actualizados y consejos reales tras nuestra experiencia.

Nosotros estábamos alojados al lado de la estación de Higashi Shinjuku en Tokio, así que explicaremos las maneras de llegar a Nikko desde la estación de Shinjuku.

Desde Shinjuku hay algunos trenes directos Limited Express de Tobu/JR a Tobu-Nikko (operan pocos al día).

  • Duración: ~2 horas.
  • Más cómodo (sin tantos cambios).
  • Requiere reserva de asiento.
  • Es el que usamos para llegar: 1711 JPY (Noviembre 2025).

👉 Es la mejor opción si tienes JR Pass.

Duración: ~2 horas.
Costo: Gratis si tienes JR Pass válido.

En Shinjuku, toma la JR Shōnan-Shinjuku Line o JR Saikyō Line hasta Omiya. En Omiya, cambia al JR Utsunomiya Line hasta Utsunomiya. En Utsunomiya, cambia a la JR Nikko Line hasta Nikko Station.

✔ Llegas a JR Nikko Station (a unos 20–30 min caminando o 5–10 min en bus del santuario Toshogu).

Es el que usamos para volver a Tokio, por un costo de 4080 JPY.

Duración: 2 horas aprox.
Costo: ~2,800 yenes (más barato que JR).

Desde Shinjuku, toma la JR Yamanote Line hasta Ikebukuro. En Ikebukuro, camina a la zona de Tobu Railway. Toma el tren Tobu Limited Express “Spacia” o “Revaty” directo a Tobu-Nikko Station.

✔ Llegas a Tobu-Nikko Station, que está muy cerca de JR Nikko (5 min caminando entre estaciones).

👉 Esta es la opción más común para turistas sin JR Pass.
👉 Puedes comprar el Nikko Pass (incluye tren + buses locales).

Nikko, situada en las montañas de la actual prefectura de Tochigi, ha sido durante siglos uno de los centros espirituales más importantes de Japón. Su historia está profundamente ligada a la religión, al poder político y a la naturaleza.

Los orígenes sagrados de Nikko se remontan al siglo VIII, cuando el monje budista Shōdō Shōnin introdujo el budismo en la región y fundó los primeros templos. Desde entonces, la zona fue considerada un lugar espiritual privilegiado, protegido por montañas y bosques, ideal para la práctica religiosa.

El gran punto de inflexión llegó en el siglo XVII, durante el periodo Edo. Tras su muerte, el poderoso shōgun Tokugawa Ieyasu, unificador de Japón, fue deificado y enterrado en Nikko. Para honrarlo, su nieto mandó construir el Santuario Toshogu, un complejo monumental ricamente decorado que convirtió a Nikko en un símbolo del poder del shogunato Tokugawa y en un lugar de peregrinación nacional.

Durante siglos, Nikko fue un espacio reservado casi exclusivamente a monjes, samuráis y nobles. El acceso del pueblo llano estuvo muy limitado, lo que ayudó a preservar tanto su carácter sagrado como su entorno natural.

Con la Restauración Meiji en el siglo XIX y la apertura de Japón al mundo, Nikko comenzó a recibir viajeros japoneses y extranjeros. En 1999, sus templos y santuarios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, consolidando su importancia histórica y cultural.

Hoy, Nikko es un destino que combina espiritualidad, historia y naturaleza, y sigue siendo un lugar donde el pasado de Japón se siente vivo entre cedros centenarios y templos milenarios.

🛡️ Consejo Viajero:

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Llegas a Nikkō en tren. Sales del vagón, respiras aire de montaña y lo primero que notas es el contraste: estación pequeña, ambiente tranquilo a primera hora… y la sensación de que lo mejor está a punto de empezar.

Ahora viene la gran pregunta:
¿Cómo llego a los templos y al Santuario Tōshōgū?. Lo primero que hay que tener en cuenta es saber a que estación se ha llegado ya que en Nikkō hay dos estaciones principales. Están a solo 5 minutos caminando una de la otra, así que no hay complicación. Desde cualquiera de las dos puedes empezar la ruta:

  • JR Nikkō Station
  • Tōbu-Nikkō Station

Nada más salir de la estación verás las paradas de autobús claramente señalizadas. Debes tomar un bus con dirección a:

  • “World Heritage Area”
  • “Omotesando”
  • “Shinkyo”

En unos 10–15 minutos estarás en la zona de los templos.

📌 Baja en:

  • Shinkyo (si quieres empezar por el puente rojo).
  • Omotesando (si prefieres subir directamente hacia Tōshōgū).

Precio aproximado: Nos costó 280 JPY. Si se van a hacer más trayectos (por ejemplo, luego ir al Lago Chuzenji), conviene comprar un Nikkō Bus Pass.

Si hace buen tiempo, caminar es una maravilla. Desde la estación hasta el Puente Shinkyo hay unos 25–30 minutos a pie.

El paseo es agradable y sencillo:

  • Calle principal recta
  • Tienditas locales
  • Cafeterías
  • Pequeños restaurantes

Cuando se llega al Puente Shinkyo, empieza la subida hacia el complejo Patrimonio de la Humanidad. Desde ahí, todo se hace caminando: Puente Shinkyo, Rinno-ji, Santuario Tōshōgū, Futarasan-jinja, Mausoleo Taiyūin. Al estar todos en el mismo área, no se necesita transporte adicional.

Todo el conjunto Patrimonio de la Humanidad está concentrado en la misma zona. Se puede hacer perfectamente a pie.

Empezamos nuestra visita por Nikko visitando este templo. A pocos pasos del fastuoso Toshogu, este templo ofrece justo lo contrario: silencio, espacio y calma. Y eso, en un viaje como el que estábamos haciendo, se agradece más de lo que uno imagina. No es que no hubiera gente, pero comparado a lo que nos encontraríamos después, no nos podíamos quejar. Además, la mayoría de los visitantes van primero a Toshogu, por lo que al ser “primera hora”, Rinno-ji no estaba masificado aún.

Rinnō-ji es el templo más antiguo de Nikko. Fue fundado en el siglo VIII por el monje Shōdō Shōnin, el mismo que introdujo el budismo en esta región montañosa. Durante siglos, fue uno de los centros espirituales más importantes del norte de Japón y estuvo estrechamente ligado al poder del shogunato Tokugawa.

El edificio principal de Rinnō-ji es el Sanbutsudō (Salón de los Tres Budas). En su interior se alzan tres enormes estatuas doradas que representan a las deidades protectoras de Nikko. No es un espacio espectacular en el sentido visual de Toshogu, pero sí profundamente impresionante en lo emocional. No se permite hacer fotos del interior.

Uno de los grandes tesoros de Rinnō-ji es su jardín tradicional. Está diseñado para ser recorrido sin prisa, y su aspecto cambia de carácter según la estación. Fuimos en otoño, así que vimos el momiji en pleno apogeo.

  • Dirección: 2300 Sannai, Nikko-shi, Tochigi 321-1494, Japón
  • Horario:
    • 🕗 Abril – Octubre: 08:00 – 17:00.
    • 🕗 Noviembre – Marzo: 08:00 – 16:00.
    • ➡️ La entrada al recinto se permite hasta 30 minutos antes del cierre.
  • Precio entrada Sanbutsudō (Salón principal de los Tres Budas):
    • Adultos: 400 yenes.
    • Niños (primaria y secundaria): 200 yenes.
  • Entradas combinadas:

Nuestra siguiente parada fue Taiyū-in Temple. El Taiyū-in es uno de los grandes tesoros de Nikko y, curiosamente, uno de los menos concurridos en comparación con el célebre Toshogu. Forma parte del complejo de Rinnō-ji y alberga el mausoleo de Tokugawa Iemitsu, tercer shōgun del periodo Edo y nieto de Tokugawa Ieyasu.

Lemitsu mandó construir Toshogu para honrar a su abuelo, pero cuando llegó su turno dejó instrucciones claras: su propio mausoleo debía ser menos ostentoso que el de Ieyasu. El resultado es fascinante: Taiyū-in mantiene una decoración rica y refinada, pero con una elegancia más sobria y armónica, integrada en el bosque.

Cruzamos la entrada de Taiyū-in y, casi sin darnos cuenta, el ambiente cambia. Dejamos atrás el barullo y los grupos enormes de turistas para adentrarnos en un pequeño camino de piedra, flanqueado por árboles altísimos que parecen custodiar el lugar desde hace siglos.

Avanzamos lentamente. Frente a nosotros aparece la primera puerta ornamentada. No es tan recargada como las de Toshogu, pero sí elegante, equilibrada. Los detalles dorados brillan suavemente entre sombras verdes. Aquí entendemos algo importante: Taiyū-in no busca impresionar, busca envolver.

Subimos los primeros escalones de piedra. Son amplios, sólidos, y obligan a reducir el ritmo. Cada tramo parece pensado para que el visitante respire, mire alrededor y tome conciencia del entorno.

A ambos lados del sendero aparecen hileras de faroles de bronce, muchos cubiertos de musgo. No están alineados con perfección rígida; más bien parecen integrados en el paisaje. Cuando el viento sopla suave, las hojas se mueven y la luz cambia, creando una atmósfera casi cinematográfica.

Seguimos ascendiendo y atravesamos otra puerta ricamente decorada. Si nos acercamos, vemos tallas minuciosas: flores, figuras mitológicas, patrones geométricos. Nada es exagerado. Todo mantiene una proporción armoniosa.

Recordamos que este es el mausoleo de Tokugawa Iemitsu, el tercer shōgun Tokugawa. Él pidió que su santuario fuera más sobrio que el de su abuelo Ieyasu (Toshogu). Y aquí lo notamos: hay lujo, pero contenido; hay oro, pero sin exceso.

Llegamos al edificio principal. La estructura está elevada, con madera oscura contrastando con detalles dorados. El tejado curvado se funde con el verde del bosque. El conjunto no compite con la naturaleza: dialoga con ella.

En el interior, el ambiente es solemne. La luz es tenue. Aquí descansa Iemitsu. No es un lugar para fotos rápidas; es un lugar para quedarse quieto unos segundos.

Cuando comenzamos a descender, algo ha cambiado. La visita a Taiyū-in no es espectacular en el sentido grandilocuente, pero nos gustó mucho su ambiente más relajado y tranquilo. Es profunda. Es íntima. Es uno de esos lugares donde la historia del Japón feudal se siente cercana, casi humana. Cómo no, aprovechamos a hacer unas últimas fotos.

  • Dirección: 2300-2307 Sannai, Nikko-shi, Tochigi 321-1431, Japón.
  • Horario:
    • 🕗 Abril – Octubre: 08:00 – 17:00
    • 🕗 Noviembre – Marzo: 08:00 – 16:00
    • 🕛 La entrada se permite hasta media hora antes del cierre.
  • Precio:
    • Sólo Taiyū-in:
      • Adultos: 550 JPY.
      • Niños (primaria y secundaria): 250 JPY.
    • Combinado Taiyū-in + Sanbutsudō (Rinnō-ji):
      • Adultos: 900 JPY.
      • Niños: 400 JPY.
    • 👉 El mausoleo forma parte del complejo Rinnō-ji y está junto a otros sitios históricos de Nikko (como Toshogu y Futarasan), por lo que el ticket combinado puede ser una opción buena si se planea visitar varios lugares.

A continuación, fuimos a visitar este santuario, que está justo al lado del anterior.

El Futarasan Jinja, fundado en el año 767, es uno de los santuarios más antiguos y sagrados de la región. Aquí no hay tantas multitudes como en Toshogu, ni decoraciones recargadas: lo que hay es silencio, naturaleza y una energía que se siente en el pecho.

El templo está dedicado a las deidades de las tres montañas sagradas de Nikkō: Nantai, Nyoho y Taro. De hecho, el nombre “Futarasan” es una antigua forma de referirse al Monte Nantai.

Caminar por sus senderos rodeados de árboles gigantes es como entrar en otro tiempo. Todo es madera oscura, musgo y faroles de piedra cubiertos por siglos de historia.

Si además se tiene la suerte de visitarlo en otoño como nosotros, preparaos. El contraste de los templos con los arces rojos y dorados es simplemente espectacular. Es uno de esos lugares donde cada rincón parece una postal.

  • Dirección: 2307 Sannai, Nikkō-shi, Tochigi 321-1431, Japón
  • Horario:
    • Abril – Octubre: Abierto de 08:00 a 17:00 horas (última entrada aprox. 16:30).
    • Noviembre – Marzo: Abierto de 08:00 a 16:00 horas (última entrada aprox. 15:30).
    • 👉 Puedes recorrer el espacio exterior del santuario de forma gratuita en cualquier momento, pero la zona de los jardines y espacios interiores con sub-santuarios tiene un horario de acceso limitado.
  • Precio( Entrada al recinto principal y jardines pagados):
  • • Adultos 300 JPY.
  • • Niños 100 JPY.(escuela primaria / secundaria).
  • 📌 La mayoría del complejo (zonas exteriores, senderos, áreas de oración tradicionales) es gratuito, pero si quieres ver el jardín forestal y las zonas adicionales más adentro del santuario se paga este pequeño precio de admisión.
  • Extras útiles para la visita:
    • El santuario está justo al lado del famoso Toshogu Shrine, así que puedes combinar ambas visitas fácilmente.
    • Desde la estación de JR o Tobu Nikko son unos 30-40 minutos a pie o 10 minutos en autobús hasta Nishi-sando, donde te bajas y caminas unos minutos hasta el santuario.
    • No suele cerrarse ningún día del año, así que si llegas fuera de temporada ¡siempre podrás pasear por sus senderos!

Y por fin, nos dirigimos hacia la joya de la corona de Nikko.

El Santuario Tōshōgū fue construido en 1617 para honrar a Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa, que gobernó Japón durante más de 250 años (periodo Edo). Su nieto, Tokugawa Iemitsu, lo amplió en 1636, creando el espectacular complejo dorado y policromado que vemos hoy, con abundante pan de oro, colores intensos y más de 500 tallas decorativas.

Ieyasu fue consagrado como deidad (Tōshō Daigongen), y el santuario se convirtió en símbolo del poder y la estabilidad del shogunato, combinando elementos sintoístas y budistas, reflejo de la fusión religiosa común en esa época. Su arquitectura exuberante contrasta con la sobriedad habitual de otros santuarios japoneses, lo que lo hace único. Desde 1999 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

El camino hacia el santuario ya es parte de la experiencia. Nikkō está rodeado de cedros altísimos que parecen custodios silenciosos del pasado. La luz se filtra entre las ramas, el aire es fresco y húmedo, y todo invita a bajar el ritmo. Todo, menos las masas de turistas que hay haciendo fila para entrar. Esto se iba a convertir en la tónica habitual del viaje. Nos preguntamos si no hubiese sido mejor ver esta zona primero para evitar tanta gente, pero bueno, lo hecho, hecho está y ya no hay remedio.

Aparece ante nosotros la primera gran puerta torii de piedra.

Y justo a su izquierda, una pagoda. Imposible no verla. Roja intensa, con detalles dorados y verdes, elevándose elegante entre los árboles. Imposible no verla. Roja intensa, con detalles dorados y verdes, elevándose elegante entre los árboles. La pagoda original fue construida en el siglo XVII, aunque la actual es una reconstrucción del siglo XIX tras un incendio. Aun así, conserva el estilo y el espíritu del periodo Edo.

No forma parte del mausoleo principal en sentido estricto, pero actúa como una especie de antesala simbólica antes de adentrarnos en la parte más sagrada del complejo.


Imposible no verla. Roja intensa, con detalles dorados y verdes, elevándose elegante entre los árboles. Es la pagoda de cinco pisos del Santuario Tōshōgū, y aunque muchos visitantes pasan rápido hacia la Yōmeimon, merece que nos detengamos. Cada nivel simboliza uno de los cinco elementos de la cosmología budista japonesa:

  • 1-Tierra
  • 2-Agua
  • 3-Fuego
  • 4-Viento
  • 5-Vacío (o cielo)

La pagoda es, en cierto modo, una representación del universo en vertical.

En el centro de la pagoda cuelga una columna llamada shinbashira, que no está fijada rígidamente a la base. Funciona como un péndulo interno que ayuda a absorber la energía de los terremotos. Japón lleva siglos perfeccionando estas técnicas, y esta pagoda es un ejemplo brillante de arquitectura tradicional adaptada a un país sísmico.

Tras guardar fila y comprar la entrada, nos dirigimos hacia el complejo principal. Mirando alrededor del camino que conduce hacia un segundo torii, hay decenas de linternas de piedra alineadas. Fueron donaciones de daimyō (señores feudales) de todo Japón como muestra de lealtad a Tokugawa Ieyasu. Cada una lleva inscripciones con el nombre del clan que la ofreció.

En esta zona, vemos un edificio discreto, de madera clara y líneas simples comparado con otros. Aquí se guardaba el caballo sagrado del santuario. Pero lo que lo hace famoso son los relieves tallados en su exterior, especialmente los Tres Monos Sabios, uno de los símbolos más conocidos de todo Japón.

Si ahora giramos sobre nosotros mismos y miramos justo enfrente, encontramos uno de los espacios más importantes del conjunto inicial del santuario. Aquí ya empezamos a notar que nos acercamos al corazón ceremonial de Tōshōgū. El edificio más destacado justo enfrente es el Sanjinkō, también llamado la Sala de los Tres Santuarios. Aquí se guardan objetos utilizados en las ceremonias del santuario, especialmente los relacionados con festividades importantes como el famoso Festival de Primavera de Nikkō, donde se realiza la procesión con armaduras samurái. En este mismo lado del patio encontramos también los Almacenes Sagrados (Hokke-dō y otros depósitos), donde se conservan máscaras, vestimentas rituales, instrumentos y objetos históricos vinculados a Tokugawa Ieyasu.

Este espacio, con el establo a un lado y el Sanjinkō enfrente, funciona como una antesala ceremonial.

Avanzamos y ya vemos una segunda puerta Torii, de bronce, y desde el que ya se puede ver la siguiente parte del camino hacia el corazón del santuario, con la puerta Yōmeimon de fondo. Este torii está más cercano a los edificios principales del santuario, y marca una transición más clara a la zona central del recinto, donde están los santuarios y los templos importantes.

A la izquierda de este torii, por detrás, vemos la fuente de la purificación.

Esta segunda torii marca una frontera clara. Dejamos atrás la sobriedad del bosque y entramos en un espacio donde el poder, el arte y la espiritualidad se funden en una puesta en escena impresionante. La grava suena bajo los pies. El patio se abre. Y justo delante… La Puerta Yōmeimon: el barroco japonés en su máximo esplendor. Pero antes de ir a la puerta, nos deleitamos con esta otra maravilla.

La Yōmeimon es pura exuberancia: más de 500 tallas, relieves policromados, pan de oro, criaturas mitológicas, sabios chinos, flores, aves, dragones. Cada centímetro está trabajado. Te acercas y cuanto más miras, más descubres. Hay escenas que representan valores confucianos, historias morales y símbolos de protección. Incluso hay un pilar colocado deliberadamente al revés, porque en la tradición japonesa nada debe ser absolutamente perfecto.

Cruzamos la puerta. Justo enfrente tenemos el Karamon, más pequeño pero increíblemente refinado.Blanco, elegante, cubierto de tallas delicadas. Es como una joya dentro de una joya. Aquí el ambiente es más contenido. Más ceremonial. Estamos ya en la zona más sagrada del complejo. Tras el Karamon se encuentra el edificio principal con el Haiden (sala de oración) y el Honden (santuario interior) . Aquí está consagrado Tokugawa Ieyasu como deidad (Tōshō Daigongen). Estos dos salones están conectados entre sí a través de la cámara Ishinoma. Para acceder al interior, debemos descalzarnos antes y hacer fotos está terminantemente prohibido.

El interior no siempre es completamente visible, pero desde fuera ya impresiona: madera lacada, detalles dorados, tejados superpuestos y una sensación clara de solemnidad.

Después de estos dos salones, vemos otro en el que se está celebrando un boda tradicional japonesa: el salón de los santuarios portátiles Shinyusha.

Volviendo al salón principal, a su derecha encontramos la puerta Sakashitamon, llena de turistas, porque el mundo quiere una foto de la talla de madera del gato dormido o nemurineko.

Tras atravesar la puerta, comienza una escalinata de piedra que se interna en el bosque. La subida es tranquila.

Arriba, en un claro silencioso, se encuentra el mausoleo de Tokugawa Ieyasu: No es ostentoso. No es dorado. Es sencillo. Sereno. Casi minimalista. La verdad es que después de tanta ostentación, esperábamos encontrar otra cosa.

Volvemos a la zona principal, donde hacemos unas últimas fotos. Poco a poco, vamos saliendo del complejo. El sitio es precioso, pero hay tanta gente, que no pudimos disfrutarlo como hubiésemos querido.

  • Dirección: 2301 Sannai, Nikkō-shi, Tochigi 321-1431, Japón.
  • Horario: El santuario está abierto todos los días del año:
    • 1 de abril – 31 de octubre: 09:00 – 17:00
    • 1 de noviembre – 31 de marzo: 09:00 – 16:00
      (La entrada suele cerrar media hora antes del horario de cierre).
  • Precio:
    • Adultos (desde secundaria superior en adelante): 1,600 JPY.
    • Estudiantes de primaria y secundaria: aprox. 550 JPY.
  • 🔹 También existe una entrada combinada (incluye el santuario principal y el museo del tesoro) por alrededor de 2,400 JPY si se quieren ver más exposiciones históricas

Nikko no son solo templos. Al contrario, una de sus imágenes más conocidas es la de este puente, uno de los más icónicos y fotogénicos de Japón. Llegamos caminando hasta aquí desde el santuario Toshogu.

Se cree que el Puente Shinkyo fue construido en el siglo XVII sobre un antiguo puente flotante utilizado por monjes. Según la leyenda, un monje famoso llamado Shodo Shonin hizo que dos serpientes sagradas sostuvieran un puente temporal para cruzar el río. Hoy en día, el Shinkyo honra esa tradición, manteniendo su carácter sagrado y ceremonial.

El color rojo intenso simboliza protección y suerte, y su diseño curvado refleja la estética japonesa clásica: armonía con la naturaleza y elegancia en la forma.

El puente se encuentra en la entrada sur de la ciudad, justo antes de acceder al complejo de santuarios de Nikkō. Desde el primer vistazo, impresiona: la madera roja resplandece, el río Daiya fluye a toda velocidad debajo, y los cedros centenarios enmarcan la escena.

Se requiere pequeña entrada para cruzar a pie, ya que es un puente histórico protegido. La mejor hora para fotos es temprano por la mañana o al atardecer, cuando el río refleja los colores del puente.

  • Dirección: Kamihatsuishimachi, Nikkō‑shi, Tochigi 321‑1401, Japón, justo antes de la zona de templos y santuarios que forman parte del Patrimonio de la Humanidad.
  • Horario: Los horarios varían según la época del año porque el puente es una estructura histórica que depende de luz y mantenimiento:
    • Abril a octubre: Aprox. 08:30  a 16:30 horas.
    • Noviembre a marzo: Aprox. 09:00  a 16:00 horas.
  • Precio: Para cruzar el puente a pie se paga una entrada:
    • Adultos (mayores de secundaria): 300 yenes.
    • Estudiantes de secundaria: 200 yenes.
    • Niños (primaria y secundaria):100 yenes.
  • Dato útil: Se puede ver y admirar el puente desde fuera sin pagar entrada (desde un puente o zona peatonal cercana), pero si quieres cruzarlo y sentir la experiencia completa, sí necesitas el ticket.

Una vez visto el puente, regresamos andando por la calle principal. Aprovechamos para comer en Nikko Suba Ramen. Fue la primera vez en mi vida que yo comía ramen y la verdad es que estaba espectacular.

Desde el local donde comimos, había otro breve paseo hasta la estación de tren. Cuando quisimos volver a Tokio, los siguientes trenes estaban llenos y además, era necesaria reserva. Tras un rato en la estación, conseguimos comprar un billete de vuelta. Como aún quedaba cerca de una hora para la salida, nos fuimos a curiosear por las tiendas de alrededor. Aprovechamos para comprar una muñeca Kokeshi.

Nos quedamos con ganas de hacer otra visita, la de la cascada Kegon, pero ya no nos daba tiempo. Esta cascada es una de las más famosas y espectaculares de Japón y, con una caída de 97 metros, es especialmente bonita en otoño por los colores rojos y dorados que la rodean. Se encuentra dentro del Parque Nacional Nikko, junto al Lago Chuzenji, a unos 16 km de Nikko y a unos 30-40 minutos en autobús.

En definitiva, la visita a Nikko fue una experiencia que nos dejó sentimientos encontrados, pero en general positivos, al menos ahora que ya ha pasado cierto tiempo. Sus templos, con esa riqueza de detalles, colores y espiritualidad en medio de la naturaleza, nos parecieron realmente impresionantes y únicos. Caminar entre santuarios rodeados de bosques y montañas tiene algo especial que cuesta explicar con palabras.

Eso sí, la gran cantidad de gente hizo que por momentos se perdiera un poco la magia y la tranquilidad que uno espera encontrar en un lugar así. La belleza y el valor histórico del conjunto, aún siendo una maravilla, no compensan las multitudes con las que hay que lidiar. Nikko es, sin duda, una parada imprescindible que recomendamos visitar, pero quizás intentando ir a primera hora para disfrutarla con más calma y mucho más tranquilos.