A menos de una hora en tren desde Kioto u Osaka, Nara es una de esas excursiones que parecen sencillas… hasta que te das cuenta de que te has pasado el día entero sonriendo. Antigua capital de Japón en el siglo VIII, esta pequeña ciudad concentra algunos de los templos más antiguos y sagrados del país, envueltos en naturaleza y en una calma que se contagia desde el primer paso.
Llegamos sobre las diez de la mañana, después de visitar Fushimi Inari-taisha, a la estación JR de Nara. Hay otra estación de tren más cercana a la zona que íbamos a visitar, pero para llegar desde Fushimi, nos venía mejor la JR. De todas formas, apenas se tarda un cuarto de hora en llegar a la zona de las visitas.
Qué ver en Nara: los imprescindibles

Tras un corto paseo, fuimos a dar al estanque Sarusawa, y desde aquí, comenzamos las visitas. Por el camino que elegimos para entrar al parque de Nara, hay que subir unos cuantos escalones, en cuyo lateral empezamos a hacer fotos a todo lo que nos llamaba la atención.

Por detrás, vimos el Nanen-do, una sala octogonal construida en 813 para orar por el descanso del alma de Uchimaro.


Parque de Nara y los ciervos
La mayoría de las visitas comienzan en el Parque de Nara, un enorme pulmón verde donde viven en libertad más de mil ciervos. Son el símbolo indiscutible de la ciudad y, según la tradición sintoísta, mensajeros de los dioses. Empezamos a ver varios, comiendo lo que les ofrecían o descansando tranquilamente.


Es bastante habitual comprar las típicas shika senbeies, una especie de galletitas que les encantan. Que les encantan y que han aprendido a detectar, al igual que todo aquello que huela mínimamente a comida. A cambio de alimento, ellos hacen una reverencia. Se lo saben tan bien, que es habitual ver a los animales acercarse a cualquier persona y hacer el gesto varias veces; si no recibe su recompensa, se van.
Templo Kofukuji
Lo siguiente que vimos fue Kofukuji, uno de los templos budistas más antiguos e influyentes de Japón. La Sala Dorada Oriental (Tokondo) y la Sala Dorada Central (Chukondo), recientemente reconstruida, albergan importantes estatuas budistas. La sala octogonal que vimos justo antes también pertenece a este templo. Hay otra estructura importante en este templo, la pagoda de cinco pisos, símbolo de Nara, que tiene 50 metros de altura y es la segunda pagoda de madera más alta de Japón, después del templo Toji de Kioto. Construida originalmente en 730, la estructura actual data de 1426. En la actualidad está en obras, así que no pudimos verla.

Continuamos caminando hacia el corazón del parque, viendo cada vez más y más ciervos. Son los auténticos dueños de la ciudad.

Templo Tōdai-ji y el Gran Buda
En el corazón del parque se alza el Templo Tōdai-ji, uno de los grandes tesoros de Japón. El Templo Tōdai-ji es uno de esos lugares que hacen que te detengas nada más llegar, aunque no seas especialmente religioso. Este templo no solo es uno de los más importantes de Japón, sino también uno de los más impactantes a nivel visual y emocional.
El recinto del Tōdai-ji es amplio y va más allá del salón principal. Pasear por sus terrenos, entre puertas monumentales como la Nandaimon, custodiada por impresionantes estatuas de guardianes, te hace sentir pequeño frente a la historia. Además, no es raro que los ciervos de Nara se cuelen por los alrededores, añadiendo ese contraste tan especial entre lo sagrado y lo cotidiano.



Seguimos caminando, dejando a la izquierda el museo del templo. Más adelante, vemos una bonita estampa desde un estanque.

Nos dirigimos hasta Todaiji Chumon (la puerta central), y tras pagar la entrada (800 JPY), pasamos al recinto central del templo.

Fundado en el año 752, el Tōdai-ji fue concebido como el gran centro del budismo en todo el país. Su construcción marcó un antes y un después en la historia japonesa: el emperador Shōmu quiso levantar un templo tan monumental que protegiera espiritualmente a la nación. El resultado fue el Daibutsuden, la Gran Sala del Buda, una estructura de madera gigantesca que, aunque hoy es “solo” dos tercios del tamaño original, sigue siendo una de las mayores construcciones de madera del mundo.


Dentro se encuentra el famoso Daibutsu, el Gran Buda de bronce de Nara, de más de 15 metros de altura. Sentado, sereno, con una expresión que transmite calma absoluta, es difícil no quedarse unos minutos en silencio observándolo. No importa cuántas fotos hayas visto antes: la experiencia de estar frente a él es muy distinta.





A su alrededor, otras figuras protectoras completan la escena y refuerzan esa sensación de solemnidad.


Uno de los detalles más curiosos del templo es el pilar con un agujero del tamaño de la nariz del Buda. La tradición dice que quien logra pasar por él alcanzará la iluminación o, al menos, buena suerte. Suele haber risas y aplausos cuando alguien lo consigue, un toque humano que rompe la solemnidad sin restarle encanto. Había varias personas intentando pasar por el agujero, pero solo lo conseguían los niños o los muy delgados.
Visitar el Tōdai-ji no es solo tachar un imprescindible de la lista; es entender por qué Nara fue el corazón espiritual de Japón. Es un lugar que impresiona, sí, pero sobre todo invita a la calma, al respeto y a la contemplación. Un templo que no se recorre con prisa, sino con los sentidos bien abiertos.
Santuario Kasuga Taisha
Continuando el paseo, el camino hacia el Santuario Kasuga Taisha es una experiencia en sí misma. El sendero, flanqueado por linternas de piedra cubiertas de musgo, atraviesa un bosque que parece sacado de un cuento.






El santuario es famoso por sus cientos de faroles de bronce, que se encienden solo en festivales especiales, creando una atmósfera casi irreal. Incluso sin ellos, el lugar invita al silencio y a la contemplación. La entrada cuesta 700 JYP.








Tras visitar este santuario, dimos por concluidas las visitas en Nara. Retrocedimos nuestros pasos para volver hacia la zona de la estación de tren. Aprovechamos a hacer más fotos.



Nos quedaba tiempo de sobra hasta la hora del tren, así que entramos a comer un delicioso ramen en Playpen Friends.

Tras la comida, nos fuimos a la estación, donde cogimos el tren para regresar a Kioto. Tenemos que decir que nos equivocamos de dirección y nos bajamos en el siguiente pueblo, donde pudimos comprobar que, desde pequeños, los niños son muy independientes.

Lo que hace especial a Nara no es solo su patrimonio, sino su equilibrio perfecto entre historia, naturaleza y sencillez. Es una ciudad que no exige correr ni marcar horarios estrictos; te invita a caminar despacio, a mirar alrededor y a disfrutar sin prisas.
Una vez en Kioto, cambiamos de hotel y nos fuimos al APA Hotel Kyoto Gion Excellent.
Cómo llegar a Nara
Llegar a Nara desde Kioto es muy fácil y rápido, lo que la convierte en una de las excursiones más populares desde la antigua capital japonesa. Estas son las mejores opciones, según tu estilo de viaje:
El tren es la forma más habitual y recomendable.
1. Línea JR Nara Line (JR West)
- Salida: Estación de Kioto
- Llegada: Estación JR Nara
- Duración: unos 45 minutos (servicio rápido Miyakoji Rapid)
- Precio: aprox. 720 yenes
- ✔️ Incluida en el Japan Rail Pass
Desde la estación JR Nara puedes llegar caminando al Parque de Nara en unos 20 minutos, o tomar un autobús local.
2. Línea Kintetsu Kyoto Line
- Salida: Estación Kintetsu Kyoto (junto a la estación JR de Kioto)
- Llegada: Estación Kintetsu Nara
- Duración: 35–40 minutos
- Precio: desde 640 yenes
👉 Ventaja: la estación Kintetsu Nara está más cerca del Parque de Nara.
Autobús: No es la opción más rápida, pero puede ser interesante si quieres ver el paisaje.
- Duración: alrededor de 1 hora y 30 minutos
- Menos frecuente que el tren
✨ Consejo viajero
Si no tienes JR Pass, Kintetsu suele ser la mejor opción por cercanía. Si lo tienes, el JR Nara Line es perfecta. Sal temprano para disfrutar Nara con más calma y evitar los grupos grandes.
Una excursión sencilla… y una de las más memorables desde Kioto.
Consejo viajero: llega temprano o quédate hasta última hora de la tarde. Cuando los grupos se dispersan y el parque se vuelve más silencioso, Nara revela su lado más íntimo: luz dorada entre los árboles, ciervos descansando y una sensación de paz difícil de olvidar.
Nara no es solo una excursión desde Kioto. Es una experiencia suave, casi poética, que se queda contigo mucho después de haber vuelto a casa.
🛡️ Consejo Viajero:
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