Monasterio de Rila

Visita al Monasterio de Rila: qué ver y cómo llegar desde Sofía

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El Monasterio de Rila era uno de los lugares a los que más ganas tenía de ir en Bulgaria. Para llegar hasta allí, contraté un tour con Civitatis, que en poco más de dos horas desde Sofía, llevaba hasta este precioso enclave. Por un precio de 25 euros pude conocer uno de los sitios más impresionantes del país. Durante el camino, la guía nos contó en un perfecto castellano, un poco de la historia de Bulgaria y después, del Monasterio.

Hay lugares que impresionan por su tamaño, otros por su historia y algunos por la sensación que transmiten nada más llegar. El Monasterio de Rila pertenece a este último grupo. Desde el momento en que el autobús empezó a adentrarse en las montañas, rodeado de bosques interminables, tuve la sensación de que estaba camino de un lugar especial.

Y no me equivocaba.

Después de recorrer una carretera llena de curvas, apareció ante nosotros este impresionante monasterio, escondido entre las montañas de Rila. Es difícil imaginar un enclave más bonito para levantar un monasterio. El entorno ya invita al silencio incluso antes de cruzar la entrada.

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El Monasterio de Rila tiene su origen en el siglo X, cuando Iván Rilski, un ermitaño que buscaba una vida de retiro y oración se instaló en estas montañas. Su ejemplo atrajo a numerosos discípulos que, tras su muerte, fundaron una comunidad monástica muy cerca de la cueva donde había vivido. Así nació el que acabaría convirtiéndose en el monasterio más importante de Bulgaria.

A lo largo de su historia, el monasterio sufrió incendios, terremotos y saqueos, especialmente durante la dominación otomana. Sin embargo, siempre fue reconstruido gracias al esfuerzo de los monjes y al apoyo del pueblo búlgaro, convirtiéndose en un símbolo de la identidad nacional y de la preservación de la cultura y la religión ortodoxa.

El edificio que hoy podemos visitar fue levantado principalmente durante el siglo XIX, en plena época del Renacimiento Nacional Búlgaro. Sus coloridos frescos, la espectacular iglesia central y las galerías de madera que rodean el patio interior lo convierten en una auténtica joya arquitectónica. En 1983 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, hoy en día, sigue siendo uno de los lugares más visitados y admirados de Bulgaria.

El monasterio tiene apariencia de iglesia fortificada, con muros anchos y forma pentagonal pensada para defender todo el recinto de los continuos ataques que sufrió.

Los distintos espacios y edificios que componen el complejo del monasterio son la Iglesia de la Natividad, la Torre Hrelyova, los museos del monasterio y la panadería. A unos cinco minutos andando, encontramos el cementerio.

El claustro o patio es la primera visión al entrar al Monasterio de Rila, tanto si entramos por la puerta principal, la de Dupnitsa o la de Samokov, en el lado opuesto.

Puerta Dupnitsa. Monasterio de Rila.
Puerta Dupnitsa. Monasterio de Rila.
Puerta Samokov. Monasterio de Rila.
Puerta Samokov. Monasterio de Rila.

Es un espacio común a otros monasterios ortodoxos que siguen este patrón de iglesia fortificada. Hacia el claustro se abren las celdas de los monjes, con tres niveles de balaustradas de madera, dos de ellos con un pórtico de arcos decorados y el último piso completamente de madera.

Según accedemos al recinto por la puerta principal, en el lado izquierdo encontramos el servicio postal, donde se puede aprovechar a comprar unas postales y mandarlas. En el centro del reciento, la Iglesia de la Natividad, y junto a ella, la Torre Hrelyova.

Nada más atravesar el gran portón principal, me quedé anonadada con la visión de este enorme patio empedrado rodeado por galerías de madera con sus característicos arcos blancos y negros. En el centro, como ya hemos dicho, se alza la Iglesia de la Natividad de la Virgen, con sus cúpulas oscuras y unos frescos que llaman la atención desde el primer momento. Confieso que me quedé varios minutos simplemente observando cada detalle. Como íbamos con guía, estuvimos un buen rato escuchando las explicaciones y recorriendo el exterior de la iglesia, mientras nos contaba la historia de muchos de los murales.

La iglesia de la Natividad del monasterio de Rila fue reconstruida en el siglo XIX, pero no por ello carece de majestuosidad y gran belleza. El edificio se compone de ladrillos de rayas rojas, blancas y negras, mientras que los frescos cubren gran parte de la fachada y los laterales.

Es imposible detener la mirada en un punto concreto del exterior de la iglesia. Y es que una cantidad inmensa de frescos decoran las paredes y techos. Cuanto más miraba, más cosas descubría. Las pinturas cubren prácticamente cada rincón y están llenas de escenas bíblicas, personajes y colores que parecen resistirse al paso del tiempo. Incluso sin ser un experto en arte religioso, resulta imposible no quedarse fascinado.

El techo de la iglesia está decorado con cinco cúpulas que nos permiten imaginar las respectivas bóvedas de cruz que veremos más tarde en el interior. Los laterales de la fachada conforman un pórtico que cubre y rodea la iglesia, permitiendo proteger los frescos.

Una vez en el tiempo libre, entré en la iglesia, donde el ambiente cambió por completo. Está compuesta por una nave central y dos capillas. Justo en el centro encontramos el horos, un candelabro circular profusamente decorado con imágenes de santos y apóstoles. La luz era tenue, el olor a incienso impregnaba el aire y el silencio solo se rompía por los pasos de los visitantes. El impresionante iconostasio de madera tallada (equivalente al altar en las iglesias católicas), es una auténtica obra de arte y consigue captar toda la atención. Hay varias reliquias a las que los fieles suelen rezar y besar, como la de los restos de San Juan de Rila, en concreto una mano (cubierta por un cristal). Es uno de esos lugares donde apetece permanecer unos minutos simplemente contemplando el entorno. No se podían hacer fotos del interior, así que no tengo ninguna para mostrar.

La Torre campanario se alza a la izquierda de iglesia. Se llama Torre Hrelyova y es uno de los elementos más antiguos del monasterio construido en esta ubicación en 1334. El nombre se debe al señor feudal que patrocinó su reconstrucción. En el interior se resguardaban los monjes en caso de ataque, pudiendo obtener una vista más amplia del entorno.

La torre, de 23 metros, solo es visitable los meses de verano (con un coste). En los bajos hay una pequeña tienda de souvenirs religiosos (imanes, postales, iconos…), mientras que en el interior hay una pequeña capilla dedicada a la Transfiguración de la Virgen en el quinto piso, al que se llega mediante unas estrechas escaleras. La verdad es que las vistas no eran demasiado buenas para sacar fotos, ya que aparte de una vista parcial de las cúpulas, no vi nada interesante.

A través de los museos podemos llegar a conocer un poco más de la historia milenaria del monasterio de Rila, de su rica actividad litúrgica y literaria, así como la estructura económica del mismo en los siglos XVIII-XIX.

Hay tres museos en el complejo del monasterio: el Museo de Historia, el de los Iconos y el menos conocido de las cocinas. En el primero destaca la Cruz de San Rafael, de 1803, en el que hay talladas 36 escenas bíblicas y 600 figuras humanas diminutas. En este museo que tiene algunas salas en el sótano también se pueden ver vestigios del monasterio del siglo XIV.

El museo de los iconos permite conocer con detalle la imaginería de la iglesia ortodoxa. Y finalmente el Museo de las cocinas, exhibe utensilios que utilizaban antiguamente en la cocina del Monasterio.

Para visitarlos, se pueden comprar las entradas individuales o una combinada (12 euros), que permite acceder también al campanario y a algunas salas de las galerías superiores.

A escasos cinco minutos andando, escondido en un rincón del Monasterio de Rila se encuentra un pequeño cementerio donde descansan algunos de los monjes que han dedicado su vida a este lugar. Sin grandes mausoleos ni lápidas llamativas, transmite la misma sencillez y espiritualidad que caracteriza al monasterio. Pasear junto a estas humildes tumbas invita a hacer una pausa y disfrutar del silencio de uno de los rincones más tranquilos de este impresionante conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es un bonito y corto paseo, que discurre paralelo al rio.

A solo unos minutos del Monasterio de Rila se encuentra la cueva donde vivió Iván Rilski, el santo más venerado de Bulgaria. Un corto sendero entre el bosque conduce hasta este pequeño refugio, donde el ermitaño pasó años dedicado a la oración y la contemplación. La tradición dice que quien logra atravesar una estrecha grieta en la roca queda libre de sus pecados. Más allá de la leyenda, la visita merece la pena por la paz que transmite el lugar y por las bonitas vistas de las montañas de Rila.

  • Dirección:2643 Рилски манастир, Bulgaria
  • Horario:
    • Monasterio de Rila: De 07:00 a 20:00 horas todos los días.
    • Museo Etnográfico:
      • De 08:30 a 19:30 los meses de verano.
      • De 08:30 a 16:30 resto del año.
  • Precio:
    • El acceso al monasterio es gratuito.
    • Entrada combinada (museos + torre + cocina):12 €. También existen entradas individuales.
    • Parking de pago.
  • Cómo llegar:
    • La población de Rila y el monasterio del mismo nombre, unos kilómetros más adelante se encuentran a unos 120 km de Sofía. Si se viene el coche, solo hay que seguir la carretera E79, con varios carriles, para más tarde desviarse hasta el monasterio, ya con una carretera de un solo carril y de subida. Si se va en invierno, es conveniente consultar las condiciones meteorológicas, por la posibilidad de que haya nieve y no sea transitable.
    • Si se opta por el transporte público, se puede llegar con el autobús Rila Suttle (sale cada día a las 09:30 de la catedral Alexander Nevski), que en tres horas llega al monasterio. Se requiere reserva previa, aunque no el pago.
    • La mayoría de los turistas optamos por excursión organizada, a través de agencias como Civitatis. Se organizan en varios idiomas y el autobús sale a unos cinco minutos andando de la Catedral, a unos metros del Monumento a Vasil Levski. Es una opción que suele incluir también la visita a la Iglesia de Boyana o a la cueva de Iván Rilski. Mi experiencia fue perfecta con ellos, de hecho, ya he dicho que repetí dos veces.
  • Normas: Durante la visita no están permitido:
    • Fumar en el conjunto del monasterio.
    • Entrar con indumentaria inadecuada, como faldas cortas o pantalones tipo short.
    • Tomar fotografías y vídeos en el interior de la iglesia y en el Museo.
    • Hacer ruido, entrar con mascotas, subir las escaleras en los edificios residenciales, entrar con sombrero a la iglesia, así como con cochecitos de bebé, mochilas o equipaje voluminoso. No se permite sentarse con las piernas cruzadas ni tener las manos dentro de los bolsillos.
    • No se pueden tocar los iconos, salvo para besarlos.
    • Las velas encendidas no se sostienen con las manos. Se colocan en los lugares apropiados, como los candelabros bajos para los difuntos y los altos para los vivos.
    • No se permite el uso de dispositivos móviles excepto para tomar fotogrfias (prohibidas en el interior de la iglesia y en los Museos).

Si visitas Bulgaria, creo que el Monasterio de Rila es una excursión prácticamente imprescindible. No solo por su enorme valor histórico o artístico, sino por el ambiente que se respira entre sus muros. Es un lugar que transmite paz, rodeado de un paisaje espectacular, y que consigue dejar huella incluso en quienes no suelen visitar monasterios o edificios religiosos.

Para que os hagáis una idea, me gustó tanto el Monasterio, que fui en dos ocasiones. En la primera visita me dediqué exclusivamente a escuchar las explicaciones de la guía y a hacer fotografías, además de visitar la iglesia por dentro. La segunda, aproveché para comprar la entrada combinada y recorrer las dependencias y museos.

Lo que no sabía es que, al comprarla, te adjudican una especie de guía. Primero fuimos a las galerías superiores, desde donde se obtiene una perspectiva diferente del patio y de la iglesia, perfecta para hacer fotografías (si dejasen) y disfrutar del conjunto. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece ir mucho más despacio. La verdad es que no me gustó demasiado esta zona, porque me asignaron una guía muy jovencita que estaba más pendiente de su móvil que de hacer el recorrido. Y, además, este consistía básicamente en ver un montón de salas con trajes, joyas y telas típicas del país.

Después subí a la Torre Hrelyova, donde pude hacer alguna que otra foto, aunque las vistas no eran las que yo esperaba. La siguiente parada fue a la cocina del monasterio, pero estaba cerrada en ese momento. A continuación, me dirigí, con la guía siguiendo mis pasos, al museo de los iconos, y por último al Museo de Historia. No se podían hacer fotos ni los museos ni desde las galerías, desde donde había una vista preciosa del patio y de la iglesia, cosa que, si hubiese sabido, no hubiera comprado el ticket. Los dos días de mis visitas, compré en la panadería del monasterio (fuera, justo frente a la puerta Samokov), algo para picotear.

A pesar de eso, el Monasterio de Rila me pareció uno de los lugares más bonitos que he visto en mucho tiempo. Me fui con la sensación de haber conocido uno de esos rincones que justifican por sí solos un viaje. Y estoy convencida de que, si algún día vuelvo a Bulgaria, regresaré a Rila sin pensármelo dos veces.