Hikone y su castillo: una excursión tranquila desde Kioto.

Inicio > Asia > Japón > Hikone y su castillo: una excursión tranquila desde Kioto.

Al día siguiente de nuestra llegada a Kioto, decidimos hacer una escapada a Hikone. Desde la estación central de Kioto, tomamos un tren hasta esta ciudad.

Hikone es uno de esos destinos en Japón que sorprenden precisamente por no estar en todas las listas. Situada en la prefectura de Shiga, a orillas del lago Biwa, el lago más grande del país, esta ciudad combina historia samurái, paisajes tranquilos y una vida local auténtica, lejos del bullicio de las grandes metrópolis.

El gran protagonista de Hikone es, sin duda, su castillo. Construido a comienzos del siglo XVII, es uno de los pocos castillos originales que se conservan en Japón, sin reconstrucciones modernas. Su elegante torre blanca se alza sobre una colina rodeada de fosos, muros de piedra y jardines. Pasear por el recinto es casi un viaje en el tiempo: pasillos empinados, escaleras estrechas y vistas privilegiadas del lago Biwa hacen que la visita sea tan visual como histórica.

A los pies del castillo se encuentra Genkyū-en, un jardín tradicional japonés diseñado para ser contemplado desde distintos ángulos. Cada estación transforma el paisaje: cerezos en primavera, verdes intensos en verano, hojas rojizas en otoño y una calma especial en invierno. Es un lugar ideal para detenerse, sentarse y disfrutar del silencio.

Hikone también es conocida por Ii Naomasa, uno de los grandes señores feudales del periodo Edo, y por su peculiar mascota, Hikonyan, un gato samurái con casco que se ha convertido en todo un icono local. Puede parecer anecdótico, pero refleja muy bien el carácter de la ciudad: orgullosa de su historia, pero con un toque cercano y simpático.

La historia de Hikone se remonta al inicio del periodo Edo (1603–1868), una etapa clave de estabilidad política en Japón. Tras la victoria de Tokugawa Ieyasu en la batalla de Sekigahara, el territorio pasó a manos del clan Ii, una familia samurái de gran relevancia y lealtad al nuevo shogunato. Para afianzar su control estratégico sobre la región y las rutas que conectaban Kioto con el este del país, el clan inició la construcción del Castillo de Hikone, que fue completado hacia 1622.

Hikone se desarrolló como una típica ciudad castillo (jōkamachi), donde la vida urbana giraba en torno a la fortaleza y a la residencia del daimyō. El clan Ii no solo tuvo poder militar, sino también una fuerte influencia política: varios de sus líderes ocuparon cargos destacados dentro del shogunato Tokugawa. Gracias a esta estabilidad, la ciudad prosperó durante más de dos siglos, apoyada en la agricultura, el comercio regional y su privilegiada ubicación junto al lago Biwa, una importante vía de transporte y recursos.

Con la Restauración Meiji a finales del siglo XIX, el sistema feudal fue abolido y muchos castillos japoneses fueron demolidos. Hikone estuvo a punto de perder el suyo, pero logró salvarse, convirtiéndose con el tiempo en uno de los pocos castillos originales que aún se conservan en Japón. Este hecho marcó su identidad moderna, ya que la ciudad comenzó a valorar su patrimonio histórico como un elemento central de su cultura y atractivo turístico.

Hoy, Hikone es un ejemplo vivo de cómo una ciudad japonesa ha sabido preservar su pasado samurái sin renunciar a la vida contemporánea. Su historia sigue presente en sus calles, jardines y tradiciones, ofreciendo al viajero una mirada clara y auténtica al Japón feudal.

🛡️ Consejo Viajero:

Siempre que vayas a planificar un viaje, no te olvides del seguro . A veces pasan cosas, y es mejor estar cubierto. Nosotros siempre viajamos con alguna de nuestras aseguradoras favoritas y os las queremos recomendar para que viajéis con total tranquilidad.


Seguro Heymondo

Algunos enlaces de este artículo son de afiliados. Si los usas, a ti te benefician con descuentos o mejores condiciones y a nosotros nos ayudas a seguir viajando y creando contenido, sin coste extra. Solo recomendamos servicios y productos que hemos probado y que encajan con nuestra forma de viajar.

La visita al Castillo de Hikone comienza de forma sencilla y muy japonesa: tras unos 50 minutos de trayecto desde la estación de Kioto, nos bajamos del tren en la estación de Hikone. Nada más bajar del tren, nos damos cuenta de que la visita va a ser muy fácil.

La ciudad transmite una calma especial, lejos del ritmo frenético de Tokio o Kioto. Apenas se ve gente a esta hora tan temprana. Además, el cielo tiene aspecto de empezar a descargar agua en cualquier momento, así que no mucha gente se aventura a estar a estas horas en la calle. Hay una oficina de Información a escasos metros, donde nos dan un mapa de la zona. Desde aquí, el castillo está lo suficientemente cerca como para ir caminando.

Vamos por calles muy tranquilas, cruzando pequeños comercios y zonas residenciales, hasta que, poco a poco, la silueta blanca del castillo empieza a asomarse sobre la colina. Tras unos 15–20 minutos de caminata, llegamos.

El Castillo de Hikone cuenta con varias capas de fortificaciones. Su torre del homenaje principal se construyó en la cima aplanada del monte Hikone, en el centro de varios recintos amurallados. Los terrenos del castillo también estuvieron rodeados en su día por tres fosos concéntricos, de los cuales aún se conservan el interior y el central. A pesar de sus defensas y su importante posición estratégica, el Castillo de Hikone nunca fue escenario de conflictos armados. Es uno de los mejores conservados de todo Japón.

Cruzamos un puente sobre uno de los fosos, donde la naturaleza había ganado terreno al agua.

Los fosos son una característica común de los castillos japoneses, y a menudo cumplían una doble función: como estructuras defensivas y vías fluviales para el transporte. Los tres fosos concéntricos del castillo de Hikone se llenaban con un canal proveniente del cercano lago Biwa. Se construyeron como parte de la construcción del castillo y se completaron en 1622. Además de proporcionar agua para los fosos, el canal entre la ciudad del castillo y el lago benefició en gran medida la economía de Hikone. Permitía el acceso directo al lago, que ya se utilizaba ampliamente para el transporte de mercancías o tropas, y permitía a los señores Ii entrar y salir del castillo en barco.

Continuamos camino, hasta llegar al ninomaru, una sección del castillo entre los fosos interior y medio y que contenía el establo (con hasta 21 caballos pertenecientes al señor de Hikone). También contiene un tamon yagura, un almacén largo y fortificado que da al foso central y protege las puertas principales. Los dos lados de este almacén de dos pisos crean una masugata, un espacio rectangular entre las puertas interior y exterior donde las tropas podían reunirse fuera de la vista de las fuerzas enemigas.

Una vez que atravesamos estos fosos, seguimos caminando hasta la taquilla. Tras pagar la entrada, empezó a chispear, así que decidimos entrar primero al Museo del Castillo. Es una visita breve pero muy recomendable para completar la experiencia del castillo. Ubicado dentro del recinto, este museo se centra en la historia del clan Ii, la familia samurái que gobernó Hikone durante el periodo Edo.

En su interior se exponen armaduras, cascos, espadas, documentos y objetos personales de los señores feudales, muchos de ellos originales. Las piezas ayudan a entender cómo era la vida política y militar de la época, y nos aportan contexto a lo que poco después veríamos en la fortaleza. No se pueden hacer fotos en las salas principales del museo, pero si en otras habitaciones, con piezas igualmente interesantes.

No es un museo grande ni abrumador, lo que lo hace perfecto para una visita tranquila. En poco tiempo ofrece una visión clara del papel histórico de Hikone y de la importancia del castillo, añadiendo profundidad al recorrido sin romper el ritmo del viaje. Allí mismo compramos un par de postales para enviar a los sobrinos pequeños y a casa.

Una vez fuera del museo, por suerte, sólo caían algunas gotas de agua, así que comenzamos la subida hacia la fortaleza. El camino serpentea entre antiguos caminos defensivos, con pendientes pronunciadas y escaleras irregulares, diseñadas en su día para frenar a posibles invasores. A cada paso, las vistas se abren hacia el lago Biwa y la ciudad, recordándonos por qué este lugar era tan estratégico.

Subimos por el Gran foso seco (Ōhorikiri), que es atravesado por un otoshibashi, un puente que podía derrumbarse cuando el castillo era atacado para crear una caída infranqueable de 8 metros. Al cargar contra el castillo, los atacantes se veían obligados a detenerse en el gran foso seco, quedando expuestos al ataque de sus enemigos, los defensores del castillo.

Y llegamos hasta la Tenbin Yagura, la torre que custodiaba el recinto principal. Se cree que el tenbin yagura de Hikone fue la puerta principal del Castillo de Nagahama, no lejos de la orilla este del Lago Biwa, que fue desmantelado a principios del siglo XVII cuando el shogunato decretó que cada dominio solo podía tener un castillo.

Poco a poco fuimos caminando por los recintos del castillo.

Hasta que, llegamos al recinto principal, o honmaru, que constituye el núcleo del complejo del castillo. Si Hikone hubiera sido atacado, es aquí, en la cima del monte Hikone, protegido por múltiples muros de piedra y rodeado por tres fosos concéntricos, donde las fuerzas defensoras habrían presentado su última resistencia. El señor de Hikone Ii Naotaka (1590-1659) residió temporalmente aquí hasta que se completó su residencia privada (en 1622). En aquella época, el honmaru también contenía varias torres. La torre principal del castillo se salvó de la demolición durante la era Meiji (1868-1912), pero los demás edificios no. Sus cimientos de piedra aún se pueden ver en las cercanías.

El recinto principal alberga la torre del homenaje principal, un mirador panorámico desde el que se pueden observar los alrededores del castillo, que a menudo se utilizaba para almacenar armas y armaduras. Se cree que esta torre, finalizada en 1606, se construyó principalmente con materiales del castillo de Ōtsu, transportados en barco desde 45 kilómetros de distancia, en la orilla suroeste del lago Biwa.

Estuvimos haciendo varias fotos en esta zona hasta que decidimos entrar al tenshukaku, la torre principal. Dejamos los zapatos en unos estantes que hay fuera y entramos en el interior, que es de madera original. Todo es estrecho y empinado: escaleras casi verticales, techos bajos y vigas centenarias.

No hay lujos, solo funcionalidad samurái.

Desde lo alto, la recompensa es clara: una panorámica espectacular de los alrededores. Pena que el cielo estaba tan cubierto y la luz no era buena.

Al bajar, el ritmo se vuelve más pausado. Paseamos por la zona trasera del recinto principal, el recinto oeste, que alberga un jardín con un colorido precioso.

Al fondo del reciento oeste, está la Sanjū Yagura, la Torreta de tres pisos, que tenía una función defensiva y de vigilancia.

Esta zona tenía unos colores espectaculares, así que estuvimos bastante rato. Por desgracia, empezó de nuevo a chispear, así que decidimos ir descendiendo para ir al Genkyū-en, el jardín tradicional situado a los pies del castillo. Durante la bajada vimos los imponentes muros que servían de defensa del castillo, que parecía infranqueable, así como los fosos.

Entramos en los jardines, porque en realidad son dos. Los jardines Genkyū-en y Rakuraku-en son dos espacios complementarios que muestran el lado más refinado y contemplativo del Castillo de Hikone, y una parada casi obligatoria tras visitar la fortaleza.

Genkyū-en es el más conocido y el que suele llevarse todas las miradas. Se trata de un jardín paisajístico de estilo kaiyū-shiki, diseñado para ser recorrido a pie alrededor de un gran estanque central. Cada sendero ofrece una vista distinta del castillo reflejado en el agua, creando una composición pensada para la contemplación. Fue concebido como un lugar de descanso para el señor feudal y hoy transmite una gran sensación de equilibrio, especialmente en primavera y otoño, cuando la naturaleza transforma por completo el paisaje.

Justo al lado se encuentra Rakuraku-en, un jardín más pequeño y discreto, históricamente reservado como zona privada y de servicio para el daimyō. Su diseño es más sencillo y funcional, pero no por ello menos interesante.

Juntos, Genkyū-en y Rakuraku-en completan la visita al Castillo de Hikone mostrando que, además de fortaleza militar, el recinto fue también un espacio de belleza, descanso y sofisticación, donde el poder samurái se equilibraba con la armonía de la naturaleza.

Aquí todo invita a detenerse, sentarse y observar cómo el castillo se refleja en el estanque, cerrando la visita con una sensación de armonía y calma.

Regresar a la estación es sencillo, pero cuesta irse. La visita al Castillo de Hikone no es solo un recorrido histórico: es una experiencia que se vive paso a paso, desde el tren hasta la última mirada atrás a la colina donde aún vigila, silencioso, uno de los castillos más auténticos de Japón.

Precio:

  • Adultos:
    • Museo: 700 JPY
    • Castillo y Jardín: 1000 JPY
    • Castillo, jardín y museo: 1500 JPY
  • Niños entre 7 y 15 años:
    • Museo: 350 JPY
    • Castillo y Jardín: 350 JPY
    • Castillo, jardín y museo: 550 JPY

Horario: De 08:30 a 17 horas, con la última admisión a las 16:30 horas.

Volvimos, retrocediendo sobre nuestros pasos, hasta la estación. Aún quedaba algo menos de una hora para el próximo tren, así que decidimos comer. Nos decantamos por un rico ramen, unas gyozas y unos rollitos de primavera. Todo riquísimo.

Después de comer, nos acercamos de nuevo a la oficina de Información, donde compramos un magneto del famoso Hikonyan. A la hora indicada, entramos en la estación y nos montamos en el tren un minuto más tarde de la hora indicada de salida. Según la aplicación, el tren venía. “con demora”…

Cómo aún nos sobraba tiempo después de llegar a Kioto, aprovechamos a hacer más visitas ese día, que la contaremos en el post correspondiente a esa ciudad.

Cómo llegar Hikone desde Kioto en tren:

Desde Kyoto Station, tomamos la línea Tokaido- Sanyo Line, dirección Maibara. El trayecto dura unos 50 minutos y cuesta 1170 JPY. Cómo se puede ver, es sencillo, rápido y cómodo.

Aquí tienes algunos consejos prácticos para visitar el Castillo de Hikone y disfrutarlo al máximo:

  • Ve temprano: es uno de los castillos originales mejor conservados y puede llenarse, sobre todo en primavera y otoño. A primera hora es más tranquilo.
  • Lleva calzado cómodo: el recinto tiene cuestas, escaleras irregulares y suelos de madera empinados dentro del castillo.
  • Prepárate para escaleras muy empinadas: en la torre principal las escaleras son estrechas y casi verticales; tómate tu tiempo.
  • Cuenta al menos 2–3 horas: para visitar el castillo, el museo y los jardines Genkyū-en y Rakuraku-en con calma.
  • No olvides los jardines: Genkyū-en es una parte esencial de la visita y uno de los mejores lugares para hacer fotos del castillo.
  • Revisa el clima: en días de lluvia, las escaleras pueden resbalar y las vistas desde arriba serán más limitadas.
  • Aprovecha las estaciones: los cerezos en primavera y los colores del otoño hacen la visita especialmente bonita.
  • Lleva agua, sobre todo en verano: hay zonas amplias y al aire libre con poca sombra.
  • Combina la visita con el lago Biwa: después del castillo, un paseo por los alrededores del lago completa perfectamente el día.

Con estos consejos, la visita al Castillo de Hikone será cómoda, segura y mucho más disfrutable, tanto por su historia como por su entorno.