Borobudur

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El templo de Borobudur es uno de los más impresionantes de toda Asia. Esta estructura, construida entre los siglos VIII y IX (780-830 d.c.), por la dinastía budista de los Sailendra, es una obra maestra de la arquitectura y el arte budista.

El diseño general de Borobudur simboliza la cosmología budista, con el viaje hacia la iluminación representado por el ascenso del peregrino a la cima del monumento. El templo está decorado con 2.672 paneles en relieve y 504 estatuas de Buda. 

Borobudur.
Borobudur.

Se encuentra en Java, la mayor de las islas de Indonesia, a unos 40 km de Yogyakarta. Dos parejas de conos volcánicos (Merapi-Merbabu y Sumbing-Sundoro) lo guarnecen por el norte y, entre ambas, fluyen los ríos Progo y Elo. La gran estupa se halla muy próxima a otros dos pequeños templos de la llanura de Kedu: Pawon y Mendut, situados en línea recta con ella.

En un principio, no estaba en nuestros planes visitar Borobudur en el viaje del 2024, pero, otra vez, la climatología nos hizo cambiar la ruta y acabamos aquí.

Jesús ya había estado hacia muchos años y recordaba la visita como una auténtica maravilla. ¡Pena que hayan cambiado tanto las cosa respecto a las normas!.

Hay un leyenda local que dice que el Templo Borobudur fue construido por un rey javanés llamado Samaratungga. En un sueño, el rey recibió la visión de una colina dorada que representaba la cima de la iluminación budista y, convencido de que debía construir un templo en esa colina, el rey ordenó la construcción de Borobudur.

Borobudur, el templo budista más grande del mundo, fue construido entre los años 780-830 d.c, por la dinastía de los Sailendra, que tenían su corte en el valle de Kedu. En el 928, la corte de Kedu había desaparecido, pero el templo se siguió utilizando hasta, al menos, el siglo XV, cuando cayó el reino budista y la población se convirtió al islam. A partir de entonces, la vegetación de la selva y las erupciones volcánicas del Merapi, fueron cubriendo Borobudur hasta casi ocultarlo del todo. Además corría la leyenda de que traía mala suerte a los visitantes, en especial si estos eran de la familia real javanesa. Parece ser que un heredero murió tras su visita en 1758. Entre una cosa y otra, el hecho real es que el templo fue olvidado y engullido por la selva.

En 1811, fue nombrado gobernador de Java, el teniente Thomas Stamford Raffles, el cual mostró un gran interés por la cultura de la isla. Organizó expediciones para documentar los monumentos de la zona y animaba a la población a que le trajese antigüedades. De esta forma, en 1814, se le informó de que en el valle de Kedu, estaban las ruinas de un antiguo templo. Él no pudo ir a “descubrirlas”, así que mandó al ingeniero holandés H. C. Cornelius, en su lugar.

Cuando Cornelius llegó a Borobudur en 1814, lo que vio fue una montaña de escombros y maleza. Con ayuda de doscientos hombres, tardaron algo más de dos meses en despejar el edificio de malezaBorobudur volvió a ver la luz tras más de cuatro siglos sumido en la oscuridad. Las excavaciones duraron hasta 1870, año en que se descubrieron los últimos bajorrelieves.

Poco después de que el templo quedara al descubierto, comenzó a erosionarse con muchísima rapidez. Las lluvias habían provocado que se filtrara tierra a través de las grietas de la estructura. Por una parte, esta tierra se acumulaba en los pasillos, favoreciendo la sujeción y ayudando a la conservación del templo. Además, protegía de la erosión a los muros, al cubrir los bajorrelieves. Pero, por otro lado, esa tierra filtrada, provenía del interior del templo, por lo que cada vez era menor la cantidad y las piedras que estaban fijadas al monte sobre el que estaba construido, terminaron por perder estabilidad.

Se inició un proceso de restauración y recuperación del templo, que duró décadas y en el que participaron expertos y arqueólogos de todo el mundo. Los primeros intentos fueron a principios del siglo XX, en el que se salvaron los muros. A pesar de todo, la situación continuó siendo crítica, en parte también por el expolio de restos. Gran parte de la sección superior tuvo que se reconstruida en cemento, debido a que muchas piezas originales desaparecieron. El deterioro tampoco se frenó cuando se traspasó el control del templo a las autoridades de Indonesia independiente. En 1973 comenzó una restauración que duraría una década, patrocinada tanto por el gobierno de Indonesia como por la Unesco.

Finalmente, en 1991 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Borobudur está construido en forma de pirámide escalonada, sobre una colina como una gran estupa.

Tiene nueve plataformas, de las cuales, las seis inferiores tienen forma de cuadrado y el resto, son circulares. Está dividido en tres secciones: base, centro o cuerpo, y cima.

La base es un cuadrado, de unos 123 metros de lado y 4 metros de altura. El cuerpo, está compuesto por cinco plataformas cuadradas, que va disminuyendo de altura a medida que se asciende. Así, la primera está a 7 metros del borde de la base, mientras que la última, está a 2. Dentro de cada plataforma, hay un corredor. Por último, la cima, consiste en tres plataformas circulares, cada una de ellas con estupas en forma de campana ( 72 en total ), perforadas con agujeros y con un Buda en su interior, formando círculos concéntricos. Está rematada por una cúpula central, cuya punta es la parte más alta del monumento, a 35 metros de altura.

El acceso a la cima se hace mediante unas escaleras que tienen varias puertas, las cuales están resguardadas por 32 estatuas de leones. La entrada principal está en la parte este, donde se encuentran los primeros relieves. En las laderas de la colina hay escaleras que conectan el monumento con la llanura.

En 1885, fue descubierta una nueva estructura la cual estaba oculta bajo la base. Un revestimiento oculta la verdadera base, cuya función permanece como un misterio. Ese primer nivel de esculturas que hallamos hoy al visitar Borobudur, el zócalo de la estupa sobre el que se asientan los otros ocho pisos, tiene relieves (160), que ilustran la ley del karma. Como en una partida de ajedrez, cada decisión y cada movimiento tiene algún tipo de repercusión en esta vida o las siguientes.

Borobudur tiene 2672 bajorrelieves, que cubren la superficie de la fachada y balaustres. Los paneles narrativos, están situados en la base oculta ( Kamadhatu ) y las cinco plataformas cuadradas ( Rupadhatu ). Los paneles están agrupados en 11 series que rodean al monumento a lo largo de unos 3000 metros. La primera serie es de 160 paneles, que como ya hemos dicho, están en la base oculta. Las otras 10 series, se distribuyen a lo largo de paredes y balaustres en cuatro galerías, comenzando por la entrada situada al lado este del monumento. Los paneles narrativos de las paredes se leen de derecha a izquierda, mientras que en los balaustres, es de izquierda a derecha.

Borobudur.
Borobudur.

Las paredes de la primera galería tienen dos series de relieves sobrepuestos, cada una de 120 paneles. La parte superior muestra la biografía de Buda, mientras que la parte inferior de la pared, e incluso algunos balaustres ubicados en las dos primeras galerías, muestran las vidas anteriores de Buda. Los paneles restantes están centrados en la búsqueda de Sudhana, quien intentaba encontrar la máxima sabiduría.

Para la construcción de Borobudur se utilizaron aproximadamente unos 55000 m3 de piedra, sacadas de distintos ríos, las cuales se colocaron ensambladas unas con otras, sin usar mortero. Cuando el monumento se terminó, se hicieron los bajorrelieves. Se construyó también un sistema de drenaje, dada las precipitaciones habituales de la zona. Para ello, se colocaron 100 caños en cada esquina, con forma de gárgolas.

Borobudur.
Borobudur.

Visto desde arriba, el plano de Borobudur parece una versión terrenal de un mandala. Borobudur ayuda a visualizar los tres niveles en el camino a la iluminación según el budismo.

El primero, Kamadhatu (el mundo de los deseos, placeres y sufrimientos terrenos), representada en la base, Rupadhatu (el mundo de las formas), en las plataformas cuadradas, y finalmente, Arupadhatu (el mundo sin formas), en las plataformas circulares y la estupa principal. Esta última etapa se alcanza cuando el hombre es libre de todos sus vínculos físicos y emocionales.

Todos los años hay un día especial de luna llena, llamada Vesak, en el que miles de monjes se acercan al templo para celebrar el nacimiento, la iluminación y la muerte de Buda.

Los fieles acuden a los templos para hacer ofrendas y se considera que los méritos de las prácticas espirituales realizadas ese día se multiplican cientos o miles de veces.  Dos jornadas antes, los monjes habrán ido a buscar el agua sagrada a la fuente del río Progo, próxima al monte Sundoro, y fuego al volcán Merapi. Se reunirán antes del amanecer en el templo de Mendut, junto a los peregrinos y pasarán en procesión frente al de Pawon, para llegar a Borobudur poco antes de las nueve de la mañana. A las 11:30, tras varias alocuciones y meditaciones, se realizarán tres circunvalaciones rituales a Borobudur. Al anochecer, infinidad de farolillos encendidos, que se proporcionan a quienes se hayan inscrito previamente, volarán hacia el cielo.

Se cuenta que ya próximo a morir, conmovido por la tristeza de su discípulo Ananda, Buda aconsejó no llorar por la desintegración de su cuerpo físico y considerar sus enseñanzas como lo único no sujeto a la ley del cambio. Y así es como se espera que un budista viva o celebre el Vesak: no tanto con ofrendas y ritos como reiterando su determinación para acrecentar su conciencia, practicar la bondad amorosa y esmerarse para traer paz a la humanidad.

Borobudur es el monumento más visitado de toda Indonesia.

Tanto Jesús como varios amigos, me habían dicho que la visita a Borobudur formaba parte de sus mejores recuerdos viajeros. Todos ellos lo habían visto hacía varios años, cuando, tras comprar la entrada y acceder al recinto, podías recorrerlo libremente y sin límite de tiempo.

Antes era posible estar en la parte superior de la estructura y ver amanecer desde arriba. No había un máximo de tiempo para permanecer y recorrer sus pasillos. Podías detenerte sin prisa ninguna y contemplar los bajorrelieves de los distintos niveles sin tener que llevar un guía. ¡Muchas cosas habían cambiado últimamente!.

Ya sabíamos que las normas habían cambiado, y esta vez, creemos que para mal. Se supone que es para proteger al monumento del turismo masivo y evitar un mayor deterioro, que no dudamos ni mucho menos que sea así, pero para el turista, ha sido a peor. O al menos, para los que nos gusta visitar los sitios de otra manera.

Hay dos tipos de entrada:

  • Entrada al recinto: (06:30-16:30).
    • Turista nacional: Adulto ( 50 000 IDR), niños ( 25 000 IDR).
    • Turista extranjero: Adulto (387 5000 IDR), niños ( 232 500 IDR).
  • Entrada a la estructura del templo: (08:30-15:30).
    • Turista nacional: Adulto ( 120 000 IDR), niños ( 75 000 IDR).
    • Turista extranjero: Adulto ( 455 000 IDR), niños ( 305 000 IDR).

Es posible la visita todos los días, excepto los lunes que permanece cerrado. Algunos lunes si que está habilitado para la visita de estudiantes, previa compra de la entrada.

Si se quiere visitar la estructura del templo, es decir, subir hasta el nivel superior, es conveniente comprar la entrada con antelación, ya que se agotan rápidamente, sobre todo en temporada alta.

Dicho y hecho, una vez que supimos que íbamos a ir a Borobudur, compramos la entrada necesaria para subir hasta arriba. Nos alojábamos en Yogyakarta, donde nos dijeron que se tardaba hora y media en llegar hasta el templo. Como no es posible ver amanecer, no compramos la entrada a primera hora, para no madrugar demasiado.

Así pues, el día de la visita, contratamos un taxi para todo el día. Nuestro conductor fue Nusrul ( + 62 818-0262-7070), contacto que nos lo proporcionó Sebastián (+62 812-1525-4646), que tiene una agencia y habla castellano. Nos costó 670 000 idr.

Llegamos hasta Borobudur media hora antes de la hora de entrada que habíamos comprado (09:30). Pasamos por la puerta de acceso nueva, casi recién inaugurada, donde había unos cuantos puestos de souvenirs. Desde allí, tuvimos que ir hasta una zona donde te recogía un pequeño “trenecito”,que te llevaba hasta la puerta de acceso anterior, que es donde te escanean la entrada.

Desde allí, hay que dirigirse a unas taquillas, donde te proporcionan un calzado especial y un botellín pequeño de agua. Porque si, en Borobudur hay que quitarse el calzado que se lleve y ponerse el que te dan, que no es precisamente muy cómodo para andar. Tras ello, te indican otra zona donde te sientas, mientras esperas al guía que te asignan. Vamos, que hay que llegar con margen de tiempo porque si no, llegas tarde a tu hora.

A la hora exacta del ticket, la guía asignada reunió al grupo entero, unas 15 personas, y nos condujo hacía el templo.

Nos fuimos acercando poco a poco, desde unos jardines que hay en el frente. La guía iba contando un poco su historia, aunque sinceramente, desconecté.

Borobudur.
Borobudur.

Llegó un momento en que estábamos ya frente al templo, pero hasta las 10, no podíamos entrar. ¡Parece que todo va cronometrado!. Aprovechamos para hacer unas cuantas fotos.

Borobudur.
Borobudur.
Borobudur.
Borobudur.

Una vez que fue nuestra hora, pudimos pasar al interior de la estructura. La guía nos seguía explicando, pero iba demasiado rápido y apenas había tiempo para detenerse a hacer fotos con tranquilidad. ¿Solución?, nos quedábamos rezagados y luego nos uníamos de nuevo al grupo.

Borobudur.
Borobudur.

Nos encantaron los bajorrelieves.

Borobudur.
Borobudur.

Sólo recorrimos un par de pisos, y en apenas unos minutos, la guía nos dijo que ya debíamos acceder a la parte superior, a la parte más bonita de todo el templo.

Eso si, sólo teníamos 20 minutos para estar ahí arriba, así que había que darse prisa para verla y hacer todas las fotos que quisiéramos.

Borobudur.
Borobudur.

El acceso es a través de una puerta preciosa.

Una vez en los niveles superiores, nos hicieran una foto juntos.

No había que perder tiempo, así que enseguida fuimos a ver esta zona. Como ya hemos dicho, están llena de estupas con forma de campana, con multitud de agujeros cada una.

Dicho y hecho, tras pasar solamente 20 minutos en esta zona, tuvimos que reunirnos de nuevo con el grupo y comenzar a bajar.

Muy poco tiempo para poder saborear en condiciones la esencia de esta maravilla. Una pena, pero a pesar de ser impresionante, salimos con no muy buen sabor de boca.

Nos dirigimos hacia la salida y para ello tuvimos que coger de nuevo el trenecito. Para salir del recinto, hay que pasar por centenares, no exageramos, de puestos de souvenirs. Esta zona final todavía no está terminada del todo y faltan muchas tiendas por abrir, pero cuando esté todo finalizado, será poco menos que un centro comercial de la barbaridad que hay.

Nos reunimos con nuestro conductor, Nasrul y nos dirigimos a Mendut, un monasterio budista que está muy cerca de Borobudur.