Albarracín es un pequeño pueblo de la provincia de Teruel (Aragón) que se convirtió en nuestra primera mini escapada por España en uno de los periodos de desconfinamiento durante la pandemia del Covid.
Con poco más de 1000 habitantes, forma parte de la lista de los Pueblos Más Bonitos de España desde su creación. Actualmente, está propuesta por la UNESCO para ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

El pueblo está encaramado en un peñón y rodeado por el río Guadalaviar. Por este lado y mirando hacia el río, se hallan edificadas las casas colgadas. Dentro del pueblo sus calles son empinadas y estrechas, con rincones muy pintorescos. La construcción tiene la original arquitectura popular con la forja propia de la provincia, además de tener el color rojizo característico llamado rodeno.
La localidad se divide en dos zonas: la parte antigua, la Ciudad, con sus casas colgadas sobre la hoz del río; y el Arrabal, situado en la vega del Guadalaviar.
Visita a Albarracín
Siempre habíamos querido acercarnos hasta aquí, pero nos daba mucha pereza que, al ser tan turística, estuviera llena de gente. Pero bueno, llegó el día en que decidimos acercarnos y, para nuestra sorpresa, apenas había gente haciendo turismo. Es una de las pocas cosas “buenas” que trajo la pandemia, que una vez que pudimos salir, en muchos sitios casi se podía estar solo. Cosas buenas para el turista, pero no tanto para un pueblo, en este caso Albarracín, donde el turismo es una de sus principales fuentes de ingreso.
No todos los sitios estaban abiertos, pero como al final lo que queríamos era respirar un poco de tranquilidad y de normalidad, no nos importó.
Sobre todo, lo que hicimos fue callejear. Sus calles son preciosas, algunas un poco empinadas, pero muy bonitas. Como siempre que nos gusta un sitio, hicimos unas cuantas fotos.



La casa de los Navarro de Arzuriaga, o Casa Azul, situada en la calle de los Azagra, es sin duda una de las casas nobiliarias más particulares y reconocibles de Albarracín. Se cree que es del siglo XVII. Hoy en día sirve de alojamiento turístico. De hecho, nos alojamos allí.



La casa de la Julianeta es otra de las más fotografiadas de toda Albarracín. La casa data del siglo XIV y llama la atención por su forma y porque da la sensación de desequilibrio. No es una casa señorial, sino que podemos ver una auténtica casa de la época hecha a base de yeso y madera.


Muy cerca de la Julianeta, está preciosa casa, que es una panadería.

El ayuntamiento está en la plaza mayor y está documentada la existencia del edificio en el siglo XIV.

La plaza mayor es preciosa, aunque no demasiado grande. En ella está el ayuntamiento, algunos bares y un mirador. Cuando estuvimos, sólo había un bar abierto, y no muchas horas.






La única visita guiada que hicimos fue a la Catedral. Éramos los únicos turistas que estábamos para hacerla, pero, aun así, fueron muy amables y nos la enseñaron. La Catedral del Salvador, se construyó sobre los restos de un antiguo templo románico del siglo XII. Nos hablaron de la importancia de su retablo mayor, obra de Cosme Damián Bas, en 1566.


Nos mencionaron también el Museo Diocesano, muy cerca de la Catedral y con una portada barroca. En él se exponen siete tapices de Bruselas del siglo XVI, que narran la historia de Gedeón, un curioso pez de cristal y otras piezas de orfebrería religiosa.

Después de un bonito paseo, nos aceramos a ver lo más conocido de Albarracín, el recinto amurallado de su castillo. Hay que subir un camino, pero es asequible. Junto a la Torre de la Muela y la del Andador, constituían el núcleo defensivo más importante de la ciudad.
Sus restos, datados a partir del siglo X, tenían la consideración de Medina; es decir, de ciudadela en la que habitaba el señor. alcázar musulmán de la familia bereber de los Banu-Razin, durante el reino de Taifas en el siglo XI, que dio nombre a la ciudad.
En el ascenso, vamos teniendo bonitas vistas.


En la parte más alta del recinto defensivo de las murallas de Albarracín, podemos ver la Torre del Andador. De aparejo musulmán del siglo X y XI, está reforzada con un pequeño recinto rectangular.

Desde arriba, hay unas preciosas vistas del pueblo.



Tras estar un buen rato por aquí, nos fuimos a recorrer el paseo fluvial, que sigue el curso del río Guadalaviar. Es un paseo muy agradable que discurre en casi todo junto al río y que además permite disfrutar de unas vistas diferentes de Albarracín
El paseo se puede iniciar en la calle Portal del Agua y termina en la oficina de turismo. El trayecto dura unos 40 minutos aproximadamente y es un recorrido fácil sin apenas desnivel. En algunos tramos se pasa sobre pasarelas por encima del río y todo el camino está rodeado de la naturaleza del lugar. Es ideal para disfrutar del entorno.





Dónde dormir
No nos acordamos del nombre concreto del alojamiento, pero sí que estaba en la Casa Azul. Apartamento con todo lo necesario para pasar unos días y con una terraza con vistas muy bonitas del pueblo.


La entrada al edificio es una maravilla, con unas escaleras y un escudo en el techo preciosos.


Dónde comer en Albarracín
Como hemos dicho al principio, fuimos a Albarracín en una época de desconfinamiento durante el Covid. Dicho esto, la mayoría de los establecimientos estaban cerrados, así que, por desgracia, no tenemos mucho que contar sobre dónde comer. Si que tomamos algo en El Molino del Gato y en un bar de la Plaza, pero poco más.
En términos generales podemos decir que Albarracín nos gustó mucho, pero nos resultó muy raro que no hubiera prácticamente nadie paseando por sus calles.


