Con el tiempo, el minimalismo viajero se ha convertido para mí en la mejor forma de viajar. Me resulta más cómodo moverme con menos equipaje y llevar ropa que sé que voy a usar. Cada vez me apetece menos cargar con cosas que pasan todo el viaje guardadas.
He llegado a esa forma de viajar poco a poco. Después de años preparando mochilas, he aprendido a distinguir lo que me hace falta de lo que metía por costumbre. Y agradezco tener menos cosas que transportar y de las que estar pendiente mientras viajo.
Qué es el minimalismo viajero
Para mí, el minimalismo viajero consiste en elegir lo que llevo según el viaje que voy a hacer. Parece evidente, pero es fácil preparar equipaje para un montón de situaciones que probablemente no se van a dar.
No lo mido en litros ni en una cantidad exacta de camisetas. Si voy a caminar por montaña, preparo la ropa y el equipo que necesito para esa ruta. Para visitar ciudades llevo otras cosas. Y también dejo sitio para lo que disfruto usando, aunque pueda apañármelas sin ello.
Lo que busco es ir cómodo con lo que llevo y poder transportarlo sin problemas. No me sirve de mucho una mochila pequeña si va tan llena que cada vez que saco algo me cuesta volver a guardarlo.

Lo que más agradezco de viajar con menos equipaje
Donde más agradezco llevar menos peso es en los desplazamientos. Después de un vuelo o de varias horas de autobús, lo último que me apetece es cargar con una mochila enorme hasta el alojamiento. Y si toca subir escaleras o cambiar varias veces de transporte, más todavía.
También tardo menos en recoger. Cuando cambio de alojamiento, guardo las cosas, reviso la habitación y cierro la mochila sin pelearme para que vuelva a caber todo. Parece una tontería, pero después de hacerlo varias veces durante un viaje se agradece.
Si puedo llevarlo todo en cabina, mejor. Me ahorro pasar por el mostrador para facturar y, al llegar, salgo del aeropuerto sin esperar junto a la cinta de equipajes. Antes de salir compruebo el peso y las medidas que permite mi billete, para no llevarme sorpresas.
Y me resulta más fácil aprovechar los ratos entre un desplazamiento y otro. Si faltan unas horas para coger el tren o todavía no puedo entrar al alojamiento, puedo dar una vuelta con la mochila. No siempre necesito buscar una consigna o volver a recoger mis cosas antes de seguir el viaje.
Cómo preparo ahora la mochila
Con los años he aprendido que no necesito llevar un conjunto para cada plan. Meto ropa cómoda que combine bien y que me pondría cualquier día. Con eso suelo tener de sobra para caminar, visitar una ciudad o salir a cenar. Lo que solo llevaría para una ocasión muy concreta casi siempre se queda en casa.
La lana merino me ayuda bastante con esto. Me gusta el tacto, ocupa poco y su resistencia a los olores permite volver a usar una prenda cuando sigue limpia. Lavo durante el viaje y voy rotando la ropa. En el artículo de lana merino para viajar cuento qué prendas uso y cuáles son mis marcas favoritas.
Con los cargadores, los accesorios y el neceser hago lo mismo. Reviso qué voy a utilizar y si llevo cosas repetidas. A veces encuentro más que quitar ahí que entre la ropa.
También dejo un poco de espacio libre para guardar una chaqueta o sacar algo durante el trayecto sin tener que vaciar la mochila.
Las cosas a las que no quiero renunciar
La fotografía forma parte de mis viajes. La cámara y los objetivos ocupan y pesan, pero disfruto usándolos y no quiero dejarlos en casa. Prefiero llevar menos ropa que renunciar a ese equipo.

Con la comodidad me ocurre lo mismo. Llevo un calzado con el que camino a gusto y el abrigo que necesito según el destino. La medicación, la documentación y el equipo necesario para la ruta tampoco se quedan fuera por ahorrar espacio.
Cada uno tiene sus prioridades. En mi mochila hay sitio para la cámara; otra persona lo aprovechará para algo distinto. Lo importante es usar lo que llevamos y viajar a gusto con ello.
Al volver de cada viaje, me fijo en lo que he usado y en lo que no ha salido de la mochila. Así he ido afinando el equipaje con los años, hasta quedarme con lo que me gusta llevar y de verdad aprovecho.