Si estás viajando por Bulgaria y tienes unos días en Sofía, hay una excursión que merece muchísimo la pena: Plovdiv. Y no, no hace falta montar una gran expedición ni alquilar un coche. Yo opté por hacer la excursión de un día desde Sofía con Civitatis, una forma cómoda de acercarse a una de las ciudades más fascinantes del país. Lo malo de este tipo de excursiones es que por muy buenas que sean, siempre te saben a poco.
Porque Plovdiv tiene algo especial: es histórica, sí, pero no parece un museo al aire libre. Aquí las ruinas romanas conviven con cafeterías, casas de colores, calles empedradas y rincones donde apetece simplemente perderse.
Y eso es precisamente lo que hice.
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Primera parada: viajar varios siglos atrás
Llegar a Plovdiv es empezar a preguntarse eso de ¿qué época toca ahora?
Plovdiv es una de las ciudades más antiguas de Europa y uno de esos lugares donde la historia se descubre casi a cada paso. Situada a orillas del río Maritsa, en el corazón de Bulgaria, sus orígenes se remontan a varios milenios atrás. A lo largo de su historia ha cambiado de nombre y de manos en numerosas ocasiones, y cada una de las civilizaciones que pasó por ella dejó su propia huella.

Los primeros grandes protagonistas fueron los tracios, que establecieron aquí un importante asentamiento. Más tarde, en el siglo IV a. C., la ciudad fue conquistada por Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, y pasó a llamarse Philippopolis. Posteriormente quedó bajo dominio romano y vivió uno de sus periodos de mayor esplendor. Los romanos la convirtieron en un importante centro comercial, político y cultural, y construyeron monumentos que todavía podemos admirar hoy, como el Teatro Romano, el estadio y parte de las antiguas calles y edificios de la ciudad.
Tras la caída del Imperio romano, Plovdiv pasó a formar parte del Imperio bizantino y durante siglos estuvo situada en una zona estratégica disputada por distintos poderes. En el siglo XIV llegó el dominio otomano, que se prolongaría durante casi cinco siglos. Durante este periodo la ciudad adquirió nuevas construcciones, mezquitas, mercados y barrios, y se convirtió en un importante centro comercial de la región.
El siglo XIX fue especialmente importante para Plovdiv. Durante el llamado Renacimiento Nacional Búlgaro, la ciudad se convirtió en uno de los principales focos culturales e intelectuales del territorio búlgaro. De esta época proceden muchas de las características casas de la Ciudad Vieja, con sus fachadas coloridas, balcones de madera y elaborados interiores.
Tras la creación del moderno Estado búlgaro en 1878, Plovdiv continuó creciendo y consolidándose como una de las ciudades más importantes del país. En 2019 fue elegida Capital Europea de la Cultura, reconocimiento que puso aún más en valor su extraordinario patrimonio histórico y su vibrante vida cultural.
Hoy, recorrer Plovdiv es viajar a través de diferentes épocas sin necesidad de salir de la ciudad. Ruinas romanas, iglesias ortodoxas, casas del Renacimiento búlgaro, restos otomanos, galerías de arte y cafés modernos conviven en sus calles. Quizá esa mezcla sea precisamente uno de sus mayores encantos: Plovdiv no es solo una ciudad con historia, sino una ciudad en la que la historia sigue formando parte del paisaje cotidiano.
Pero lo mejor es que no necesitas ser un apasionado de la historia para disfrutarla.
Y sí, prepara la cámara.
El casco antiguo: aquí empieza el paseo bueno
Si hay una zona que me conquistó especialmente y en el que merece la pena olvidarse del reloj fue el casco antiguo de Plovdiv.

Situado sobre una de las colinas de la ciudad, el Old Town es una auténtica cápsula del tiempo. Aquí las calles son estrechas, muchas están empedradas y las casas parecen competir entre ellas para ver cuál tiene más personalidad. Y lo mejor es que no hace falta seguir una ruta perfecta: parte del encanto está precisamente en perderse un poco.
Eso sí, prepárate para subir alguna cuesta. Plovdiv tiene colinas y no piensa esconderlas.
Casas que parecen sacadas de una película
Una de las primeras cosas que llaman la atención son las casas tradicionales del Renacimiento Nacional Búlgaro, muchas de ellas construidas durante los siglos XVIII y XIX.
Son muy características: fachadas de colores, balcones de madera, plantas superiores que sobresalen sobre las calles y una mezcla de elementos decorativos que las hace inconfundibles.

Algunas fueron antiguas viviendas de comerciantes adinerados y hoy se pueden visitar como casas-museo. Una de las casas que más llama la atención es la Casa Kuyumdzhioglu, una espectacular vivienda construida en 1847 que hoy alberga el Museo Etnográfico Regional de Plovdiv. Solo su fachada ya merece una parada, pero entrar permite descubrir cómo era la vida y las tradiciones de los búlgaros durante el Renacimiento Nacional. Entre trajes tradicionales, instrumentos, cerámicas y objetos cotidianos, la visita ayuda a ponerle rostro a toda esa historia que vamos encontrando mientras recorremos el casco antiguo.

Entrar en ella permite hacerse una idea de cómo vivían las familias acomodadas de la ciudad. Y aquí viene lo curioso: desde fuera ya resulta bonita, pero es en el interior donde realmente sorprende, con habitaciones decoradas, techos de madera y detalles que muestran el nivel de riqueza de sus antiguos propietarios. El precio de la entrada es de 4 euros el adulto.


Más que visitar casas una detrás de otra, lo divertido es caminar por las calles empedradas y fijarse en los pequeños detalles. Una ventana, una puerta de madera, un balcón lleno de flores…






En Plovdiv, incluso el camino entre dos monumentos merece la pena.
Nebet Tepe: el momento de las vistas
Si todavía tienes energía, toca continuar hacia Nebet Tepe, una de las colinas históricas de Plovdiv y desde donde puedes conseguir buena panorámica de la ciudad.
Esta antigua colina es uno de los lugares históricos más importantes de la ciudad y, además, regala unas vistas estupendas. Aquí nos alejamos un poco de las casas señoriales y entramos en una zona marcada por los restos de las antiguas fortificaciones y por una historia que se remonta a los primeros asentamientos de la ciudad.

Es el típico sitio al que llegas después de caminar un rato y piensas que, a pesar de la subida, sí que ha merecido la pena llegar hasta aquí. Desde arriba puedes contemplar los tejados de la ciudad y entender mejor cómo se extiende Plovdiv alrededor de sus famosas siete colinas.

Un consejo: si vas con tiempo, quédate unos minutos. No todo en un viaje tiene que consistir en tachar lugares de una lista.
A veces basta con sentarse, mirar y disfrutar.
El Teatro Romano: uno de los grandes protagonistas
Después de bajar de Nebet Tepe y de callejear un rato más maravillándonos con las preciosas casas de Plovdiv, llegamos al plato fuerte de la ciudad: el Antiguo Teatro Romano.

Está construido sobre la ladera de la colina y, aunque fue levantado hace casi dos mil años, sigue siendo uno de los símbolos de la ciudad.
Lo primero que sorprende es su estado de conservación. Las gradas de piedra siguen formando el impresionante semicírculo del teatro y, desde ellas, las vistas sobre Plovdiv son magníficas.

Es fácil imaginarse la escena hace siglos: espectadores ocupando las gradas, representaciones sobre el escenario y la ciudad extendiéndose alrededor. Subir hasta aquí y encontrarte de repente con las gradas, las columnas y las vistas sobre la ciudad es uno de esos momentos en los que entiendes por qué Plovdiv merece una visita.
Hoy el teatro continúa teniendo vida y se utiliza para conciertos y espectáculos. La entrada cuesta 3,5 euros, pero el que se confirme con verlo desde fuera, hay vistas bastante decentes a través de las vallas que lo rodean.

Y ese detalle nos encanta: no estás contemplando simplemente unas ruinas, sino un lugar que todavía forma parte de la vida cultural de Plovdiv.
La iglesia de San Constantino y Santa Elena
Continuando el paseo por el casco antiguo encontramos otra de las construcciones que merece una parada: la Iglesia de San Constantino y Santa Elena.
Su aspecto actual es fruto de diferentes etapas de construcción y restauración, y su ubicación, junto a las antiguas murallas, le da un encanto especial.
El exterior puede parecer relativamente discreto, pero merece la pena entrar para descubrir sus iconos y su decoración interior.


Además, es uno de esos lugares que aparecen casi de repente mientras caminas por las calles del casco antiguo. Y esa sensación de ir descubriendo cosas sin esperarlas es una de las mejores experiencias que ofrece Plovdiv.
Iglesia de Sveta Bogoroditsa
Otra de las iglesias que visitamos en el tour fue ésta. Situada en lo alto de la Ciudad Vieja de Plovdiv, la iglesia de Sveta Bogoroditsa (la Santa Madre de Dios), destaca por su elegante campanario y por la larga escalinata que conduce hasta su entrada. El templo actual fue construido en 1844 sobre un antiguo emplazamiento religioso y guarda un lugar especial en la historia búlgara: en 1859 acogió una de las primeras celebraciones litúrgicas en lengua búlgara en Plovdiv.
Al entrar, el ambiente cambia: penumbra, iconos, frescos y un impresionante iconostasio de madera tallada crean un espacio íntimo y lleno de historia. Una parada imprescindible mientras se recorren las calles empedradas de la ciudad vieja.

La Mezquita Dzhumaya y el centro histórico
Tras bajar las escalinatas que conducen a la iglesia anterior y tras caminar unos cinco minutos escasos, el paisaje vuelve a cambiar. Una de las construcciones más llamativas es la Mezquita Dzhumaya, situada junto a la zona peatonal y muy cerca del Estadio Romano.
Su presencia recuerda otra de las muchas etapas históricas que ha vivido Plovdiv y demuestra algo que se repite constantemente mientras recorres la ciudad: aquí diferentes épocas conviven prácticamente puerta con puerta.

Y justo al lado aparece otro de esos descubrimientos que te dejan con la boca abierta: el Estadio Romano de Filipópolis.
Lo curioso es que buena parte del estadio se encuentra bajo la actual calle principal. Solo una parte es visible, pero basta para hacerse una idea de las enormes dimensiones que tuvo en época romana.

Caminar por el centro y encontrarte con un estadio romano debajo de tus pies es, como mínimo, una manera bastante original de dar un paseo.
Y de repente… Kapana: del pasado al Plovdiv más moderno
Después de tanta historia, llega el momento de cambiar de escenario. A pocos minutos del casco antiguo encontramos Kapana, el barrio creativo de Plovdiv.
Kapana, cuyo nombre significa algo así como «la trampa», es uno de los barrios más animados de Plovdiv. Y podemos confirmar que el nombre tiene sentido: entras para dar un paseo rápido y, cuando quieres darte cuenta, llevas un buen rato recorriendo sus calles. Aquí encontrarás arte urbano, pequeñas tiendas, restaurantes, terrazas y bares. Las calles son peatonales y tienen un ambiente mucho más moderno y creativo. Es el lugar perfecto para sentarse a tomar algo o comer antes de continuar la excursión.
Y también es donde se entiende mejor la personalidad de Plovdiv: una ciudad capaz de conservar miles de años de historia sin dejar de mirar hacia delante.
Porque recorrer una ciudad con siglos de historia da hambre. Eso también debería estar incluido en cualquier guía de viaje.
¿Qué ver en Plovdiv en un día?
Aunque un día no es suficiente para conocer la ciudad a fondo, sí permite hacerse una idea bastante completa.
Nuestra ruta ideal sería:
→ Casco antiguo para empezar a descubrir la arquitectura tradicional.
→ Teatro Romano para conocer una de las grandes joyas de la época romana.
→ Nebet Tepe para disfrutar de las vistas.
→ Mezquita Dzhumaya y el centro para seguir explorando el corazón de la ciudad.
→ Kapana para terminar entre terrazas, arte urbano y ambiente.
Y, sobre todo, dejar algunos huecos libres.

Porque Plovdiv es de esas ciudades en las que lo interesante puede aparecer justo cuando te sales de la ruta.
¿Merece la pena hacer la excursión desde Sofía?
Para mí, sí, totalmente.
Sofía tiene suficientes atractivos para dedicarle varios días, pero precisamente por eso Plovdiv funciona tan bien como escapada: en una jornada cambias completamente de ambiente y descubres una ciudad con una personalidad propia.
Además, hacer la excursión con Civitatis resulta práctico si no quieres preocuparte por organizar por tu cuenta los desplazamientos y la logística. Es una opción especialmente cómoda si estás haciendo un viaje por Bulgaria y quieres aprovechar bien el tiempo.

Eso sí: lleva calzado cómodo. Plovdiv se disfruta caminando y sus calles empedradas tienen bastante que decir.
Plovdiv: una ciudad para caminar sin prisa
Lo que más me gustó de Plovdiv no fue un monumento concreto, sino que fue la mezcla: ruinas romanas, casas de colores, iglesias, mezquitas, calles empedradas, arte urbano, terrazas y un ambiente joven que aparece entre edificios históricos.
Es una ciudad que ha acumulado siglos de historia sin quedarse atrapada en ellos. Y quizá ahí está su encanto.
Si estás en Sofía y tienes un día libre, guarda un hueco para Plovdiv. Súbete a la excursión, ponte unas zapatillas cómodas y prepárate para caminar.
Porque probablemente volverás a Sofía con muchas fotos…y con la sensación de que un solo día se te ha quedado corto.


