Samarcanda es una de las ciudades más fascinantes de Uzbekistán y una parada imprescindible en la Ruta de la Seda. En esta guía te contamos qué ver en Samarcanda, sus monumentos más impresionantes, excursiones cercanas y consejos prácticos para organizar tu viaje.
Hay ciudades que parecen contener siglos de historia en cada rincón, y Samarcanda es una de ellas. Situada en el corazón de Asia Central, esta antigua ciudad de Uzbekistán ha sido durante milenios un punto de encuentro entre culturas, imperios y caravanas que recorrían la legendaria Ruta de la Seda. Sus cúpulas turquesa, madrasas monumentales y plazas majestuosas evocan un pasado de esplendor que todavía hoy fascina a los viajeros.
Visitar Samarcanda no es solo descubrir una ciudad hermosa: es recorrer una de las encrucijadas históricas más importantes del mundo.
Hacia mucho tiempo que no viajaba con amigos y Uzbekistán fue el destino elegido para empezar a retomar esta buena costumbre. Viajamos durante diez días a mediados de marzo de 2026, coincidiendo con el final del ramadán. Fuimos vía Estambul en un vuelo que llegó de madrugada a Samarcanda.

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Breve historia de Samarcanda
Samarcanda, la ciudad más conocida de Uzbekistán, es una de esas ciudades que parecen sacadas de un cuento. Fue durante siglos uno de los grandes centros de la Ruta de la Seda, el lugar donde se cruzaban caravanas, culturas y conocimientos procedentes de Oriente y Occidente. A día de hoy conserva el esplendor de una ciudad que fue clave en la historia del comercio y de los imperios.
La historia de Samarcanda se remonta a más de 2.700 años. En la antigüedad era conocida como Maracanda y formaba parte de la región de Sogdiana, un territorio habitado por comerciantes que prosperaron gracias a las rutas comerciales que conectaban China, Persia y el Mediterráneo. Gracias a su posición estratégica, la ciudad se convirtió muy pronto en un importante centro de intercambio donde no solo circulaban mercancías, sino también religiones, ideas y culturas.
En el año 329 a.C., Samarcanda fue conquistada por Alejandro Magno durante su campaña en Asia Central. Según las crónicas, el conquistador quedó impresionado por la riqueza y el tamaño de la ciudad. Tras la conquista, Samarcanda pasó a formar parte del mundo helenístico, lo que introdujo nuevas influencias culturales en la región.
Siglos más tarde, con la expansión del islam, los árabes conquistaron la ciudad en el siglo VIII y Samarcanda se integró en el mundo islámico. Durante este periodo siguió siendo un importante centro comercial y cultural en la Ruta de la Seda.
El mayor momento de esplendor llegó en el siglo XIV con Timur, conocido en Occidente como Tamerlán. El conquistador convirtió Samarcanda en la capital de su imperio y quiso transformarla en la ciudad más impresionante del mundo. Para ello llevó a arquitectos, artistas y artesanos de todos los territorios que había conquistado, lo que dio lugar a algunos de los monumentos más espectaculares de Asia Central, como la plaza del Registán, el mausoleo Gur-e Amir o la mezquita Bibi-Khanym.
Tras la muerte de Timur, su nieto Ulugh Beg convirtió la ciudad en un importante centro científico. Astrónomo y matemático, construyó un gran observatorio desde el que se realizaron algunos de los estudios astronómicos más avanzados de su época.
Con el paso de los siglos y el declive de la Ruta de la Seda, Samarcanda fue perdiendo parte de su importancia. La ciudad pasó por diferentes dominios hasta ser incorporada al Imperio ruso en el siglo XIX y posteriormente a la Unión Soviética. Durante este periodo se restauraron muchos de sus monumentos históricos. La disolución de la URSS en 1991, dio lugar a la formación de 15 nuevos países, entre ellos la República de Uzbekistán.
Hoy Samarcanda es una de las ciudades más fascinantes de Asia Central. Sus monumentos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siguen mostrando la grandeza de una ciudad que durante siglos fue uno de los grandes cruces de caminos del mundo.
Qué ver en Samarcanda
Como ya hemos dicho antes, Samarcanda es una de las ciudades más fascinantes de Asia Central y una de las paradas imprescindibles de la antigua Ruta de la Seda. Su rica historia ha dado lugar a uno de los paisajes monumentales más impresionantes del mundo islámico. Pasear por la ciudad es recorrer siglos de historia, desde los tiempos de Alejandro Magno hasta el esplendor del imperio de Tamerlán. Estos son algunos de los lugares que no te puedes perder en una visita.
Plaza del Registán
El punto culminante de toda visita a Uzbekistán, fue nuestra primera parada. No hay ninguna duda de que este es uno de los sitios más emblemáticos de toda Samarcanda ya que es la plaza más famosa de la ciudad y probablemente uno de los conjuntos arquitectónicos más espectaculares del mundo.
Como hemos dicho, llegamos a Samarcanda cuando todavía no era de día. Tras pasar un par de horas en el hotel, donde dormitamos en unos sofás que había en recepción, nos levantamos emocionados para ir a ver la Plaza del Registán nada más amanecer. Nos quedaba apenas a un par de minutos del alojamiento, así que llegamos casi sin enterarnos. Como era de suponer, estábamos prácticamente solos. Hay un mirador justo enfrente que proporciona las mejores vistas del Registán. Nuestra primera impresión fue de inmensa emoción, por fin estábamos delante del lugar que tantas veces vimos en documentales y fotografías. El lugar es fascinante, y se mire por donde se mire, es una auténtica maravilla y de una perfección absoluta.
La plaza está rodeada por tres majestuosas madrasas cubiertas de mosaicos y azulejos: la de Ulugh Beg, Sher-Dor y Tilya-Kori.

La palabra “Registán” significa literalmente “lugar de arena”. Antiguamente esta plaza era el centro de la vida pública de Samarcanda. Aquí se reunían comerciantes, se anunciaban decretos, se celebraban ceremonias y también se impartía justicia. Hoy, en cambio, el ambiente es mucho más tranquilo, pero la sensación de estar en un lugar histórico sigue siendo muy fuerte.
Esa primera mañana no entramos al recinto, solo lo contemplamos por fuera. La visita la reservamos para la segunda mañana y, en mi caso, también para el anochecer del tercer y último día que pasamos en Samarcanda.
La primera madrasa que se ve al entrar en la plaza es la madrasa de Ulugh Beg, construida en el siglo XV. Ulugh Beg, nieto de Tamerlán, no solo fue gobernante, sino también un apasionado de la ciencia y la astronomía. Esta madrasa fue una de las instituciones educativas más importantes de su tiempo, y en ella estudiaban matemáticas, astronomía, filosofía y teología. Si uno se fija bien en los mosaicos de la fachada, aparecen incluso motivos de estrellas, un detalle poco común en la arquitectura islámica.




Frente a ella se encuentra la madrasa Sher-Dor, construida dos siglos más tarde. Su fachada es una de las más curiosas del mundo islámico, ya que muestra leones, que más bien parecen tigres, persiguiendo ciervos bajo un sol con rostro humano. Este tipo de representaciones figurativas no es habitual en edificios religiosos, lo que hace que este lugar resulte aún más sorprendente. El color de los azulejos nos dejó enamorados a todos, son de una belleza increíble, así como las cúpulas.







La tercera madrasa que completa el conjunto es la madrasa Tilya-Kori, construida en el siglo XVII. Además de funcionar como escuela coránica, también servía como mezquita principal de la plaza. Si entramos en su interior, encontramos uno de los espacios más espectaculares del Registán: una sala completamente cubierta de decoraciones doradas que brillan con la luz que entra por las ventanas.







Caminar por la plaza, detenerse a observar los mosaicos y recorrer los patios interiores de las madrasas permite imaginar cómo era este lugar en su época de mayor esplendor. Estudiantes llegaban desde distintos lugares del mundo islámico para estudiar aquí, mientras mercaderes y viajeros cruzaban Samarcanda siguiendo la Ruta de la Seda.



Una de las tardes que estuvimos se puso a llover, así que aproveché para acercarme de nuevo hasta aquí y ver el reflejo de las mezquitas sobre el pavimento mojado.

Si durante el día el lugar es impresionante, al caer la tarde, cuando la luz del sol empieza a teñir de tonos cálidos las cúpulas azules, el Registán se vuelve aún más mágico. Es uno de esos lugares donde la historia, la arquitectura y el ambiente se combinan para crear una de las plazas más espectaculares del mundo.
Por si no fuera suficiente, al anochecer las fachadas de las madrasas comienzan a iluminarsepoco a poco. Los mosaicos azules y dorados que durante el día ya resultan impresionantes adquieren un brillo especial bajo la luz artificial, creando una atmósfera casi mágica. Además, por la noche hay menos visitantes que durante el día, lo que permite disfrutar del lugar con más calma.




Uno de los momentos más bonitos en el Registán lo vivimos cuando la luz ya se había ido del todo. La plaza se transforma por completo gracias al espectáculo de iluminación que se proyecta sobre las tres madrasas que la rodean. Ocurre a las 20 horas todos los días y dura poco más de un cuarto de hora.

Habíamos leído que en algunas épocas del año hay un espectáculo de láser 3D sobre las fachadas a las 21 horas. Las proyecciones van contando la historia de Samarcanda y de la Ruta de la Seda, mientras cambian los colores y aparecen imágenes que recorren siglos de historia. Todo esto acompañado de música que refuerza aún más la sensación de estar en un lugar único. En el momento de nuestra visita, no se realizaban estas proyecciones. Se puede ver, al igual que el espectáculo de luces diario, tanto desde el interior del conjunto (entrada de pago) como desde el exterior, tras la valla, donde hay bancos tipo anfiteatro.
- Horario:
- Temporada alta: Abierto de 07:00 a 00:00 horas.
- Temporada baja: Abierto de 08:00 a 20:00 horas.
- La plaza puede verse desde el exterior a cualquier hora, ya que está en un espacio abierto de la ciudad.
- Precio:
- Entrada general para visitantes extranjeros adultos: 100.000 som uzbecos (unos 7-8 €).
- Niños extranjeros hasta 14 años: 50.000 soms.
- Con este ticket se puede entrar al recinto y visitar las tres madrasas que rodean la plaza.
- Precios mucho más bajos para nacionales uzbekos, que también cambian en función de la edad y de la temporada.
Mausoleo de Amir Temur
Después de un primer vistazo a la plaza del Registán, nos dirigimos hasta este mausoleo, lugar de encuentro de nuestro Free Tour por Samarcanda que habíamos reservado con Civitatis.
Desde fuera, lo primero que impacta es su majestuosa cúpula azul, uno de los iconos más reconocibles de Asia Central. Es imposible no detenerse unos minutos antes de entrar, simplemente para admirar cómo la luz resbala sobre los azulejos y resalta cada detalle geométrico.


La visita al interior la reservamos para el free tour de la tarde, durante el cual nuestra guía Moji, nos fue explicado la historia de este lugar. Al cruzar la puerta, el ambiente se vuelve solemne. Estamos en el lugar donde descansa Amir Temur ,conocido en Occidente como Tamerlán, uno de los grandes conquistadores de la historia. Fundador del Imperio timúrida en el siglo XIV, convirtió Samarcanda en una de las ciudades más brillantes de su tiempo, un cruce de culturas, ciencia y arte.




El mausoleo no fue concebido originalmente para él. Se construyó en 1403 para su nieto favorito, Muhammad Sultan. Sin embargo, tras la muerte de Temur en 1405 durante una campaña militar, su cuerpo fue trasladado aquí, convirtiendo el lugar en el panteón familiar de la dinastía.


Después de hacer unas cuantas fotos en el exterior, pasamos a la sala principal, donde levantamos la vista asombrados: el interior es un espectáculo de oro, lapislázuli y patrones intrincados que parecen no repetirse nunca. Las paredes están cubiertas de decoraciones que combinan técnicas persas y asiáticas, reflejando la riqueza cultural de su imperio. Es de una belleza increíble, preámbulo de todo lo que veríamos durante el viaje.

En el centro de la sala se encuentran los cenotafios (tumbas simbólicas). El más llamativo es el de Amir Temur, una pieza de jade oscuro que destaca entre los demás. Sin embargo, el verdadero enterramiento se encuentra en una cripta subterránea, justo debajo. Alrededor, también descansan otros miembros de su familia, incluidos sus hijos y su nieto, así como su maestro espiritual.
Antes de salir, nos deleitamos con las inscripciones en árabe que recorren las paredes, con versos del Corán.


De nuevo fuera otra vez, aprovechamos unos últimos minutos para admirar los delicados mosaicos exteriores. No hay duda de que es un lugar que nos encantó.

- Horario: Abierto todos los días entre las 07:00 y las 19:00 horas.
- Precio:
- Adultos extranjeros: 75.000 soms.
- Niños extranjeros: 65.000 soms.
- Precios mucho más bajos para nacionales uzbekos.
- Dirección: Oqsaroy 1, Bustonsaroy St 1/4, Universitetskiy Boulevard, Samarkand, Samarqand Region, Uzbekistán.
Mezquita Ruhobod Jome
Este templo, que la mayoría de las veces pasa totalmente desapercibido entre la majestuosidad de otros monumentos de la ciudad, destaca por su sobriedad y tranquilidad. Para nosotros hubiera pasado lo mismo si no hubiese estado en nuestro camino al Mausoleo de Amir Temur.
Sus líneas simples, la luz que se filtra suavemente y la atmósfera de oración crean un espacio ideal para la contemplación. No es solo un sitio histórico, sino un lugar vivo de culto, por lo que se recomienda visitar con respeto y vestimenta adecuada.

- Horario: No hay un horario oficial estricto publicado para visitantes como en museos o grandes complejos. Como ocurre con muchos lugares de culto en Uzbekistán, suele estar accesible durante el día, especialmente por la mañana y la tarde, mientras no haya servicios religiosos intensos ni momentos de oración.
- Consejo: intenta visitarla entre las 09:00 y las 18:00 para evitar prisas y tener luz óptima para ver detalles y tomar fotos.
- Precio: Entrada gratuita, aunque donaciones voluntarias pueden ser bienvenidas para el mantenimiento.
- Dirección: Se encuentra en Registan Street, Samarcanda 140164, Uzbekistán.
Mezquita Bibi- Khanym (o Bibi-Xonim )
Uno de los lugares que más nos gustó de toda Samarcanda fue esta mezquita. Si la plaza del Registán nos había dejado sin palabras, al llegar aquí tras un corto paseo, nos pasó lo mismo. A medida que nos acercábamos, ya intuíamos que estábamos ante algo extraordinario, pero nada nos preparó del todo para lo que supuso estar frente a ella.

El primer impacto es visual: una portada monumental que parece desafiar las proporciones humanas. Sus dimensiones abruman. Con solo levantar la vista nos dimos cuenta de lo pequeño que somos en comparación con esta obra que, siglos atrás, ya aspiraba a impresionar a todo el que llegara hasta aquí. La mezquita inició su construcción en 1399 bajo las ordenes de Tamerlán en honor a su esposa favorita. Estaba destinada a ser la mezquita más grande de toda Asia Central.
El portón de entrada mide 35 metros, y estaba flanqueado por minaretes que según nuestra guía del free tour, llegaron a medir 70 metros del altura. Cuando se construyó, el complejo tenía cuatro galerías pavimentadas con mármol, cubiertas con 400 cúpulas y sostenidas por 400 columnas que rodeaban un inmenso patio interior. El portón de la sala de oración aún medía un poco más que el de la entrada. Otros cuatro alminares se levantaban en las esquinas del patio. Al norte y al sur, dos mezquitas más pequeñas, que estaban adornadas con cúpulas que descansaban sobre un tambor cilíndrico que miraba hacia el patio, en cuyo centro descansaba, sobre un atril del mármol el Corán de Osmán, el segundo Corán más grande del Islam, del siglo VII, que Tamerlán trajo de Damasco.








Por desgracia, poco después de su construcción empezó a deteriorarse. La edificación no había sido la adecuada debido a las prisas de los arquitectos. Si a eso se le añaden los daños producidos por terremotos, la mezquita sufrió deterioros importantes.
Por suerte, siglos después se hicieron procesos de restauración que hicieron que la mezquita recuperara un poco su aspecto original.


- Horario:
- Lunes a viernes: De 07:00 a 22:00 horas.
- Sábados y domingos: De 09:00 a 22:00 horas.
- Los horarios pueden cambiar según la temporada, así que conviene verificar en destino.
- Precio:
- Adultos extranjeros: 75.000 soms.
- Niños extranjeros: 65.000 soms.
- Precios mucho más bajos para nacionales uzbekos.
- Dirección: MX6J+72W, Bibikhonim St, al lado del bazar Siab, Samarcanda.
- Teléfono: Consulta sobre entradas: +998-977934675.
- 👉 Lo más recomendable es ir por la mañana temprano o al atardecer, cuando hay mejor luz y menos gente.
Mausoleo Bibi Khanym
Justo al lado de la impresionante mezquita Bibi Khanym hay un rincón que mucha gente pasa de largo y es un error: el mausoleo de Bibi Khanym. Es pequeño, sí, pero tiene un encanto muy especial.

Después de la locura de la mezquita, gigante, imponente, llena de detalles, llegar aquí es como bajar revoluciones de golpe. Todo es mucho más tranquilo, más cercano. No hay más personas aparte de nosotros cuatro visitándolo y el ambiente invita a tomárselo con calma.
Lo primero que llama la atención es su cúpula azul, más sencilla pero muy elegante. Al acercarnos, empezamos a fijarnos en los detalles: los azulejos, los tonos turquesa, las formas geométricas. No es espectacular en tamaño, pero tiene su encanto. En su interior, el espacio es pequeño y bastante sobrio, pero tiene mucha historia ya que aquí están enterradas varias mujeres de la familia de Tamerlán.
Lo mejor de este sitio es precisamente eso: el contraste. Venimos de ver algo enorme y de repente nos encontramos con un lugar tranquilo donde es posible parar un momento, sentarse si se quiere, y simplemente disfrutar del silencio. Y además, obtener una de las mejores vistas de la mezquita en la que acabábamos de estar.
Si visitas la mezquita, acércate también aquí. No te llevará mucho tiempo y le da a la experiencia un toque mucho más completo.

Bazar Siyob
Si quieres sentir el pulso auténtico de Samarcanda, el Bazar Siyob es una parada imprescindible. Situado junto a la imponente mezquita de Bibi-Khanym, este mercado es uno de los lugares más vivos y coloridos de la ciudad.
Aquí todo entra por los sentidos: montañas de especias, frutas frescas, frutos secos y el aroma inconfundible del pan tradicional uzbeko, el famoso “non”, decorado con estampados únicos. Los puestos se suceden entre sonrisas, regateos y una energía constante que refleja la vida cotidiana local. Fuimos al bazar durante un free tour que hicimos el primer día en Samarcanda y durante la visita pudimos probar frutos secos, frutas y otros alimentos que los comerciantes nos ofrecían.

Más que un mercado, el Siyob es una experiencia cultural. Es el sitio perfecto para observar tradiciones, probar sabores típicos y llevarse un pedacito de Uzbekistán en forma de recuerdos gastronómicos. Un lugar ideal para perderse un rato y dejarse llevar.
- Horario:
- Lunes: Cerrado.
- Martes de domingo: Abierto de 07:00 a 19:00 horas.
- Dirección:
Mezquita Hazrat Xirn
Continuamos camino, y nuestra siguiente parada, a corta distancia fue esta mezquita. Nada más acercarnos, lo primero que llama la atención es su ubicación privilegiada. Se alza sobre una pequeña colina, lo que permite disfrutar de unas vistas abiertas del entorno, incluyendo el cercano conjunto de Shah-i-Zinda. La sensación es de calma, casi de recogimiento, como si este rincón hubiera quedado al margen del bullicio turístico.

Al cruzar la entrada, nos recibe una estructura elegante y delicada. La mezquita, construida en el siglo XIX sobre una base mucho más antigua, presenta una arquitectura típica de Asia Central: una mezcla de colores suaves, detalles en madera tallada y una decoración que invita a detenerse y observar. Las columnas de madera del pórtico, finamente trabajadas, sostienen un techo pintado con motivos geométricos y florales que parecen contar historias silenciosas. La verdad es que es una preciosidad y no podemos dejar de hacer otra cosa más que admirarla y hacer más y más fotos.



La mezquita está dedicada a Hazrati Xizr, una figura venerada en la tradición islámica, asociada con la sabiduría y la protección de los viajeros. No es raro ver a fieles acercarse en silencio, rezar o simplemente sentarse unos minutos en contemplación.

Después de entrar al interior de la mezquita, salimos y rodeamos el edificio. Desde aquí, las vistas son aún más impresionantes. Se puede contemplar el perfil de Samarcanda, con sus cúpulas turquesas y sus monumentos históricos destacando en el horizonte. Es un lugar perfecto para detenerse, respirar y dejar que el tiempo pase despacio.

Aunque la mezquita Hazrati Xizr no es la más famosa de la ciudad, merece mucho la pena su visita. Es un espacio que invita a mirar con calma, a escuchar el silencio y a conectar con una parte más espiritual del viaje. Una visita que, sin duda, deja huella.
- Horario:
- Abierta al público diariamente desde las 08:00 a las 17:30 horas.
- ⚠️ Ten en cuenta que al ser un lugar de culto, el acceso al interior puede limitarse durante los momentos de oración.
- Precio: Entrada gratuita
- Dirección: Tashkentskaya St, Samarcanda, Uzbekistán.
Mausoleo de Islam Karimov
En el terreno adyacente a la mezquita Hazrat Khizr encontramos el Mausoleo de Islam Karimov. Aquí se ofrece una mirada distinta de la historia: más reciente, pero igualmente significativa. Al encontrarse en una zona tan tranquila su visita puede pasar desapercibida para la gran mayoría.
El mausoleo está dedicado a Islam Karimov, quien fue el primer presidente de Uzbekistán tras la disolución de la Unión Soviética en 1991. Gobernó el país durante más de dos décadas, hasta su fallecimiento en 2016.

El mausoleo en sí destaca por su elegancia sobria. Construido en mármol claro, el complejo está coronado por una cúpula que recuerda a la arquitectura tradicional timúrida, tan característica de Samarcanda. Los detalles en mosaico, finamente elaborados, brillan con la luz del sol y aportan un aire solemne pero armonioso. El espacio está rodeado de jardines cuidados, con senderos que invitan a pasear en silencio y a tomarse un momento de calma.

Desde allí, además, se obtienen vistas privilegiadas del famoso conjunto de Shah-i-Zinda, con sus cúpulas azules asomando en el horizonte así como de gran parte de la ciudad de Samarcanda.

Durante la visita, lo que más llama la atención es el ambiente: respetuoso, tranquilo, casi introspectivo. No es un lugar tan concurrido como los grandes monumentos de la ciudad, lo que permite disfrutarlo con más pausa. Además, su ubicación lo convierte en una parada perfecta dentro de un recorrido que combine historia antigua y contemporánea.
Necrópolis Shah-i-Zinda
La necrópolis de Shah-i-Zinda, traducido como “el rey viviente”, es un complejo funerario que no es solo un conjunto de mausoleos, sino un viaje sensorial a través de siglos de arte, espiritualidad y arquitectura islámica. Creo que tendría difícil elegir entre la Plaza del Registán y esta necrópolis entre mis sitios favoritos de Samarcanda.

Llegar a Shah-i-Zinda es como cruzar un umbral invisible. Desde el primer arco de entrada, situado después de un tramo de escaleras, nos vimos envueltos por una sucesión de cúpulas turquesas, mosaicos hipnóticos y azulejos que reflejan la luz del sol con una intensidad casi irreal. El color azul domina cada rincón, evocando el cielo, el infinito y lo divino.



La necrópolis se desarrolló entre los siglos XI y XV, alcanzando su máximo esplendor durante el reinado de Tamerlán y sus descendientes. A lo largo de un estrecho pasillo empedrado se alinean mausoleos dedicados a miembros de la élite timúrida, nobles y figuras religiosas. Cada uno es distinto, pero todos comparten una obsesión por el detalle: inscripciones en caligrafía cúfica, patrones geométricos imposibles y cerámicas esmaltadas que han resistido el paso del tiempo. Los techos de la mayoría de los mausoleos son simplemente una maravilla.



Pero Shah-i-Zinda no es solo belleza. Según la tradición, aquí se encuentra la tumba de Kusam ibn Abbas, primo del profeta Mahoma, quien habría llevado el islam a la región. La leyenda dice que no murió, sino que descendió a un pozo y continúa viviendo, de ahí el nombre del lugar. Esta historia convierte la necrópolis en un sitio de peregrinación, donde todavía hoy se respira una profunda atmósfera espiritual.
Uno de los aspectos más fascinantes es cómo el conjunto evoluciona a medida que caminas. Las primeras estructuras son más sobrias, pero conforme avanzas, los mausoleos se vuelven más elaborados, como si compitieran entre sí en belleza. Es un recorrido que invita a detenerse, observar y perderse en los detalles.


Para quienes aman la fotografía, la historia o simplemente los lugares que dejan huella, Shah-i-Zinda es una parada imprescindible en Samarcanda. No es solo un monumento: es un relato visual de la grandeza de una civilización y un recordatorio de que, incluso en la muerte, el arte puede alcanzar la eternidad. La imagen de las cúpulas nos dejó hipnotizados.




- Horario:
- Temporada alta: Abierto todos los días de 07:00 a 22:00 horas.
- Temporada baja: Abierto de 08:00 a 20:00 horas.
- Precio:
- Adultos extranjeros: 80000 soms.
- Niños de 7-16 años extranjeros: 40.000 soms.
- Precios mucho más bajos para nacionalaes uzbekos.
- Dirección: Shohi Zinda ko’chasi, Samarkand, Samarqand Region, Uzbekistán.
- Consejo viajero: Lleva tiempo y paciencia. Este no es un sitio para recorrer con prisas. Cada rincón tiene algo que contar… si estás dispuesto a escucharlo
Observatorio de Ulugh Beg
Llegamos hasta aquí tras un paseo de algo más de media hora desde la necrópolis Shah-i-Zinda. Lo primero con lo que nos encontramos fue con la estatua dedicada a su protagonista: Ulugh Beg. Nieto de Amir Temur, fue muy distinto a su abuelo. En lugar de conquistar territorios, prefirió conquistar conocimiento.
En el año 1420 mandó construir este observatorio, convirtiendo Samarcanda en un referente mundial de la astronomía. Aquí trabajaron algunos de los mejores sabios de la época, elaborando tablas estelares increíblemente precisas para su tiempo.
Tras subir un pequeño tramo de escaleras, nos encontramos en uno de los centros científicos más avanzados del mundo medieval: frente a nosotros aparece el Observatorio de Ulugh Beg. A primera vista puede parecer discreto comparado con las grandes madrasas o mausoleos de la ciudad, pero aquí se hizo algo extraordinario: observar y medir el universo con una precisión sorprendente… ¡hace más de 600 años!


Al comenzar la visita, descubrimos que gran parte del edificio original fue destruido siglos después. Pero no todo se ha perdido. Lo más impresionante sigue ahí, esperándonos.

Esperamos unos minutos a que se vacíe de gente, ya que justo coincidió nuestra visita con la de un grupo escolar. Descendemos ligeramente y lo vemos: el enorme arco de piedra del sextante gigante, parcialmente enterrado. Este instrumento servía para medir la posición de las estrellas con una precisión asombrosa. Solo con verlo, es fácil imaginar a los astrónomos trabajando aquí, noche tras noche, observando el cielo despejado de Asia Central.

Junto al observatorio encontramos un museo que merece mucho la pena. En él se exponen manuscritos, mapas celestes y reproducciones de los instrumentos utilizados.

Aquí entendemos mejor la magnitud de lo que se logró en este lugar. Las tablas astronómicas de Ulugh Beg fueron tan precisas que se utilizaron durante siglos, incluso fuera del mundo islámico.


- Horario: Abierto todos los días de 08:00 a 19:00 horas.
- Precio: Entrada gratuita.
- Dirección: M2F4+W7C, Tashkent Rd, Samarkand, Samarqand Region, Uzbekistán.
- 📌 Se encuentra a las afueras del noreste de Samarcanda, en una pequeña colina con vistas despejadas del entorno, ideal para la observación astronómica.
Galería de Arte Chorsu
Si en tu paseo por Samarcanda ya te has quedado boquiabierto con la majestuosa Plaza Registán, justo detrás te espera un plan diferente: la Galería de Arte Chorsu. Ubicada en un edificio histórico de forma hexagonal que data del siglo XV, este antiguo centro de comercio hoy alberga una colección vibrante de arte uzbeko moderno.
Lo que hace especial a Chorsu no es solo su arte, sino su historia: su nombre proviene del persa y significa “cruce de caminos”, reflejo de su ubicación estratégica en la antigua Ruta de la Seda. Tras varias reconstrucciones, el espacio fue transformado en galería en 2005, y desde entonces acoge tanto a artistas consagrados como a jóvenes talentos locales.
Aquí se pueden disfrutar de pinturas, esculturas, cerámicas y piezas que plasman la vida, cultura y colorido de Uzbekistán. Está a apenas unos pasos del Registán, y de camino a la Mezquita Bibi-Khanym, poro lo que es fácil incluir su visita o, al menos, pasar por delante y admirar el edificio.

Estatua de Islam Karimov
Justo al lado de la impresionante Plaza Registán se alza la estatua dedicada a Islam Karimov, el primer presidente de Uzbekistán tras su independencia en 1991 y una de las figuras más influyentes en la historia moderna del país.

Este monumento es un homenaje visible a Karimov, nacido en Samarcanda, y se ha convertido en un lugar popular para pasear, descansar o incluso hacerte fotos (muchas parejas la eligen para sus sesiones de boda) rodeado del cuidado parque que la rodea.
Qué ver cerca de Samarcanda
Teníamos días de sobra en Samarcanda, así que decidimos usar uno de ellos para visitar un par de sitios.
Shahrisabz
En el sur de Uzbekistán, a la sombra de las montañas y a unas dos horas en coche de Samarcanda, se encuentra Shahrisabz, una ciudad que respira historia en cada rincón. Su nombre significa “ciudad verde”, y no es casualidad: entre jardines, avenidas amplias y monumentos imponentes, este destino es una parada imprescindible para quienes quieren profundizar en el legado de la Ruta de la Seda.
Pero si hay algo que realmente cautiva es su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pasear por él es como viajar al siglo XIV, cuando Shahrisabz fue la ciudad natal del gran conquistador Tamerlán (Amir Timur) y uno de los centros más importantes de Asia Central.
Llegamos hasta allí gracias a un taxista que contratamos a través de nuestro alojamiento. Nos dejó al lado de una de las puertas de la muralla. Tras atravesarla, nos dirigimos directamente hasta el majestuoso Ak-Saray (Palacio Blanco), que es el gran símbolo de la ciudad. Aunque hoy solo quedan en pie sus colosales portales, basta con verlos para imaginar la grandeza que tuvo esta residencia real. Sus torres, que alcanzan más de 30 metros, están decoradas con intrincados mosaicos azules y dorados que brillan bajo el sol.
Dicen que Tamerlán quiso construir aquí el palacio más impresionante del mundo, y aunque el tiempo ha borrado gran parte del complejo, lo que queda sigue siendo absolutamente sobrecogedor. Pagamos 40000 soms cada uno por entrar y poder contemplarlo de cerca, pero para el que sólo quiera hacer fotos, se puede ver desde los jardines cercanos, sin necesidad de pagar.




Continuamos la visita y lo siguiente que vimos fue la estatua dedicada a Amir Temur.

La madrassa Chubin fue nuestro siguiente destino. Mucho más sencilla que alguna de sus vecinas, destaca por su ambiente tranquilo y su carácter local, ya que sigue siendo un espacio de oración para los vecinos.


Más que por su arquitectura, su interés está en mostrar la vida cotidiana y la autenticidad de la ciudad.
Muy cerca está la mezquita Molik Ashtar, que es otro ejemplo de mezquita local dentro del casco histórico, alejada de la monumentalidad de grandes complejos como la Kok Gumbaz Mosque. De dimensiones modestas y estilo sencillo, ha sido utilizada tradicionalmente por los habitantes del barrio como lugar de oración. Su valor reside sobre todo en su autenticidad y en reflejar la vida cotidiana religiosa de la ciudad, más que en su arquitectura.


La madrasa Abdushukur Og‘olik es otro pequeño centro educativo islámico dentro del casco histórico, mucho más discreto que los grandes complejos monumentales de la ciudad. De arquitectura sencilla, estaba destinada a la enseñanza religiosa local, formando a estudiantes en estudios islámicos. A nosotros nos encantaron tus techos y columnas de madera.


Justo enfrente, está el “Koba” Maqom Markazi, un espacio cultural dedicado a la música tradicional uzbeka, especialmente al maqom, un género clásico de gran importancia en Asia Central. Sólo lo vimos por fuera.

El Chorsu Majmuasi de Shahrisabz es un antiguo complejo de mercado tradicionalmente vinculado al comercio y la vida urbana. De estructura sencilla, funcionaba como punto de encuentro para comerciantes y habitantes, siguiendo la tradición de los bazares de la Ruta de la Seda. Su interés principal está en reflejar la actividad económica y social de la ciudad, más allá de los grandes monumentos históricos. Por desgracia, estaba en rehabilitación durante nuestra visita.


Relativamente cerca de Ak-Saray se encuentra el complejo Dorut Saodat, que fue concebido como un mausoleo familiar. Aquí se puede visitar la tumba de Jahangir, el hijo favorito de Tamerlán. El ambiente es solemne y tranquilo, con una arquitectura que mezcla elegancia y espiritualidad. Es un lugar perfecto para detenerse y reflexionar sobre la historia y el legado de una de las figuras más influyentes de Asia Central.
También encontramos la mezquita Jome, que es el corazón espiritual del casco histórico. Más que un simple edificio, es un lugar donde la comunidad se reúne a diario para rezar y compartir momentos importantes. Con su arquitectura sencilla pero elegante y un amplio interior, transmite tranquilidad y cercanía. Visitarla permite sentir cómo vive la ciudad hoy, mientras se conecta con siglos de tradición y devoción.

Otro de los imprescindibles del centro histórico es el conjunto Dorut Tilovat, un complejo religioso que incluye mezquitas, madrasas y mausoleos. Este espacio estaba dedicado al estudio y la enseñanza del islam, y fue uno de los centros intelectuales más importantes de la región. Aquí se encuentra la tumba de Shamsiddin Kulal, maestro espiritual de Tamerlán, lo que añade aún más significado histórico y religioso al lugar.
Una de las partes del conjunto Dorut-Tillyavat estaba ocupada por la madrasa. Fue aquí, adonde en los años 1373-1374 Amir Temur trajo los restos mortales de su padre Taragay. De esta manera la madrasa se convirtió en el mausoleo. La construcción del conjunto terminó durante el reinado del nieto de Timur, el famoso científico-astrónomo Mirzo Ulugbek. En 1435 aquí se construyó la mezquita Kok Gumbaz (“cúpula azul”) en el sitio donde antes había otro edificio más antiguo. Kok Gumbaz era la mezquita de viernes, aquí se realizaba el culto religioso.






Esta mezquita se ha convertido en todo un símbolo para la ciudad. Su gran cúpula, los muros de ladrillo decorados y el patio interior hacen que sea un punto imprescindible para entender la historia y el legado espiritual de Shahrisabz.



Y con esta mezquita, dimos por concluidas las visitas en Shahrisabz.
- Horario: La mayoría de los sitios históricos de Shahrisabz, como el Kok Gumbaz Mosque, complejos como Dorut Tilovat o áreas abiertas alrededor de Ak‑Saray, suelen estar abiertos al público aproximadamente de 08:00 a 18:00 horas (o 19:00 según la época del año).
- Precio para extranjeros (precio mucho más reducido para los nacionales uzbekos):
- Maqom Museo y Madrassa Chubin (precio por cada una) 30.000 soms adultos y 20.000 los menores de 18 años.
- Ak-Saray, Dorut Tilovat y Dorut Siyodat (precio por cada una): 40.000 soms los adultos y 30.000 los menores de 18 años.
Konigil
Volviendo a Samarcada desde Shahrisabz, decidimos parar en Konigil. A apenas 13 km de la ciudad, encontramos este pueblo turístico que parece detenido en el tiempo, donde las tradiciones artesanales y la vida rural uzbeka se manifiestan con todo su esplendor. Aquí se puede caminar por callejuelas bordeadas de casas tradicionales de barro, cruzar pequeños patios y observar talleres donde artesanos elaboran productos ancestrales. Este pueblo fue revitalizado para mostrar la historia, la cultura y las habilidades artesanales que caracterizan a esta región de Asia Central.
Uno de los mayores atractivos es la fábrica de papel Meros, donde se preserva la tradición milenaria de fabricar papel de morera a mano, una técnica traída por la Ruta de la Seda que data de hace más de un milenio. Visitar este taller es como retroceder en el tiempo: podrás ver cómo se limpia, remoja y machaca la corteza de morera, cómo se filtra y se transforma en hojas únicas, y cómo se convierte en productos artesanales, desde cuadernos y tarjetas hasta máscaras y vestidos.
También es posible participar en talleres de elaboración de papel o de alfarería.

Esto es lo que en principio esperábamos encontrar. Lo que en realidad encontramos es un “pueblo” prácticamente vacío y con la mayoría de los puestos y talleres cerrados. Por suerte, entramos en uno donde un alfarero estaba trabajando y compramos unos recuerdos. No sabemos si se debía a que todavía era temporada baja o a que ya habían cerrado casi todos los sitios porque se acercaba la hora del cierre. Para nosotros, aunque en cierto modo ya lo esperábamos (era una visita de relleno), fue decepcionante.

- Horario: Abierto de 08:00 a 18:00 horas.
- Precio:
- Entramos gratis (no vimos ninguna taquilla) aunque a la salida, nos dijeron que el precio era de 40.000 soms.
- Existen tarifas para las diferentes actividades (demostración de fabricación de papel, clases prácticas…)
Dónde dormir en Samarcanda
Si una cosa teníamos clara es que al menos en Samarcanda, queríamos estar en el centro del “meollo” que, para nosotras, era la Plaza del Registán. Así pues, elegimos el Hotel Diplomat Premium, apenas a dos minutos andando de la plaza. Nuestra idea era madrugar los días que estuviésemos allí para hacer fotos de la plaza vacía.
Decisión acertada. Habitación amplias y cómodas, baño grande con todo lo necesario y desayuno incluido. Personal amable que nos ayudó en varias ocasiones.


Dónde comer
Como estuvimos tres días en total, pudimos probar la gastronomía uzbeka en distintos establecimientos.
LABIG`OR
Local bastante grande con una carta muy amplia. Fuimos a desayunar el primer día. Comida buena, servicio lento y precios caros para un desayuno. En la carta, los precios de la comida “normal” eran asequibles.
- Dirección: Registan St., 7, Samarcanda.
G’IJDUVON SOMSA
Pequeño restaurante familiar, muy cerca del Registán. Comida casera y barata.




- Dirección: Registán St, Samarcanda.
RESTAURANTE CERCA PLAZA REGISTÁN
Para la primera cena elegimos un local a un minuto de la Plaza del Registán, porque nuestra intención era comer algo rápido e ir a ver el espectáculo de luces. No recuerdo el nombre.

En este caso, el servicio fue muy lento, la comida no demasiado buena y faltaban muchos platos del menú.
OSHQAND
No comimos aquí porque después de llegar en taxi nos dijeron que hasta la hora de la cena no se servían comidas debido al Ramadán. Nos lo habían recomendado por su buena calidad y por servir típica comida uzbeka.
- Dirección: M287+C3P, Samarkand, Samarqand Region, Uzbekistán
ZARQAND RESTAURANT
De nuevo, comimos muy cerca del Registán. Probamos por primera vez el Plov, el plato típico nacional. Precios asequibles. Buena comida.


- Dirección: 140100, Samarcanda.
SHASHLIKUZ (Old Havuz by Shashlik)
Sin ninguna duda, uno de los grandes descubrimientos del viaje. Nos lo recomendó Moji, nuestra guía del free tour de Civitatis. Local precioso, servicio perfecto y comida exquisita.






- Dirección: Calle Koshkhovuz, Samarcanda. Hay varios restaurantes más de esta cadena en la ciudad. Este está a unos minutos andando de la plaza del Registán.
Conclusión de nuestra visita a Samarcanda
Samarcanda es de esos lugares que superan cualquier expectativa. No importa cuántas fotos hayas visto antes: cuando estás allí, frente a sus cúpulas azules y sus monumentos majestuosos, todo cobra una dimensión completamente distinta. Es una ciudad que impresiona, pero también que invita a detenerse, a observar los detalles y a imaginar las historias que han pasado por sus calles durante siglos.
Quizá lo más especial de Samarcanda sea ese equilibrio entre grandeza y cercanía. Entre su pasado legendario y la vida cotidiana que sigue latiendo en sus mercados y en sus rincones menos conocidos. Te vas con la sensación de haber descubierto algo único, casi secreto, como si formaras parte de una historia mucho más grande.
Al final, lo que te llevas de Samarcanda no son solo fotos espectaculares, sino una sensación difícil de explicar: la de haber estado en un lugar donde la historia sigue viva. Y quizá esa sea su mayor magia. Un destino que no solo se visita, sino que se siente.
Fue nuestra puerta de entrada a Uzbekistán y, desde luego, no nos defraudó en absoluto. Quedamos enamorados de sus majestuosos edificios, del colorido de sus azulejos, de sus espectaculares cúpulas y de su gastronomía.
Lo que nos gustó menos es que no hay un casco antiguo como tal, sino que los principales puntos de interés están algo dispersos por la ciudad. Es cierto que la mayoría no están muy lejos entre sí, pero después de haber estado en Bujará y Khiva, ciudades amuralladas con un casco histórico más compacto, echamos en falta esa sensación de estar continuamente dentro de un entorno histórico.


