En este artículo te contamos qué ver en Kamakura en un día, una escapada perfecta desde Yokohama o Tokio para descubrir templos zen, santuarios y el famoso Gran Buda.
El primer día de nuestra estancia en Japón, decidimos ir hasta la cercana Kamakura. Nos alojábamos en Yokohama, así que era una escapada a poca distancia en tren.
Desde nuestro alojamiento, cogimos el metro hasta la estación de Yokohama y desde allí, en un trayecto directo que no duró ni media hora, llegamos hasta la estación de Kamakura (YOKOSUKA LINE- Zushi, 356 JPY).
Breve historia de Kamakura
Kamakura tiene una historia fascinante que la convierte en mucho más que un destino turístico: fue el corazón del poder militar de Japón durante siglos.
Todo comenzó en 1185, cuando Minamoto no Yoritomo derrotó a sus rivales y estableció el primer shogunato Kamakura. Esto marcó el inicio del gobierno samurái, trasladando el poder político desde Kioto hasta esta pequeña ciudad costera. Kamakura se convirtió en un centro de poder, cultura y religión, con templos y santuarios construidos para legitimar y proteger el sogunato.
Durante los siglos XIII y XIV, Kamakura fue testigo de amenazas externas, como los intentos de invasión de los mongoles en 1274 y 1281, y también de tensiones internas entre clanes samuráis. Su influencia política disminuyó gradualmente cuando el poder se trasladó a Muromachi, pero la ciudad mantuvo su importancia religiosa y cultural.
Hoy, Kamakura es un lugar donde la historia y la naturaleza se mezclan: templos, santuarios, senderos entre bosques y playas, todo recuerda que aquí floreció la era de los samuráis y su legado espiritual.
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Qué ver en Kamakura en un día: ruta a pie por templos y santuarios
Obviamente en un día no da tiempo a ver todos los templos ni lugares interesantes de Kamakura, pero fuimos a los que nos parecieron más interesantes. Como queríamos aprovechar el tiempo madrugamos bastante, tanto, que llegamos al primer templo y ni siquiera había abierto.
Nuestra primera visita fue al templo Engaku-ji, uno de los más emblemáticos de Kamakura. Está a unos minutos andando desde la parada del tren, así que llegar es bastante sencillo. Mientras esperábamos a que abriera, fuimos a ver si estaban abiertos otros templos menores cercanos, pero todos estaban cerrados o siendo turistas no podíamos visitarlos. Así pues, regresamos hasta las escaleras que daban acceso a Engaku- ji, mientras veíamos a los niños como iban llegando en tren y se dirigían a sus escuelas. Era la primera vez que veíamos los árboles con los tonos que caracterizan el momiji (enrojecimiento de las hojas) en Japón.
El acceso principal está marcado por el imponente Sanmon, una gran puerta de madera que parece proteger el silencio interior. Subir sus escalones es casi un acto simbólico: dejamos atrás el mundo exterior y entramos en un espacio pensado para la introspección. Desde lo alto, la vista del complejo y del bosque que lo rodea es serena, casi meditativa.

Este templo fue fundado en 1282 por el monje chino Mugaku Sogen a petición del shogun Hōjō Tokimune, después de la invasión mongola, como templo para honrar a los caídos y fortalecer el zen en Japón. Desde el primer vistazo, se siente la solemnidad: grandes puertas de madera, linternas de piedra y un silencio respetuoso que invita a respirar profundo.


No es un templo cualquiera: es el segundo de los cinco grandes templos zen de Kamakura, y uno de los más importantes del budismo Zen en Japón.

Dentro del recinto, los edificios se distribuyen siguiendo la ladera de la montaña. Caminamos entre senderos de grava, pequeños puentes y jardines cuidados con precisión.

El Butsuden (salón del Buda) y el Hatto (salón del Dharma) conservan una arquitectura sobria, sin excesos decorativos, fiel al espíritu zen. Nada distrae: todo invita a observar, respirar y estar presente.



Uno de los elementos más especiales de Engaku-ji es la Shariden, que guarda una reliquia del Buda (normalmente no abierta al público), y la gran campana Ogane, designada Tesoro Nacional de Japón. Su sonido profundo resuena en fechas especiales.


Engaku-ji cambia con las estaciones. En primavera, los cerezos suavizan la solemnidad con sus flores rosadas; en otoño, el templo se convierte en uno de los mejores lugares de Kamakura para ver momiji, cuando las hojas rojas y doradas cubren los caminos.






Más que un sitio para “ver”, Engaku-ji es un lugar para sentir y comprender. Aquí se entiende por qué Kamakura fue el alma espiritual de los samuráis: disciplina, silencio, fuerza interior. Salimos caminando despacio, casi sin hablar, con la sensación de haber pasado por un lugar que no se impone, pero deja huella.

Fuimos de los primeros al entrar al templo, así que pudimos hacer la visita bastante tranquilos. Cuando salimos, empezaba a estar bastante saturado de gente, un anticipo de lo que iba a ser la tónica habitual del viaje.
- Dirección: 409 Yamanouchi, Kamakura, Kanagawa 247-0062, Japón
- Precio: 500 JPY.
- Horario: Abierto todos los días de 08:30 a 16:00 horas.
A continuación, caminamos unos veinte minutos hasta llegar hasta Kencho-ji. Es el templo zen más antiguo de Japón y el primero de los Cinco Grandes Templos Zen de Kamakura, y esa importancia se percibe desde el primer paso. Aquí todo es amplio, ordenado, solemne.

Fundado en 1253 por orden del regente Hōjō Tokiyori, Kencho-ji nació como un centro oficial para la enseñanza del Zen Rinzai, en una época en la que los samuráis buscaban una filosofía que encajara con su forma de vivir: disciplina, claridad mental y aceptación de la impermanencia. Para dirigirlo fue invitado el monje chino Lanxi Daolong, cuya influencia marcaría profundamente el Zen japonés.
Entramos por la gran puerta principal, y el eje del templo se abre ante nosotros como una línea recta que atraviesa la montaña. Este diseño, poco común, refuerza la sensación de orden y propósito. Caminamos por senderos de grava blanca, flanqueados por edificios de madera oscura que se elevan con una elegancia austera.
El Sanmon es majestuoso, y tras él aparece el Butsuden, donde se venera a Jizō Bosatsu, protector de las almas errantes.



Más adelante se encuentra el Hatto, el salón del Dharma, uno de los más grandes de Kamakura. Al levantar la vista, el dragón pintado en el techo parece moverse con la luz, símbolo de sabiduría y protección. Todo aquí invita a detenerse y observar con atención.


Detrás del complejo principal, los caminos continúan hacia las colinas. Subimos poco a poco hasta llegar al Hansōbō, un pequeño santuario dedicado al espíritu protector del templo. Desde allí, la vista se abre: Kamakura a un lado, el mar en la distancia, los bosques rodeándolo todo. Es uno de esos momentos en los que el silencio pesa más que las palabras.




Retornamos el camino de vuelta, donde vimos una vez más el increíble sanmon.

- Dirección: 8 Yamanouchi, Kamakura, Kanagawa 247-8525, Japón
- Precio: 500 JPY.
- Horario: Abierto todos los días de 08:30 a 16:30 horas.
Continuamos las visitas en Kamakura y nuestro siguiente destino fue el santuario Tsurugaoka Hachiman-gū, a menos de un km del anterior templo. No llegamos caminando a través de la avenida principal de Kamakura, la que lo conecta con el mar. Nosotros llegamos a través del Maruyama Inari Shrine, que es el santuario más antiguo de los terrenos de Tsurugaoka Hachimagu. Fue la primera vez que vimos los famosos Toriis rojos de los templos japoneses, alineados uno tras otro, marcando la entrada al santuario.

Está dedicado a Inari, la deidad del arroz, la prosperidad y los nuevos comienzos. La leyenda cuenta que Minamoto no Yoritomo soñó con este dios antes de fundar el shogunato de Kamakura, y tras su victoria mandó construir el santuario como muestra de gratitud. Desde entonces, se considera un lugar para pedir éxito, protección y buena fortuna.

El recinto es pequeño, íntimo, casi secreto. Decenas de estatuas de zorros (kitsune), mensajeros de Inari, nos observan desde todos los ángulos. Algunos sostienen llaves o pergaminos en la boca; otros están cubiertos de musgo, como si llevaran siglos vigilando el lugar. Hay algo misterioso aquí, pero también muy acogedor.
Está rodeado de banderas rojas donadas por muchas personas que rezan por la prosperidad económica. En el Festival del Fuego, en noviembre, se dedica la danza Kamakura Kagura.

Justo al lado está el edificio principal del santuario Tsurugaoka Hachiman-gū. Entramos a su interior, donde no se pueden hacer fotos. Hay mucha gente, algunos lanzan monedas, aplauden, hacen una reverencia rápida y sigue su camino. No hay solemnidad forzada: cada uno vive el lugar a su manera.
Aquí se venera al emperador Ojin, a Himegami y a la emperatriz Jingu. Junto con Wakamiya (Shimomiya), ha sido declarado Bien Cultural Importante de Japón, y aquí se celebran diversos festivales a lo largo del año.

Tsurugaoka Hachiman-gū ha sido escenario de acontecimientos decisivos: ceremonias políticas, rituales samuráis e incluso asesinatos que cambiaron el rumbo de la historia japonesa. Cada rincón guarda una historia, desde los pequeños santuarios secundarios hasta los árboles centenarios que rodean el recinto. Aquí no solo se rezaba: aquí se tomaban decisiones que cambiaron la historia de Japón.

Los grandes escalones de piedra en el acceso principal al Santuario Tsurugaoka Hachimangu son uno de sus símbolos. Desde aquí, se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad de Kamakura. Además, en días claros y soleados, se puede ver el Océano Pacífico e Izu Oshima.

Bajando las escaleras encontramos el Salón de Baile.

Y frente a este salón, vimos nuestros primeros Komodaru (o sakadaru), unos barriles de madera que almacenaban sake y que sirven como ofrenda en los templos sintoístas, donde se exponen vacíos.


El santuario es bastante grande. La “puerta” de entrada, si se viene desde la avenida principal de Kamakura, es un gran Torii que se ve desde la lejanía. Hay estanques con lotos, puentes de piedra y senderos que invitan a caminar despacio. Al estar construido sobre una ligera elevación, es como si Tsurugaoka Hachiman-gū vigilara la ciudad desde su posición privilegiada.

- Dirección: 2 Chome-1-31 Yukinoshita, Kamakura, Kanagawa 248-8588, Japón
- Horario: Abierto todo el año desde las 06:00 hasta las 18:00.
- Precio: Gratuito.
- Información general para los visitantes: https://www.hachimangu.or.jp/access/
Nuestro siguiente destino fue Hokokuji Temple. Se podía llegar en bus, pero decidimos dar un paseo hasta allí. Llegar al Hōkoku-ji se siente como salirse del mapa turístico de Kamakura por un rato. Dejamos atrás las calles más transitadas y, poco a poco, el entorno se volvió más tranquilo. Menos gente, más verde por todos los lados, y tenemos esa sensación de que estamos a punto de descubrir algo especial.
Cruzamos la entrada del templo, donde apenas se oye ruido, tónica habitual en todos los templos de Japón.

Hōkoku-ji fue fundado en 1334 y pertenece al budismo zen Rinzai, pero lo que lo hace realmente único es lo que nos espera al fondo. Caminamos entre edificios sencillos, de madera oscura, y pequeños jardines cuidados con mucho mimo. Nada es grandioso, nada sobra. Todo está ahí para acompañar el silencio.




Hōkoku-ji también tiene un jardín seco zen, discreto pero elegante, y un pequeño cementerio con antiguas tumbas samuráis que recuerdan que Kamakura fue una ciudad de guerreros, pero también de recogimiento espiritual.






Y entonces aparece el bosque de bambú. No es enorme como el de Arashiyama en Kioto (al que no fuimos), pero quizá por eso es aún más íntimo. Altos tallos de bambú se elevan a nuestro alrededor, dejando pasar la luz en tonos verdes suaves.


En un rincón del bosque hay una pequeña casa de té, donde hay bastante gente sentada y tomando un matcha caliente con un dulce japonés. Nuestro primer bosque de bambú, pequeño pero agradable. Hay que pagar una tasa para entrar a esta zona del templo.
- Dirección: 2 Chome-7-4 Jomyoji, Kamakura, Kanagawa 248-0003, Japón
- Horario: Abierto todos los días de 09:00 a 16:00 horas.
- Precio: 400 yenes.
- Cómo llegar: Desde la parada de autobús n.º 4 de Keikyu,
- frente al cementerio de Kamakura, tome el autobús con destino a Tachiarai/ Kanazawa-Hakkei/Highland durante aproximadamente 12 minutos (baje en la parada de autobús Jomyoji y camine 3 minutos).
Después de esta agradable visita, fuimos hasta la parada de autobús y nos bajamos en la avenida principal de Kamakura, Wakamiya Ōji, un eje recto que conecta la costa con el santuario de Tsurugaoka Hachiman-gū y que marca el antiguo trazado de la ciudad samurái. Está flanqueada por casitas bajas, muchas son tiendas dedicadas al turismo o lugares para comer. Como había hambre, aprovechamos para picar algo en algunos puestos callejeros. Hacia un día estupendo, soleado, que invitaba a comer en la calle.

Después de comer, fuimos a la visita estrella de Kamakura, el Gran Buda. El Gran Buda de Kamakura (Kōtoku-in) es uno de esos lugares que ya has visto mil veces en fotos, pero que impone de verdad cuando se está delante.
Está en el templo Kōtoku-in, en el barrio de Hase, al oeste del centro de Kamakura. Se puede llegar en tren o autobús, pero lo más pintoresco es el tren, que es la forma que elegimos nosotros.
La estatua data del siglo XIII (1252) y representa a Amida Buda, la figura central del budismo de la Tierra Pura. Originalmente estaba dentro de un gran pabellón de madera, pero varios tsunamis y tifones destruyeron el edificio, y desde el siglo XV el Buda permanece al aire libre. Lejos de restarle fuerza, eso lo hace aún más especial: lluvia, sol, viento… y él sigue ahí.
El recinto es bastante sencillo. No está en lo alto de una montaña ni escondido. Apenas se camina unos metros desde la entrada y, de pronto, se ve en un espacio abierto. No es solo el tamaño; es la expresión, la calma absoluta del rostro. Permanece sentado al aire libre, tranquilo, enorme y sereno. Mide unos 13,3 metros y lleva más de 750 años allí, imperturbable. Mucha gente se sienta frente a él en silencio, otros hacen fotos, pero incluso con visitantes alrededor se mantiene una atmósfera muy respetuosa.

Un detalle curioso es que hay una pequeña entrada lateral por la que se puede entrar al interior de la estatua y ver cómo está construida por dentro (opcional, pero interesante). Yo no entré, pero si Jesús. La verdad es que no le impresionó mucho.


- Dirección:4 Chome-2-28 Hase, Kamakura, Kanagawa 248-0016, Japón
- Precio: 300 JPY más otros 50 si se quiere entrar al interior de Gran Buda.
- Cómo llegar: https://www.kotoku-in.jp/#guidance
- Horario:

Ya solo nos quedaba un templo por visitar, a unos diez minutos andando del Gran Buda, el templo de Hase-Dera. Bastante grande y con mucha gente a esta hora, empezamos a ascender por las escaleras que nos conducirán hasta el templo.

A ambos lados aparecen pequeñas estatuas de Jizō, el bodhisattva protector de los niños y los viajeros. Algunas llevan gorritos tejidos, otras juguetes o monedas dejadas por quienes vienen a pedir consuelo o agradecer. Es imposible no bajar la voz aquí.


Algunos de los árboles ya tienen los colores típicos del monjii.


Seguimos ascendiendo y el templo se va abriendo en terrazas. Desde arriba, la vista es preciosa: el verde de Kamakura se extiende hasta encontrarse con el azul del océano Pacífico. Es uno de esos momentos en los que el paisaje te obliga a detenerte, cámara en mano, pero también a simplemente mirar.



- Dirección:3 Chome-11-2 Hase, Kamakura, Kanagawa 248-0016, Japón
- Precio: 400 JPY.
- Horario:
- Abierto todos los días de 08:00 a 16:30 horas.
- De abril a junio de 08:00 a 17:00.
- Cómo llegar en transporte público:
- Tome la línea JR Yokosuka hasta la estación de Kamakura. Luego tome el autobús hasta la estación de Hase Kannon y camine 5 minutos. O bien luego tome el autobús hasta la estación de Hase Kannon y camine 5 minutos.
- Bajarse en la estación Fujisawa de la línea Odakyu. Caminar 5 minutos desde la estación Hase del ferrocarril eléctrico Enoshima
Tras esta visita, retornamos hasta la parada de tren y volvimos Kamakura, donde enlazamos con el tren a Yokohama.



