San Juan de Gaztelugatxe

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San Juan de Gaztelugatxe no es solo un lugar, es una experiencia que roza lo místico. Situado en la costa vasca del norte de España, entre las localidades de Bakio y Bermeo, este islote coronado por una pequeña ermita parece emerger del mar como una joya secreta que ha resistido siglos de viento, olas e historia.

Conectado a tierra firme por un estrecho puente de piedra y una escalinata de más de 240 peldaños que serpentea por la roca, Gaztelugatxe combina naturaleza, espiritualidad y leyenda de una manera única.

Ubicado en la provincia de Vizcaya, en el País Vasco, este precioso enclave pertenece al municipio de Bermeo y forma parte de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, una de las zonas naturales más espectaculares de la costa cantábrica.

El acceso se realiza principalmente desde los municipios de Bakio o Bermeo, ya sea en coche o en transporte público. Durante la temporada alta o los findes de semana hay que reservar entrada.

  • A PIE DEDE BEMEO: La ruta a pie entre Bermeo y San Juan de Gaztelugatxe es larga y peligrosa. Un recorrido de más de 2 horas de duración, en el que debemos caminar entre el monte Burgoa y la carretera. En temporada alta, esta carretera duplica su tráfico, razón, por la que no recomendamos realizar esta ruta.
  • A PIE DESDE BAKIO: La ruta a pie entre Bakio y San Juan de Gaztelugatxe es más segura, bonita y amena que desde Bermeo. En este caso, la ruta transcurre por una carretera vecinal (con poco tráfico) que recorre los acantilados hasta llegar al restaurante Eneperi.
  • EN COCHE: La mejor opción para llegar a San Juan de Gaztelugatxe en coche es a través de la localidad de Bakio. Un núcleo urbano que se encuentra estratégicamente ubicado a menos de 15 minutos en coche. Si vuestro destino de origen es Bilbao, la mejor opción es poner rumbo a Mungia y desde allí a Bakio.
  • EN AUTOBÚS: Existen varias opciones para llegar a Gaztelugatxe en autobús. Para ver horarios y frecuencias, consultad aquí.

Hay varias rutas de senderismo que conducen al islote. Una de las más populares es la comienza desde el aparcamiento de Urizarreta.

El tramo final incluye la famosa escalinata con más de 240 peldaños, que requiere un mínimo de condición física. Nosotros pensábamos que iba a ser más dura, pero la verdad es que fue bastante fácil este tramo, y eso que íbamos con un perro.

Tanto la ida como la vuelta la hicimos por el tramo de escaleras/sendero que parte de la zona de control y aunque pensábamos que la vuelta nos iba a costar, en menos de un cuarto de hora habíamos terminado la subida. El camino que es solo sendero hasta llegar a los peldaños de ascenso a la ermita, es bastante más largo, y nos estábamos seguros de que el perro no acabara agotado (hay que decir que aguantó todo el camino muy bien. Parábamos cada poco a ofrecerle agua y comida).

Existen 3 aparcamientos en San Juan de Gaztelugatxe.

  • El primero está junto a la carretera de acceso (BI-3101). Es un pequeño aparcamiento de unas 25 plazas que se encuentra ubicado a unos 200 metros del control de aforo de Urizarreta.
  • Para llegar al segundo, hay que seguir la carretera, dirección al restaurante Eneperi. Es el más grande y el más cercano a San Juan de Gaztelugatxe. Este aparcamiento es privado y debemos pagar para poder aparcar el vehículo (3´5 euros)
  • El tercer y último aparcamiento se encuentra junto al área de Lurgorri, cerca del control de acceso de Ermu, a unos 15 minutos andando del control de acceso.

El número total de los aparcamientos en San Juan de Gaztelugatxe es de 250 plazas. Parecen muchas, pero durante la temporada alta hay una gran demanda así que suelen agotarse con facilidad, sobre todo en horas punta, de 10:00 a 16:00. Es recomendable madrugar si se tiene reserva a las primeras horas. 

La entrada no incluye plaza de aparcamiento. En caso de que no encontrar ninguna plaza libre, existe la posibilidad de aparcar el coche en Bakio y subir andando.

Nosotros llegamos un buen rato antes (teníamos reserva para las 10:15) y lo que hicimos después de aparcar fue ir a uno de los miradores a hacer fotos.

La entrada es gratuita, pero durante la temporada alta es necesario reservar plaza con antelación a través del sitio oficial del gobierno de Vizcaya.

  • Primavera y otoño son ideales, ya que el clima es templado y ha y menos turistas (al menos entre semana). Nosotros fuimos un lunes de principios de junio y las entradas las sacados dos meses antes para poder ir a primera hora.
  • Evita los días lluvioso, ya que el sendero puede volverse resbaladizo.
  • Calzado cómodo y antideslizante. Protector solar.
  • Agua y algo de comida ligera (una vez empezado el camino, no hay donde comprar)
  • Cámara fotográfica (lo atardeceres desde la cima son preciosos).
  • Durante la caminata no hay baños, así que aprovechad antes de comenzar a andar. Hay baños públicos a escasos metros del puesto de control.
  • No olvidarse de presentar la reserva online, ya sea en el teléfono móvil o impresa.

El camino hacia Gaztelugatxe es en sí una travesía inolvidable. El sendero se abre paso entre acantilados, bosques y vistas panorámicas al mar Cantábrico. Desde el mirador de Ermu se obtiene una vista impactante del islote, su serpenteante escalinata y el mar que lo rodea con una mezcla de serenidad y bravura.

En días de tormenta, las olas golpean con fuerza la base de la roca, mientras que, en jornadas serenadas, el mar luce un azul profundo que realza la belleza del paisaje.

Desde la cima de Gaztelugatxe se puede observar la majestuosidad del Cantábrico en estado puro. Las olas golpean las rocas con una fuerza hipnótica, sobre todo durante el invierno, cuando los temporales crean escenas que parecen sacadas de una pintura.

En lo alto del islote se encuentra la ermita de San Juan, un pequeño santuario dedicado a San Juan Bautista, cuya historia se remonta al siglo IX, aunque se cree que en el lugar existió un lugar de culto incluso antes. Aunque se convirtió en convento durante el siglo XII, la ermita tuvo también un objetivo defensivo, protegiendo el poder del señorío de Bizkaia. Entre otros hechos históricos, el rey de Castilla Alfonso XI sitió Gaztelugatxe en 1334 persiguiendo a Juan Núñez de Lara. Este último se hizo fuerte en el peñón junto a otros caballeros vizcaínos, resistiendo durante más de un mes los ataques.

La actual construcción data de los siglos XI y XII, aunque ha sido restaurada varias veces debido a incendios, ataques corsarios y al duro clima. A lo largo de los siglos, la ermita ha sido un lugar de peregrinación, donde los fieles suben los escalones como acto de fe. Según la tradición, una vez que se llega a la cima, hay que tocar tres veces la campana y pedir un deseo.

La silueta de Gaztelugatxe adquirió fama internacional cuando fue elegida como localización para Rocadragón, la ancestral fortaleza de Daenerys Targaryen en la serie Juego de Tronos. Aunque digitalmente se añadieron elementos ficticios, los fans de la serie reconocerán fácilmente la escalera y el entorno rocoso.

Desde la emisión de la seria, la popularidad del lugar ha crecido exponencialmente, atrayendo miles de turistas de todo el mundo. Pese a la afluencia, se ha conseguido mantener un equilibrio entre el turismo y la conservación.

Dada su fragilidad ecológica, Gaztelugatxe está protegido por leyes que limitan el acceso y promueven el turismo responsable. No está permitido la acampada, la escalada, hacer fuego, hacer ruido, abandonar basuras, el buceo, circular con vehículos y aparcar fuera de los lugares habilitados para ello, volar drones y, en general, toda actividad que altere la calma del lugar y que moleste o dañe a la flora y la fauna.

Las autoridades locales han hecho un esfuerzo encomiable para preservar el entorno sin cerrar las puertas a los visitantes

Gaztelugatxe es un paraíso para los amantes de la fotografía. Cada ángulo ofrece una postal diferente: el puente serpenteante, la ermita desde abajo, el atardecer desde lo alto o las aves marinas surcando el cielo.

Al igual que en otros muchos lugares, no importa cuantas fotos hayas visto del lugar, estar allí en persona es una experiencia completamente distinta y hay que inmortalizarla con la cámara.